ALGUNOS ENCUENTRAN EMPLEO AL TERMINAR, OTROS AGUARDAN SU OPORTUNIDAD

Beneficiarios de las becas BEME esperan a que amaine la crisis para continuar con sus trabajos o sus estudios

| 29 de marzo de 2020, 19:07
Ana Karina cursó un máster gracias a las becas BEME y ahora trabaja como informática en Madrid.
Ana Karina cursó un máster gracias a las becas BEME y ahora trabaja como informática en Madrid.

Las becas BEME constituyen una oportunidad para los descendientes de gallegos en el exterior deseosos de ampliar su formación académica y también para aquellos que han abandonado el país en busca de nuevas oportunidades. Algunos han encontrado empleo después de ese periodo de estudios de máster o postgrado, mientras que los hay que siguen a la espera de que se le presente la oportunidad. Unos y otros se ven afectados por el cese de actividad que impone el estado de alarma en España, aunque confiesan sentirse bien y confiados en que todo se solucione cuanto antes.

 

Ana Karina Pérez

Ana Karina Pérez estudio un máster en Tecnología de Análisis de Datos Masivos: Big Data en Santiago de Compostela gracias a las becas BEME. Procedente de Venezuela, llegó a Galicia el curso pasado con una licenciatura en Informática que le permitió beneficiarse de esta iniciativa de la Xunta pensada para traer a Galicia a jóvenes talentos de la diáspora que puedan contribuir al desarrollo del país, tanto desde el punto de vista económico como poblacional. 

Hoy en día, gracias a la beca, se encuentra en Madrid trabajando como informática para una consultoría, lo que le abrió las puertas al mercado laboral y le permite ganarse la vida en la capital, donde reside, en un piso alquilado. Por eso, se muestra agradecida a la Administración gallega por la oportunidad que le dio al facilitarle ampliar su formación en aquello que le gusta y para lo que se había estado preparando en la licenciatura.

“Creo que el máster ayudó mucho a mi carrera profesional, porque gracias a los conocimientos [adquiridos] me dieron esta oportunidad”, asegura, en entrevista a ‘Crónicas de la Emigración’.

Habitualmente, Ana Karina trabaja físicamente en esa consultoría, pero las circunstancias actuales le obligan a teletrabajar desde casa, algo que le permite el trabajo con ordenadores, por lo que no se ve “muy afectada” por el confinamiento que impone hacer frente al coronavirus, confiesa.

Finalizados los estudios de máster, tuvo un par de ofertas de trabajo en Galicia, pero “no me concretaron nada”, dice. De ahí el traslado a Madrid. 

“No estaba atada a ningún sitio y se me hubiese salido trabajo en Galicia, me hubiese quedado”, aclara.

La capital es de los lugares más afectados por el virus por lo que el confinamiento debe tomarse a rajatabla. Para combatir la situación de estrés que conlleva esta situación, esta joven venezolana adopta algunas prácticas recomendadas para el caso: hacer ejercicio, tomar el aire desde la ventana… en fin, tratar de llevarlo “lo mejor que se puede”.

 

Dayana Paz

La suerte, que suele tener incidencia dispar, sonrió menos en este tiempo a Dayana Paz. Esta joven también llegada de Venezuela estudió en Lugo un postgrado en Dirección de Empresas y está a la espera de que le surja algún trabajo estable. Sí ha tenido algo de actividad laboral –el último contrato le venció el pasado mes de diciembre– pero han sido “periodos cortos”, asegura. 

Ahora, con la crisis, solo le queda esperar a que escampe para ver si consigue un empleo ajustado a los estudios de Comercio Exterior que realizó en Caracas. 

De momento, vive en Lugo con su madre, quien también dejó Venezuela y que, al igual que su hija, busca empleo en Galicia. Pero eso es algo que ahora, con la crisis sanitaria, se ha puesto “más difícil que antes”. 

Dayana reconoce que quizá Lugo tampoco sea el lugar ideal para desarrollar su profesión, donde funciona mucho el boca a boca y donde la actividad empresarial tampoco está tan extendida como en otras ciudades de Galicia. Pero ella “no tiene nada que le ate”, y, si se diera la ocasión, estaría dispuesta a cambiar de lugar de residencia. 

“Si me ofrecen una oportunidad más tentadora y que me compense, me iré”, confiesa, porque en Lugo “es muy raro ver ofertas de puestos de trabajo con representatividad”.

 

Diana Benítez

Diana Benítez es otra de las beneficiarias de las becas BEME que está sin trabajo. Reside en Oleiros (A Coruña), con su esposo, su madre y su hija, pero su problema obedece sobre todo a cuestiones legales. Tres años después de recalar en Galicia, todavía está pendiente de que le homologuen el título de Educación por la rama de Orientación para mayores que cursó en Venezuela. De ahí que no pueda buscar trabajo en este apartado y se tenga que conformar con actividades que le resultan igualmente interesantes, pero que no le permiten desarrollar su especialización.

En la Universidad de A Coruña cursó un postgrado de Gerontología, pero mientras le llega la ansiada homologación del título, se sigue preparando en otras ramas que complementan sus estudios superiores. Entre otros, un curso de atención sociosanitaria para dependientes y una Formación Profesional de Estética. Gracias a ello, el pasado 15 de marzo tenía previsto participar en La Toja de un proyecto que le ofrecía prácticas remuneradas y que posiblemente tendría continuidad en el tiempo.

Pero llegó el coronavirus y las medidas para hacerle frente, y todo quedó parado, también para ella, que se muestra satisfecha de la opción que escogió viniéndose a Galicia con su familia. 

“Estoy muy agradecida a todo el sistema. España le abrió las puertas a mi familia”, dice, emocionada.

Su esposo trabaja en un establecimiento de recursos agrícolas y en ese sentido cuentan con un sueldo fijo en casa que les ha venido muy bien, incluso para que les concedieran una vivienda protegida, también en Oleiros, en la que ya residen.

La pena es que tarde tanto la homologación del título. “Siento que me iba a abrir muchas puertas”, dice, igual que el curso pendiente de La Toja, que ha quedado frenado. 

El confinamiento en casa lo pasa, entre otras ocupaciones, ayudando a su niña, de cuatro años, a desarrollar actividades propias de su edad y a darle masajes a su madre en la camilla que tiene en casa. “Y no me aburro. Estoy bastante bien”, apostilla.

 

 

Iñaki Dacasa

Los estudios que Iñaki Dacasa realizó en México y completó en Galicia se presuponían una garantía de éxito a la hora de encontrar empleo, y así fue. Este joven, que se licenció en Macatrónica en su país y cursó en Vigo el Máster en Ingeniería de la Automoción, está trabajando en el Centro Tecnológico de Automoción de Galicia, en O Porriño (Pontevedra), “gracias al máster”, asegura. Actualmente tiene un contrato en prácticas, pero confía en que, en el futuro, igual que ocurre con otros profesionales en su misma situación, se convierta en indefinido, porque su deseo es quedarse a trabajar en este centro, creado para ofrecer soluciones tecnológicas avanzadas al sector del automóvil. 

Iñaki se muestra contento del paso que ha dado para venir a Galicia a estudiar –“Valió la pena”, comenta– porque en la empresa cuentan con él para desarrollar proyectos avanzados. No hace mucho estuvo en Barcelona trabajando para un cliente y todo parece indicar que continuará por ese camino, desarrollando las iniciativas que le encomienden desde el Centro Tecnológico.

Estos días está trabajando desde casa porque las circunstancias así lo imponen y su ocupación se lo permite, pero bien es cierto que el confinamiento y su repercusión en el mundo empresarial podría afectar al proyecto en el que está ocupado esta temporada.

A pesar de todo, Iñaki se muestra “muy contento de haber venido a Galicia a estudiar y a trabajar”. “Mi idea es quedarme por aquí” a vivir, dice. Al tiempo, confía también en que “mejore” el sueldo que hoy percibe y que le alcanza para vivir, pero que está por debajo de la media de España.

 

Arianna González

Arianna González Dopazo integra la lista de ‘hijos’ de la diáspora que disfrutan de una beca BEME de la Secretaría Xeral de Emigración. Natural de Venezuela, cursa un ciclo superior de Audiología Protésica en el Centro Público Integrado de Formación Profesional Anxel Casal Monte Alto, en A Coruña, y este trimestre le tocaba realizar prácticas. Pero la crisis del coronavirus trastocó sus planes y los de los demás estudiantes, hasta el punto de que no saben qué va a pasar con sus clases ni con sus prácticas, porque “no hay ninguna información” al respecto, asegura, tan solo se siguen algunas clases por internet.

Arianna nació en Venezuela, donde estudió Odontología, y este es el segundo año en Galicia, en A Coruña, donde reside con su hermana. Ambas van al mercado cuando las exigencias lo imponen, pero poco más, si acaso siguen algunas de las recomendaciones para hacer frente al confinamiento, pero, en su caso, considera “un poco estresante estar enclaustradas”. 

Cuando estaría a punto de concluir el curso, de darse las circunstancias normales, “todo está un poco en el aire”, lo más probable es que “se alargue o se recorten las prácticas”, lamenta.

La incertidumbre se cierne pues sobre los retornados, al igual que sobre la población en general y en todas las partes del mundo. Las últimas informaciones hablan de cifras preocupantes, por lo que la Secretaría Xeral de Emigración, en una nota enviada a la colectividad exterior y a los retornados, insta, una vez más a todos a protegerse en casa, porque “quedar en casa es salud”, les recuerda, al tiempo que remarca que “Galicia está y estará siempre con vosotros”. 

 

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