ESTUDIOSO DE LA EMIGRACIÓN GALLEGA, ANALIZA PARA ‘GALICIA EN EL MUNDO’ EL VOTO EXTERIOR ANTE LAS ELECCIONES DEL 12-J

Anxo Lugilde: “El virus que obstaculiza la participación electoral en el exterior es el de la escandalosa reforma de la Loreg”

| 29 Mayo 2020 - 12:38 h.
Anxo Lugilde, periodista y politólogo, autor de varios libros sobre la emigración española y gallega.
Anxo Lugilde, periodista y politólogo, autor de varios libros sobre la emigración española y gallega.

La merma en la participación electoral de los residentes en el exterior tras la entrada en vigor de la reforma de la Loreg bien podría verse agravada en la cita electoral del próximo 12 de julio por los efectos del coronavirus. Después de Asia y Europa, el Covid-19 se desplaza ahora a América y amenaza como un elemento más para disuadir a los votantes de acudir a las urnas. Sin embargo, “el virus que obstaculiza la participación electoral en el exterior es el de la escandalosa reforma de la Loreg”, asegura Anxo Lugilde, periodista y politólogo, autor de varios libros sobre la emigración española y gallega.

Nacido en Lugo y residente en Santiago de Compostela, lleva años estudiando la emigración española, pero, sobre todo, la gallega y entre sus trabajos editoriales destaca ‘El voto emigrante: Viaje por la zona oscura de la democracia española’. Licenciado en Ciencias de la Información por la universidad del País Vasco y en Ciencias Políticas por la de Santiago de Compostela, es corresponsal de ‘La Vanguardia’ en Galicia. En esta entrevista analiza para ‘Galicia en el Mundo’ cómo se presentan los comicios del 12-J desde la perspectiva del voto exterior.

Pregunta. ¿Cómo puede influir el coronavirus en el voto del exterior en las elecciones gallegas del próximo 12 de julio?

Respuesta. Como estamos hablando de magnitudes tan pequeñas de participación, no hay mucho margen para un desplome. En 2012 hubo algo más de 12.000 votos válidos del exterior y en 2016, más de 10.000. Si caen 4.000 votos, por poner un ejemplo, sería un tercio menos en términos relativos y sería bastante insignificante. 

Pero el virus que obstaculiza la participación en el exterior es el virus de la reforma escandalosa de la Loreg. Muchísimo más escandaloso era lo que había antes, es cierto, y yo creo que muchas veces se pierde esa perspectiva, pero a mí me parece que desde hace lustros es necesaria una reforma integral. Ahora asusta un poco cuando escuchas en Galicia propuestas para flexibilizar el voto por correo interior eliminando trámites. ¿Qué se pretende?, ¿hacer ahora en Galicia lo que había en Avellaneda en 2005, en 2008 y 2009? Lo que había era escandaloso, vergonzoso y antidemocrático; era una red de captación de sufragios, como quedó reflejado en un artículo de ‘El Clarín’ en 2005, en el que se habla de las irregularidades en esas elecciones en Argentina a favor del PSOE, utilizando las armas de Fraga. A Fraga le dieron entonces de su misma medicina. En el artículo ‘Ayuda secreta de la Casa Rosada. El triunfo de los socialistas en Galicia’ se cuenta que, con la colaboración del Gobierno de Kirchner, el PSOE montó un dispositivo en Buenos Aires que equiparaban con el que se monta en Argentina en unas elecciones internas o en unas elecciones de un club de fútbol y que consistía en poner recaudadores que iban por las casas cogiendo el voto del peso. Eran prácticas como la del embuchado, que se dio en la España de la Restauración de hace 100 años, que cambiaba el contenido de los sobres y favorecía el voto de los muertos. Eso es lo que pasa cuando hay procedimientos de voto postal que no garantiza la comprobación de la identidad del elector. 

 

P. Hablamos de casos como el que encarnó la ‘agente electoral’ y por el que se llegó a crear una comisión de investigación en el Parlamento gallego. ¿Fue este el detonante para implantar el voto rogado?

R. Este caso del PSOE fue escandaloso, porque triplicó el voto en el exterior para ese partido en las elecciones de 2005. Pero aquí quien más se benefició de estas prácticas y durante más tiempo fue el PP. De hecho, Fraga, cuando estaba el PP en el Gobierno central y en Galicia, decía que las garantías eran excesivas, pero cuando pasó la patética situación del recuento de Pontevedra de 2005, las exigía. En ese momento se dio la combinación del Gobierno de Zapatero en Madrid y del Gobierno amigo de Buenos Aires que fue matador para él y exigió lo que antes no quería. Pero todo esto ya es historia. Lo que pasa es que conviene no olvidarlo cuando se habla de derogar el voto rogado, que me parece un sistema desastroso, pero mejor que lo que había antes, porque aquello en términos democráticos no se puede aceptar.

Algunos hablan de derogar el voto rogado, pero de eso no saben mucho. Marea Granate, que está haciendo una muy buena labor al denunciar situaciones de violación de los derechos electorales de los españoles en el extranjero, a veces se equivoca en los compañeros de viaje. Debería tener cuidado porque hay compañeros de viaje muy poco recomendables.

Lo del voto rogado se hizo con el objetivo descarado de desactivar la bomba que habían creado entre PP y PSOE por la vía de dificultar el voto al máximo. Es mentira cuando se dice que era para regular las elecciones en el exterior. Al final, las urnas son para lo de siempre, para depositar un voto, como si lo pones en una caja o en un casillero para que luego lo recoja el correo. Eso no es un verdadero voto en urna, si bien todo lo que se haga a través del consulado, me parece mejor; que se haga a través del correo argentino o del que sea, me parece mejor, aunque de aquella época hay sentencias del Tribunal Constitucional que decían que al tratarse de los servicios de correos extranjeros no se les podía exigir que identificaran al votante. 

 

P. ¿Qué propone para eliminar el voto rogado y ofrecer al mismo tiempo garantías?

R. Una reforma integral del sistema. El sistema actual es disparatado porque se fueron agregando las reformas como capas de sedimento, sin atajar el problema. Para mí, la reforma más disparatada fue la de la inscripción de oficio, de 1995, que supuso incluir en el censo a todo aquel que estuviese en los registros de matrícula consular. Esto no es nada frecuente en el mundo, aunque es verdad que en los últimos años es tendencia. Antes lo había en España, Italia, Perú y Bielorrusia y en los últimos años lo hubo en Egipto, en el momento que se intentó hacer un voto de verdad con la ‘Primavera Árabe’. Últimamente se sumaron Portugal y Argentina. Yo creo que es un error que lleva a la situación que se da en España, que es de los países más generosos del mundo en reconocer el derecho del voto y también de los más restrictivos para ejercerlo. Eso lo que produce es abstenciones descomunales. 

Para racionalizar, yo creo que lo primero que hay que hacer es inscribirse. Algunos países establecen renovaciones periódicas, como Suiza. Otros, como Bolivia, obligan a anotarse para cualquier elección y eso me parece excesivo. Es como lo que está ocurriendo en España con el voto rogado, lo malo es que el proceso se hace con muy poco tiempo. Cuando, hablando del voto rogado, se dice que un derecho no se ruega, yo pongo el ejemplo de Estados Unidos, donde hay que solicitar el voto, pero son plazos larguísimos, se sabe cuándo son las elecciones siempre por el sistema presidencial, mientras que aquí el problema es que se pide sin tiempo. 

 

P. Entonces, ¿qué propone?

R. Desde mi punto de vista, una buena solución sería usar la red consular al máximo; poner en práctica el voto electrónico a través de los consulados, con un plazo de 15 días. Y ahí los problemas de envío de documentación no existirían.

Otra solución es utilizar los consulados como oficinas postales. Que se tuviese que votar a través del consulado, pero que no se tuviese que rogar. Y que se tuviese que pedir cada cierto tiempo estar en el censo. Porque solicitarlo es fundamental, sobre todo para asegurarse de que hay un interés por votar aquí. Y de paso evitar también buena parte de las estructuras de fraude. Si los consulados son las oficinas postales, se llega allí y se coge la documentación y se acredita la identidad. Hacerlo a través de los consulados permite verificar la identidad del votante, cosa que por el correo no se puede hacer. El correo para los volúmenes de censo que hay en Galicia sobre todo y con todo el historial que hay de estructuras y prácticas fraudulentas, no valen.

 

P. Pero una vez se implantó el voto rogado, ¿se puede decir que el voto que llega es totalmente limpio?

R. Sí, y, de hecho, desde que está en vigor el voto rogado, los resultados cambiaron mucho en el sentido de que son muy parecidos a los del interior. Podían ser muy diferentes, pero el problema es que antes cambiaban en función de quién gobernaba. Esos vuelcos solo se entendían cuando las bolsas de fraude. Ahora, si se miran los resultados en Galicia de las generales del 10-N, con poco voto del exterior –con un 93% de abstención–, el PP sacó un 30% y el PSOE, un 29%.

Si hacemos caso a los que decían que los emigrantes votan al poder, pues tenemos una concepción de los emigrantes realmente lamentable. Como si fueran corderos que van al matadero. Los emigrantes no son menos ciudadanos que los que viven aquí. Y tienen su sentido político como cualquiera de aquí. 

 

P. Teniendo en cuenta que la pandemia se está desplazando hacia América Latina, de donde procede el mayor número de votos, ¿qué papel podrían jugar los emigrantes en las elecciones gallegas del 12-J?

R. Se podía dar la circunstancia de que el voto en el exterior tuviese un mayor peso en Galicia esta vez, porque la impresión que hay es que la participación en el territorio puede ser menor. En el impacto por edades, la única referencia que hay es la de las elecciones municipales en Francia del pasado marzo, pero las encuestas son supercontradictorias al respecto. Unas decían que se desplomó la participación de los mayores, que fue el colectivo más afectado por el coronavirus y que son los que más votan, y otras, que no tanto. Eso en Galicia tendría una importancia capital porque en las autonómicas de 2016, dentro del territorio, los mayores de 65 años suponían el 30% del censo. Los mayores son un colectivo muy importante, con una orientación muy concreta y la perspectiva de participación en Galicia no parece elevada, por cuestiones sanitarias y por el miedo. Aunque sí podría haber algún factor de mayor interés por la política, debido a la situación y a la importancia de resaltar lo público, lo que debería llevar a la gente a reflexionar y a votar más, pero con los problemas logísticos que hay no parece que vaya a ser así, sino al contario. Si no participa mucha gente, el voto exterior podría pesar más, pero yo creo que debemos esperar que baje. 

Después hay otro factor que podría influir y es el del azar electoral. Hoy en día es todo muy imprevisible y tenemos el ejemplo de las generales de noviembre, cuando se produjo el primer cambio de manos de un escaño en el Congreso de los Diputados por el efecto del voto en el exterior. Entonces, en Vizcaya, el PP le quitó un diputado al PNV. Esto es importante recalcarlo, porque se publicó en 2008 que el PP le quitaba un diputado a CIU con el voto del exterior en Barcelona, pero no es exacto, porque si al resultado del escrutinio en el territorio le quitas el voto exterior, sigue igual.

 

P. Pero el voto exterior ya había influido en un ámbito autonómico, en Asturias, concretamente.

R. Sí. Lo de Vizcaya se une al precedente de Asturias de 2012, cuando Cascos adelantó las elecciones porque su partido (Foro Asturias) estaba en minoría y perdió la posibilidad de seguir gobernando por el resultado en la circunscripción occidental. El PSOE le quitó un diputado a Foro con el voto del exterior y eso permitió que hubiese una mayoría de PSOE, IU y UPyD. Entonces ya estaba en vigor el voto rogado y la participación era muy baja. Después del desastre de 2011, no se hizo nada de campaña en el exterior, porque no contaban con que repercutiese mucho ese voto, pero las diferencias dentro de Asturias eran tan pequeñas que así ocurrió. Lo que se pensaba que podría pasar en Galicia en 2005 con un peso del 6% del voto del exterior respecto a los emitidos en el territorio, no llegó a pasar, pero pasó más tarde en Asturias con menos del 1%, porque las diferencias en la noche electoral eran muy pequeñas.

 

P. Siempre hay recelos con respecto al voto exterior, pero tras la reforma de la Loreg parece que se han suavizado las críticas. ¿Lo percibe así?

R. En contra de lo que se piensa, de que hay mucho peso en el voto exterior y que lo que va a cambiar el resultado va a venir de fuera, hay que tener en cuenta que hay un voto de más del 90 por ciento del interior. Solo las situaciones de mayor fragmentación y los momentos con baja participación son los más favorables para que el voto del exterior pueda influir. Aun así, hay que advertir que en el contexto de las elecciones gallega del 12-J, a no ser que se produzca algo extraño con el electorado mayor, que es la base del electorado del PP, es difícil que vaya a haber algún imprevisto que pueda provocar una gran sorpresa. Las direcciones de los partidos de la oposición estos días parece que están bastante resignadas. El escenario parece más favorable para Feijóo de lo que era en abril. Cuando llegó el estado de alarma se metió a la gente en casa y no tuvimos el crecimiento exponencial de afectados que hubo en otras comunidades autónomas. El pacto por la epidemia le favoreció a Feijóo, el modelo centralista aplicado por Sánchez también le favoreció, porque le exime de responsabilidad. Y esos días la televisión de Galicia comentaba continuamente lo que hacía el Gobierno central y Feijóo solo estaba para lo bueno. Además, el hecho de que se plantee una campaña con pocos actos conlleva a una campaña mediática y los medios de comunicación en Galicia muestran un escenario muy trucado. La oposición está muy desmoralizada y no parece que lo de Asturias se pueda dar en Galicia esta vez. A no ser que las encuestas francesas que hablan de la caída de la participación por la gente mayor tengan razón.

 

P. ¿Existe algún tipo de discriminación entre los gallegos del exterior respecto al voto?

R. Uno de los grandes problemas que tiene el voto exterior es la injusticia territorial, porque discrimina de los gallegos en Latinoamérica, por cuestiones de distancia y por un empeoramiento de los servicios de correos con respecto a los países más prósperos de Europa. En Australia están peor, porque están más lejos, pero son muchos menos. En Buenos Aires, que es la capital de la Galicia exterior y el centro afectivo de nuestra diáspora, hay muchos problemas para votar, más de los que tiene que afrontar cualquier gallego que resida en Londres. Y eso es un elemento que hace que el sistema no valga, porque si dificulta a todos por igual, seguiría siendo malo, pero no sería desigual ni discriminatorio. El problema es que ahora es discriminatorio para los gallegos de América.

 

P. El hecho de que el voto exterior se circunscriba a los consulados, tal y como propone, ¿contribuiría a algún tipo de discriminación?

R. Cuando explico el modelo de voto en el que creo, a través de los consulados, estoy diciendo eso. Ya sé que es injusto, porque obliga a desplazarse, aunque para otros asuntos se tienen que desplazar igual. Que uno no se quiera desplazar para ir a votar, es lamentable, pero es mucho más lamentable que lleguen a Galicia votos sin ninguna garantía democrática. Durante mucho tiempo se utilizó a los gallegos de la Patagonia como cuartada para seguir haciendo pucherazo puro y duro. Ahora hay que buscar soluciones viables democráticamente. El problema es que la red consular es la que es, pero yo solo veo garantías a través de los consulados. En el momento en el que hubiese condiciones para el voto por internet, se solucionaría, pero no parece que la tecnología haya llegado a eso. Lo vemos en España con la desconfianza que se crea por el voto telemático en las elecciones de los partidos nuevos, como Podemos y Ciudadanos. Los casos conflictivos que ha habido en ambas formaciones recuerdan bastante a los fraudes del voto en el exterior. 

 

P. En un congreso internacional sobre asociaciones de la emigración española en el exterior llegó a decir que la cuantificación del voto emigrante es engañosa. ¿A qué se refería?

R. Es engañosa porque la participación se calcula teniendo en cuenta el número de votantes sobre el censo. Pero para poder hacer comparaciones internacionales, lo que hay que hacer es coger el total de votos del Congreso o del parlamento en cuestión y ver qué parte vienen del exterior. En Galicia hubo una escalada brutal que llegó al 6% en 2005, pero eso fue bajando y ahora está por debajo del 1%. Hay muy pocos países en los que está por encima del 1% y los que llegan al 5% son escasos. Si eso responde a una situación real, es decir, cuando hay mucha diáspora y está muy integrada y tiene una participación importante en el país de origen, es lo natural. El problema es cuando esa participación es el producto de una manipulación política. En el estado español, está claro que el voto del exterior se relaciona con ello, porque está totalmente desconectado de los flujos migratorios. En los 70, cuando nació el voto del exterior, en un momento de gran peso de la diáspora en Europa, excepto en el referéndum del 76, porque le interesaba a Suárez, la participación era bajísima; era muy difícil votar. La situación actual se parece a la del 77, y se conocía como la ‘guerra de papeles’, porque chocabas contra la muralla burocrática. Luego en los 80 empieza a crecer un poco, pero es cuando impera el retorno hacia España. La gran explosión del voto en el exterior en Galicia y España se produce en el cambio de siglo, en los primeros años del XXI, que es precisamente en un momento en el que España se convierte en un país receptor de inmigrantes extranjeros y prácticamente no hay salida hacia el exterior. Y justo, cuando se aprueba el voto rogado, en 2011, es el momento en el que hay una nueva oleada de emigración española hacia el exterior. Es siempre al revés. Y no se hizo con el sentido de que no votasen, porque cuando se hizo la reforma no se pensaba que iba a haber una emigración hacia el extranjero. Lo hicieron porque tuvieron miedo PP y PSOE. 

 

P. ¿Qué le parece la proposición de ley de PSOE y Podemos para simplificar los trámites a la hora de votar desde el exterior?

R. Lo que proponen es lo que había en las municipales antes de que se suprimiese el voto del exterior en esos comicios, y ahí había fraude. Había poco voto, pero para conseguirlo se hacía de todo. 

El sistema que proponen PSOE y Podemos me produce desconfianza, pero habría que ver en detalle qué garantía ofrece. No creo que sea el mejor sistema, pero bueno. Es verdad que está en el pacto de gobierno PSOE-Podemos, pero tampoco estaban haciendo nada por sacarlo adelante. Podrían haberlo intentado para las elecciones gallegas, que era lo que se temía alguna gente del PP, pero ya no daba tiempo. 

Las reformas en la ley electoral española, que se mantiene blindada desde el año 77 con las normas aprobadas en las cortes franquistas, siempre se ha querido hacer con un acuerdo entre el PP y el PSOE. De hecho, tanto la reforma del 95 como la del voto rogado (2011) tuvieron el acuerdo de los grandes partidos. Por eso, yo creo que el PSOE tiene reservas a tocar ese tema sin el acuerdo del PP. En principio, es complicado. La experiencia en materia electoral en España siempre lleva a pensar en el inmovilismo y ese inmovilismo, los únicos cambios significativos que experimentó –excepción hecha de las cuotas por sexo–, sin alterar nunca los pilares contractuales del sistema electoral, fueron sobre el voto exterior, pero con el acuerdo de los dos partidos mayoritarios.

 

Más acciones:
MÁS NOTICIAS
  • Colección Crónicas de la Emigración

Boletín de noticias

Si quiere recibir información actualizada de Crónicas de la Emigración, envíenos su correo electrónico.
Suscribirse al boletín

Álbumes de Fotos

Hemeroteca