ALGUNOS PROFESIONALES ECHAN DE MENOS EL CONTACTO SOCIAL

Los beneficiarios de las becas BEME se incorporan a la ‘nueva normalidad’ teletrabajando

| 01 Agosto 2020 - 14:20 h.

El teletrabajo se ha convertido a marchas forzadas en el modelo de empleo en aquellos sectores que requieren principalmente de la informática para su desarrollo. Que este modo de trabajar se perfilaba como una apuesta de futuro parecía innegable en esta clase de ocupaciones, pero el coronavirus aceleró el proceso y muchos empleados que hasta el desarrollo de la pandemia tenían como obligación desplazarse a un lugar de trabajo común para desempeñar su función han comenzado a teletrabajar sin que ello suponga problema alguno, más allá del derivado de la ausencia de socialización que el trabajo en casa lleva implícito. 

Algunos de los beneficiarios de las becas BEME que se han colocado laboralmente en España al finalizar el periodo de preparación figuran entre los que han tenido que acogerse a esta modalidad de empleo. Es el caso de Iñaki Dacasa, quien estudió Mecatrónica –una mezcla entre mecánica y electrónica– en su país natal, México, y en el curso 2017-2018 amplió sus estudios en Galicia tras apuntarse al máster de Ingeniería de la Automoción que se imparte en la Universidad de Vigo. 

Hoy en día trabaja en un proyecto puntero del Centro Tecnológico de Automoción de Galicia, de O Porriño (Pontevedra), que consiste en el desarrollo de un vehículo autónomo, es decir, que no necesita conductor, de lo que se colige que este ‘hijo de la emigración gallega’ se desarrolla profesionalmente en España al más alto nivel en el apartado de la automoción.

La vuelta a la ‘nueva normalidad’ lo mantiene teletrabajando, aunque ahora desde Barcelona, donde se ocupa en el mencionado proyecto, que le obliga a ir de manera puntual a visitar al cliente. Pero un 80% del trabajo “lo realizo desde casa”, comenta el joven, nieto de gallegos, de Seixido (Pontevedra) y Vilachá (Ourense), quien no dejó de trabajar “ni un solo día” durante el tiempo que duró el confinamiento, por lo que se siente afortunado. Su proyecto “sigue adelante”, lo que no ocurre siempre y pone el ejemplo de otros compañeros que no tuvieron su suerte y vieron cómo los proyectos que estaban desarrollando se detuvieron y entraron en ERTE (Expediente de Regulación Temporal de Empleo) o en periodo de vacaciones forzosas.

A sus 26 años –lleva tres en Galicia– Iñaki se siente satisfecho del paso que ha dado para completar sus estudios en la comunidad autónoma gallega y confía en que, en el caso de que se produzca una recaída del coronavirus, no sea necesario otro confinamiento, porque “la gente está tomando conciencia” de la realidad; se “están respetando” las normas y se está “usando la mascarilla”, dice, por lo que augura que “no habrá una recaída tan fuerte”.

 

Ana Karina Pérez

Ana Karina Pérez es otra de las beneficiarias de las becas BEME que ha conseguido abrirse camino laboral en España. Natural de Venezuela, donde se licenció en Informática, estudio un máster en Tecnología de Análisis de Datos Masivos: Big Data, en Santiago de Compostela y pronto encontró empleo en una consultoría que da apoyo técnico a una empresa, actividad que tampoco cesó cuando se desencadenó el virus. “Mi trabajo es informático, por lo que puedo realizarlo desde casa”, comenta, una vez entrados en la fase de normalidad.

Ana Karina reside en Madrid, ciudad en la que el coronavirus atacó con gran virulencia durante la pandemia y donde hoy en día, la mayoría de la población cumple con las normas establecidas para evitar contagios. Pero “hay un poco de todo”, confiesa. Se da el caso de ciudadanos que, pese a las advertencias y las exigencias establecidas, prefieren hacer las cosas a su manera, mientras que otros sí se adaptan para evitar la propagación del virus. En su caso, su trabajo en la consultoría le permite cumplir con su responsabilidad laboral desde casa, donde se encuentra “muy a gusto”, asegura, aunque echa de menos seguir manteniendo la relación en la oficina, ya que para ella eso “es importante”. Además, también considera oportuno tratar de mentalizarse para cuando las condiciones cambien y sea necesario incorporarse a un lugar físico de trabajo, como hacía antes del confinamiento al que obligó la pandemia.

 

 

Dayana Paz

El caso de Dayana Paz es menos esperanzador. Nacida en Venezuela, se desplazó a Galicia para estudiar un postgrado en Dirección de Empresas y continúa a la espera de que le surja una oportunidad que le dé continuidad en el empleo.

Dayana trabajó primero para una empresa cafetera llevando la contabilidad y posteriormente fue contratada por una ETT para desempeñar tareas en una entidad bancaria. Pero el contrato duró seis meses y, aunque posteriormente le llamaron para saber de su disponibilidad, todavía no ha tenido noticias. “La experiencia fue agradable”, comenta, pese a que acceder a un puesto de trabajo por medio de una ETT no es lo más deseable.

Desde diciembre del año pasado, esta joven venezolana, que cursó estudios de Comercio Exterior en Caracas, se encuentra en situación de desempleo y su anhelo es que la situación que se generó a raíz del Covid-19 pase lo antes posible para que todo vuelva a la normalidad. Porque, de momento, “está todo superparalizado”, dice. 

Tiene 24 años y sus ansias por encontrar empleo la incitan a enviar el currículum a todos aquellos lugares en los que piensa puede tener cabida su formación académica. No tiene “ninguna preferencia”, por lo que estaría dispuesta a abandonar Lugo, donde reside, con su madre, para acceder a un puesto de trabajo en cualquier lugar de España, o del extranjero, aunque reconoce que “ahora está más difícil encontrar trabajo fuera que dentro”.

Su ilusión es que “todo se resuelva pronto” para dar rienda suelta a todo lo aprendido en Venezuela y en el curso de postgrado.

 

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