SE FUNDA EN MONTEVIDEO EL 30 DE AGOSTO DE 1879

El Centro nace como ideal de unificación de la colonia gallega

| 18 Diciembre 2018 - 13:10 h.
Hombres y mujeres del Centro se preparan para una cena el 22 de febrero de 1923.
Hombres y mujeres del Centro se preparan para una cena el 22 de febrero de 1923.

“El ideal de unificación de la colectividad gana adeptos y la concreción del mismo no se hace esperar. Surge entonces el Centro Gallego de Montevideo, entidad rectora de la colonia gallega en nuestro país; institución prestigiosa que ha cultivado las más nobles tradiciones de la raza gallega, brindando a la sociedad un claro ejemplo de patriotismo, rectitud y organización”. (‘Los Gallegos en el Uruguay’, Carlos Zubillaga).

Nacido de la visión de futuro de un grupo de patriotas gallegos, en el último cuarto de siglo pasado, su trayectoria cultural y social, sostenida por 120 años, le ha dado prestigio internacional.

El Centro Gallego de Montevideo se funda el 30 de agosto de 1879, por iniciativa de los hermanos Benigno y Tomás Salgado y Vázquez. Su aparición tuvo lugar simultáneamente con la emergencia de entidades similares en los otros dos grandes centros órganos receptores de migrantes gallegos: La Habana y Buenos Aires.

Fue su primer presidente Antonio Varela Stolle, a quien acompañaron como miembros de la Comisión Organizadora, Benigno Salgado como vicepresidente, Genaro J. Calvo, secretario, y Francisco Vázquez Cores, José María Quintana, Jesús Martínez, José Fariña, José Mosteiro, Jesús Rey, Evaristo Novoa y Tomás Salgado.

 

Acta de instalación

“En Montevideo, á los 30 días del mes de agosto de mil ochocientos setenta y nueve, previa invitación echa en algunos de los periódicos de la Capital por los señores Don Benigno Salgado y Vázquez y Don Tomás Salgado y Vázquez se reunieron en la casa habitación del señor José María Quintiana gran número de hijos de Galicia, cuyos nombres constan en el libro correspondiente. Los iniciadores de esta reunión significaron que el objeto de la convocatoria era proponer la fundación de una sociedad que se intitulara: Centro Gallego. Los señores allí reunidos acogieron la idea con gran entusiasmo y procedieron á nombrar por aclamación después de haberse pronunciado patrióticos discursos, una Comisión Organizadora que se encargara de formar el Reglamento y otros tantos trabajos tendientes a la realización del proyecto. Los señores que han resultado elegidos son: Antonio Varela Stolle, Francisco Vázquez Cores, José María Quintiana, Jesús Martínez, José Fariña, José Mosteiro, Don Jesús Rey, Don Evaristo Novoa, Don Benigno Salgado y Don Genaro J. Calvo. Y no habiendo sido el acto para otra cosa más, el señor Varela Stolle que había presidido, le dio por terminado siendo las tres y media de la tarde”.

“(Fdo.) Antonio Varela Stolle; Genaro J. Calvo, secretario”.

Tres días después se reunió la Comisión Organizadora, designándose vicepresidente al señor Salgado y secretario al señor Calvo, redactándose además los Estatutos, para lo cual sirvió de base el Reglamento del Centro Gallego de Buenos Aires.

Al dar término al mandato de la Asamblea de fundación, la comisión que presidía Varela Stolle convocó a una Asamblea General que se efectuó en los salones de la Asociación Española 1ª de Socorros Mutuos. Allí se dio lectura al Reglamento confeccionado, expresando el Dr. Varela Stolle que en razón de haber cumplido con lo que le fuera encomendado originalmente, la comisión que presidía depositaba en la Asamblea los poderes que le habían sido conferidos. Los presentes apoyando por unanimidad una moción presentada, ratificaron su confianza en los miembros de la Comisión Organizadora, designándolos como integrantes de la Comisión Directiva interina, para la cual se nombraron once suplentes.

Durante sus primeros años de vida, el Centro Gallego extendió su actividad fuera de los límites departamentales, surgiendo entonces en el Interior de la República, las delegaciones.

De acuerdo con el Reglamento del Centro, la Junta Directiva se encontraba facultada para designar delegados en las ciudades y centros poblados de la Campaña, los cuales podían a su vez formar Comisiones Delegadas del Centro Gallego de Montevideo, a fin de poner en práctica, fundamentalmente, los beneficios de la Sección de Protección que se creaba por el Reglamento Social.

La actividad del Centro Gallego se vio orientada durante sus primeros años por las más destacadas figuras de la colectividad gallega. Formaron parte de sus cuadros dirigentes en las dos últimas décadas del siglo XIX, entre otros gallegos ilustres: Francisco Vázquez Cores, Juan Vicente Arcos, Manuel Riguera Montero, Genaro J. Calvo, Manuel Senra, José Fontela, José García Conde, Manuel Rodríguez Castromán, Benigno Salgado y Vázquez.

El Centro prestó fundamental atención, durante sus primeros años de existencia, a dos tipos de actividades: la educacional y la de protección.

La primera se manifestó a través de las clases que se dictaban en la Institución y de las veladas literario-musicales que fueron el antecedente mediato de la trayectoria cultural iniciada por la Entidad durante el presente siglo. En el correr del año 1881 asistieron a las Clases Elementales, 50 alumnos; a las de Teneduría de Libros, 22; a las de Dibujo, 20; y a las de Francés, 25.

Pero el deseo de difusión cultural que animaba a los dirigentes del Centro, llevó a la creación de nuevos cursos, según reza un aviso inserto en ‘La Unión Gallega’ del día 28 de mayo de 1882 (Año I, Núm 41): “Clases de Música y de Ciencias Naturales”.

Las veladas literario-musicales surgen en forma permanente en enero de 1882 por resolución de la Junta Directiva. (“a lo menos una vez cada dos meses, se verifiquen en los salones del Centro veladas literarias o literario-musicales. Se abrirá así mismo una serie de conferencias sobre ciencias, artes, industria, comercio, etc., en las que se admitirá la controversia y libre discusión”).

Durante sus primeros años desarrolló una intensa labor de protección de los inmigrantes a través de la Oficina Central de Protección. La misma estaba encargada de recibir y difundir las demandas de socorros y auxilios, así como de centralizar la oferta de mano de obra. En sus primeras décadas de vida el Centro Gallego prestó preferente atención a la labor educacional, manteniendo clases elementales, de teneduría de libros, ciencias naturales, música, dibujo e idiomas.

Hacia fines del siglo XIX el Centro Gallego amplió sus actividades, llegando al interior del país a través de delegados nombrados en diversas ciudades y centros poblados de la campaña. Estos podían a su vez formar Comisiones Delegadas, a fin de poner en práctica, fundamentalmente, los beneficios de la Sección de Protección. Fue así como se instalaron delegaciones en Nueva Palmira, Melo, Artigas, Durazno, San José, Rocha, Florida, etc.

 

Oficina Central de protección

“Esta oficina recibe y hace conocer todas las demandas de socorros, auxilios, trabajo y trabajadores. Facilita a todos los Gallegos, en primer término á los socios, cuantos datos y conocimientos le son posibles, tanto referentes á la Capital como á la Campaña. Gestiona activamente todos aquellos asuntos que lo merezcan. Facilita recomendaciones, siempre que puede, para toda clase de personas y corporaciones: pone a disposición de los socios cuantos datos económicos, jeográficos y estadísticos puedan darse, para cuyo efecto hace uso de la Biblioteca y archivo del “Centro”.

En resumen: Pone todo su empeño en servir con el mayor celo, atención y rapidez posibles los intereses de los asociados. Tienen un derecho preferente á estos servicios los señores Delegados, Corresponsales y socios Honorarios en general.

    La Junta de Protección

    (aviso permanente publicado en ‘La Unión Gallega’).

 

Controversia ideológica

Si bien las afiliaciones resultaron desde un principio magras, en relación con la masa de inmigrantes gallegos en el país (se estima que en 1878 éstos eran más de 12.300), la cobertura nacional de las actividades de la entidad le confirieron una significación peculiar.

Ya en 1881 comenzaron a instalarse Comisiones Delegadas del Centro en ciudades y centros poblados del interior del país, con la finalidad fundamental de extender a todos los coterráneos los beneficios de la Sección de Protección.

Aunque restringida a los asociados del área metropolitana, la otra oferta relevante del Centro en sus primeros años estuvo constituida por la actividad educativa.

La conducción del Centro recayó prontamente en un núcleo reducido de inmigrantes, integrado en general por comerciantes o industriales exitosos y por la intelectualidad de la colonia (médicos, abogados, periodistas, docentes). Los conflictos no tardaron en presentarse: el principal estribó en la escasa atención que frecuentemente prestaban a la marcha institucional los atareados y prósperos inmigrantes. Pero también los problemas suscitados estuvieron referidos a la confusión de intereses en que incurrieron algunos directivos de la entidad. Tampoco resultaron ajenos a esta conflictividad propia de círculos pequeños conformados por cooptación, los altibajos de las controversias ideológicas y de las fidelidades políticas.

La configuración de una elite directriz en el Centro Gallego adquirió rasgos inocultables: entre 1880 y 1918 hubo dieciséis presidentes: Francisco Vázquez Cores y Mario Rodríguez lo fueron en cinco períodos cada uno; Andrés Calvo y José García Conde, en cuatro; Ramón Rodríguez Alonso, José M. Lamelas y Felix Martínez Castro, en dos. De manera notoria, el Centro Gallego reclutó sus asociados entre sectores medios y acomodados de la colectividad, y al transcurrir unas décadas de su fundación vio bloqueadas sus posibilidades de crecimiento, reafirmando el perfil elitista en su núcleo orientado.

La débil representatividad del centro, en referencia al volumen de inmigrantes gallegos en Uruguay, constituyó una constante de la vida institucional. El caudal de socios estuvo lejos del millar, todo a lo largo de sus primeros cuarenta años de existencia.

Cálculos aproximados fijan la presencia de gallegos en Uruguay en 12.391 durante 1878, 25.350 en 1908, y 30.000 en 1917 (de ‘A prensa galega de inmigración en Uruguai’, Carlos Zubillaga- 1996), lo que permite aventurar la hipótesis de que en el más benévolo de los supuestos, los afiliados al Centro Gallego, representaron entre 0,6 y 1,9 del total de inmigrantes gallegos residentes en el país.

En 1885, el número de asociados era de 243 personas, una cifra que casi se duplicó en 1887 con un total de 472 socios. Después de un acusado descenso en 1892, con 219 socios, el Centro Gallego de Montevideo llegó a reunir a 760 asociados en 1894. Una cantidad que ya nunca alcanzaría en aquella época, ya que en los años sucesivos los gallegos miembros de la institución descendieron de 150 personas en 1900 a 114 en 1902, 100 en 1903 y 90 en 1905. A partir de 1906 el censo de asociados empieza a recuperarse con 106 en 1906, 265 en 1911 y 182 en 1918. (Fuente: Controversia Ideológica y crisis de representatividad-Carlos Zubillaga).

Toda esta situación dio lugar al surgimiento de nuevas asociaciones de inmigrantes, provocándose una desgregación institucional. Empieza a funcionar en la primera década del siglo XX la comisión montevideana de la Unión Hispanoamericana ‘Valle Miñor’, fundada en Buenos Aires en 1905, se crean El Orfeón Español, en 1906, para desarrollar actividades artísticas, y la Sociedad Recreativa Juventud Ibérica, en 1915. Asimismo promediando la década del 10 se fundaron el Círculo Lucense, el Centro Coruñés y el Centro Recreativo Pontevedrés, en inequívoco cuestionamiento a la capacidad integradora del Centro Gallego. De todos modos, como indica el autor, ni llegaron a disputar al Centro Gallego el prestigio residual que derivaba de su antigua implantación, ni ampliaron de manera sensible la cobertura institucional en el seno de la masa inmigrante.

Más allá de lo expuesto, cabe anotar que, según indica Zubillaga, en ‘Los gallegos en el Uruguay’: “El siglo XX encuentra al Centro Gallego en una etapa de constante superación. La entidad se transforma en tribuna del pensamiento hispanoamericano, en cátedra de galleguismo, recibiendo a las más destacadas personalidades de la intelectualidad española y americana. Desfilan por su prestigiosa tribuna Juan Zorrilla de San Martín, Juana de Ibarbourou, Gustavo Gallinal, Alfredo Palacios, Justino Jiménez de Aréchaga, María y Ramiro de Maeztu, Enrique Rodríguez Fabregat, Eduardo Blanco Amor, Ramón Otero Pedrayo, Carlos Rama, Daniel Vidart, Angel Aller, y tantos otros que dejan su mensaje de profundo amor a Galicia, a la tierra que acunó al grupo de esforzados idealistas, creadores de una institución que fuera receptáculo de sus sentimientos patrióticos y exponente de la cultura imperecedera de su raza.

Hacia 1917 una serie de incidentes entre miembros de la institución, llevados adelante especialmente por José María Barreiro, quien puso especial énfasis en la ampliación de la participación de los gallegos en el Centro. El cuestionamiento llevado adelante en cuanto a las formas de participación de los asociados y conducción de los dirigentes llevó a una pública confrontación que culminó con la separación de Barreiro y sus seguidores del Centro Gallego y la creación, a impulso de éste, de la Casa de Galicia.

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