LA CUANTÍA DESTINADA PARA ESTE PROGRAMA PASÓ DE 860.000 EUROS EN 2017 A 1,3 MILLONES

Becas BEME, una iniciativa para atraer talento que benefició a 500 jóvenes la pasada legislatura

| 27 de noviembre de 2020, 13:23
El presidente y los responsables de Educación y Emigración de la Xunta, junto con beneficiaros de las BEME, en un acto celebrado en la Cidade da Cultura.
El presidente y los responsables de Educación y Emigración de la Xunta, junto con beneficiaros de las BEME, en un acto celebrado en la Cidade da Cultura.

Diversas son las razones que subyacen detrás de las políticas de la Xunta en materia migratoria. La primera podría deducirse de la deuda impagable de Galicia con los que se han visto obligados a abandonar su lugar de origen para abrirse camino en el exterior, adaptándose a otras culturas. Una segunda, y no de menor peso, alude a la necesidad de implementar iniciativas que amortigüen el descenso poblacional en una comunidad autónoma que reconoce en los bajos niveles demográficos un problema del presente y lo vislumbra como un hándicap a superar en el futuro.

Pero aún hay más. En esta ‘Galicia de oportunidades’, como se ha le dado en llamar de un tiempo a esta parte, la contribución de las nuevas generaciones de gallegos en el exterior al desarrollo económico del país es reconocida como un valor añadido al aporte esencial que se realiza desde dentro, al tiempo que se percibe como una riqueza desde el punto de vista social y cultural, teniendo en cuenta la variedad de costumbres y acervos que les han acompañado en su peregrinaje por otras tierras.

Amparándose en estas tres premisas, en la X Legislatura –2017-2020– se comenzaron a erigir los pilares para favorecer el retorno de los gallegos en el exterior mediante un plan estratégico a tres años concebido para atraer a la comunidad autónoma a unos 20.000 gallegos en la diáspora y sus descendientes.

Bajo el paraguas de la Administración, la ‘Estratexia Retorna’, con ayudas económicas para becas, para el emprendimiento empresarial y para la atención personal y familiar, auspiciaba un retorno de ‘calidad’ y con atractivo suficiente para erigirse en alternativa a la que acogerse ante la situación de crisis por la que atraviesan algunos países de Latinoamérica que han sido principales lugares de acogida de los emigrantes gallegos, entre los que destacan Argentina o Venezuela.

Se trata de una ‘estratexia’ con vocación de continuidad en la presente legislatura y también para las sucesivas, ya que, lo que se pretende, es obtener un beneficio recíproco de la emigración gallega a corto y largo plazo.

Empezando por el apartado de la formación, lo más sobresaliente de las medidas adoptadas por la Xunta para atraer a los jóvenes de la diáspora a Galicia en la legislatura pasada han sido las becas BEME (Bolsas Excelencia Mocidade Exterior), pensadas para ampliar su formación en cualquiera de las tres universidades gallegas.

La iniciativa pretende no solo captar el talento más brillante de entre los jóvenes residentes fuera, fomentando el retorno de la población activa laboral, sino también facilitarles su establecimiento definitivo en la comunidad autónoma, contribuyendo de ese modo a fijar nuevos residentes en el territorio.

Desde su puesta en funcionamiento, en el curso 2017-2018, un total de 500 alumnos se han beneficiado ya de esta propuesta, que no solo ha conseguido atraer a talentos de los lugares tradicionales y de acogida masiva de emigrantes en América del Sur, sino también de los residentes en México, Países Bajos, Reino Unido, Italia, Canadá, Rusia, Alemania o Portugal.

Pueden beneficiarse de estas becas los jóvenes gallegos de nacimiento o descendientes por consanguinidad menores de 40 años que acrediten dos años como mínimo de residencia en el extranjero y tengan un currículum brillante. Además, se exige una titulación de grado, licenciado, ingeniero o arquitecto y estar admitido en la preinscripción de alguno de los másteres de las universidades gallegas.

Las becas se conceden para la realización de uno de los 80 másteres disponibles en las áreas de artes y humanidades, ciencias, ciencias de la salud, ciencias sociales y jurídicas, así como ingeniería y arquitectura.

El importe de la beca asciende a entre 7.000 y 7.650 euros, dependiendo de si el beneficiario procede de Europa o del resto de países, cuando se trata de un curso con 60 o 72 créditos. Para los cursos de 90 créditos (año y medio), la cuantía se eleva a 10.500 o 11.475 euros, dependiendo igualmente del lugar de procedencia del beneficiario.

El primer pago se efectúa a comienzos del primer curso (octubre o noviembre), mientras que el segundo tendrá lugar en marzo o abril. Para los másteres que se prolonguen más tiempo, el tercer pago será igualmente a comienzos del segundo curso.

La beca financia gastos de preinscripción, los viajes desde el país de procedencia, el alojamiento y manutención en Galicia y la subscripción de un seguro médico.

Esta beca es incompatible con cualquier otra financiada por otra Administración, institución o ente publico para cursar estudios de máster o de formación profesional de grado superior, que concede la Consellería de Educación, Universidade e Formación Profesional también para los jóvenes del exterior.

Del total de 500 alumnos que se beneficiaron de la beca desde su puesta en marcha, 300 se corresponden con los cursos 2019-2020 y 2020-2021, a razón de 150 cada año. Los dos primeros cursos (2017-2018 y 2018-2019), el número de beneficiarios ascendió al centenar en cada uno de ellos. Además, también se incrementó la cuantía presupuestada para sufragar las ayudas, que pasó de más de 860.000 euros a 1,3 millones en cuatro años.

Las becas BEME constituyen una alternativa muy a tener en cuenta para los jóvenes del exterior que, por unas u otras razones, ven en Galicia una oportunidad para alejarse de las difíciles condiciones políticas y económicas que se respiran en sus países de residencia, sobre todo cuando se habla de Latinoamérica, donde los problemas de seguridad y la falta de recursos están frenando el desarrollo profesional de muchos jóvenes. Pero también para aquellos que, una vez finalizados sus estudios de grado, y movidos por el cariño especial que sienten por Galicia, de donde proceden, deciden aventurarse a cambiar de aires. Ni que decir tiene para aquellos que por razones personales o económicas han tenido que abandonar el país durante la última crisis económica desatada en Europa, y que ahora se suman a la iniciativa como una manera un tanto segura de retornar.

A juzgar por sus palabras, se trata de becas que están muy bien vistas entre la colectividad gallega en países como Argentina y Venezuela y que abren muchas puertas en el ámbito profesional. Algunos consideran que el hecho de beneficiarse de una BEME le permite disfrutar de la tierra de sus antepasados y sentirse en casa. Tampoco escasean entre ellos los que contemplan la posibilidad de quedarse a residir en Galicia para poner en práctica en este ambiente propicio los conocimientos adquiridos durante el periodo de formación. Pero también los hay que saben ver más allá y reparan en lo valioso que es para la comunidad autónoma embarcarse en una apuesta de estas características, teniendo en cuenta los problemas demográficos que ya acusa.

Para facilitarles la conexión y sentirse, si cabe, más arropados en Galicia, el pasado año se creó en Santiago de Compostela una asociación para integrar a los estudiantes que llegan a Galicia como beneficiarios de estas becas. Se trata de la ‘Asociación Jóvenes Emigrantes de Galicia’, cuyas cabezas visibles son Belén Rosbier y Lucía Álvarez.

Alrededor de 20 personas integran en este momento la asociación que, antes del parón obligado por la pandemia del coronavirus, venía organizando actividades diversas con los asociados.

Alentada desde la Secretaría Xeral de Emigración, la iniciativa pretende procurar un mayor grado de comunicación entre los favorecidos por este programa de la Xunta.

“No tenemos muchos vínculos familiares en Galicia y pretendemos establecer redes para las personas que quieran establecerse aquí, porque es bueno tener información antes de venir”, comenta Lucía, a lo que Belén añade: “Que nadie se sienta solo por haber llegado a otro país”.

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