ACTUALMENTE EN LISBOA, FUE EMBAJADOR EN CUBA ENTRE JUNIO DE 2012 Y ABRIL DE 2017

Juan Francisco Montalbán: “Siempre consideré que la Embajada en Cuba suponía la culminación de una carrera profesional”

| 2 de febrero de 2021, 18:21
Embajador Montalban copia
Juan Francisco Montalbán Carrasco.

Con gran satisfacción vuelvo a encontrarme con Juan Francisco Montalbán Carrasco, quien fuera embajador de España en La Habana, entre los años 2012 y 2017. Actualmente desarrolla su actividad diplomática en la Segunda Jefatura de la Embajada de España en Lisboa.

Dentro de su responsabilidad como embajador en La Habana, coincidió con tres cónsules generales: Tomás Rodríguez-Pantoja Márquez; Jorge Montealegre Buire y Carlos Pérez-Desoy Fages. 

Tuve la ocasión de conocer a Juan Francisco Montalbán, con motivo de mi exposición fotográfica ‘Fidel y sus raíces españolas’, en agosto de 2016, en el Palacio de la Revolución. Siempre agradeceré el apoyo recibido desde la Embajada.

La labor de Juan Francisco Montalbán en Cuba quedará marcada por muchas razones: Su cercanía con la colectividad española en Cuba en cada una de sus actividades, su intensa agenda de encuentros con diferentes personalidades: el rey emérito Juan Carlos I; ministros de Economía como Luis De Guindos, de Industria, Energía y Turismo José Manuel Soria, de Asuntos Exteriores José Manuel García-Margallo o de Fomento Ana Pastor; y presidentes autonómicos como Alberto Núñez Feijóo o Ximo Puig. 

Ingresó en la Carrera Diplomática en 1985. Ha ocupado destinos diplomáticos en las embajadas de España en Mozambique, Nicaragua, México y ante la OCDE, en París, con responsabilidad en cuestiones políticas, económicas y consulares. Ha trabajado en diversas secciones del Ministerio de Asuntos Exteriores, en el seguimiento de la cooperación y las relaciones bilaterales y de la Unión Europea con América Latina y con los países de África, Caribe y Pacífico, al frente de la Subdirección General de Cooperación con Guinea Ecuatorial, y en la dirección de la Oficina de Planificación y Evaluación de la cooperación española. Ha sido director general de Cooperación con Iberoamérica en la Agencia Española de Cooperación Internacional (1999-2001), embajador de España en El Salvador (2001-2004) y en Bolivia (2004-2008), y, de regreso en Madrid, en 2008, embajador en Misión Especial para Políticas de Desarrollo. Fue embajador de España en Cuba entre junio de 2012 y abril de 2017.

En abril de 2017 regresó al Ministerio en Madrid, y en mayo fue nombrado embajador en Misión Especial para la Agenda 2030. En mayo de 2019 asumió sus nuevas funciones en la Segunda jefatura en la Embajada de España en Lisboa.

 

Pregunta. ¿Qué le impulsó a elegir la carrera diplomática?

Respuesta. He sentido siempre gran interés por la política internacional, el mundo latinoamericano y la economía del desarrollo. En mis años de universidad, me concentré en el derecho político e internacional y en los estudios iberoamericanos. Ahí surgió mi vocación diplomática y mi deseo de incorporarme al servicio exterior.

 

P. ¿Qué destacaría de cada lugar donde ha desempeñado su responsabilidad exterior?

R. Cada lugar y cada tarea diplomática tiene su afán, como ocurre con cada fase de la vida. He disfrutado mucho, personal y profesionalmente, de todos mis puestos, tanto en el exterior como en España, en el Ministerio. Salvo mis dos destinos europeos, todos han sido en América Latina y en África, en países donde ejecutábamos programas de cooperación y fomento del desarrollo económico, social e institucional. En todos ellos me he esforzado por intentar combinar el fortalecimiento de las relaciones bilaterales, la protección de nuestros intereses y la implicación y colaboración en el desarrollo local, en la mejor sintonía con su sociedad y autoridades. 

 

P. Cuba se define entre ustedes, como un destino atractivo. ¿Cómo recibió su designación como embajador en la isla?

R. Con mucha satisfacción y orgullo por la confianza que, con esa designación, el gobierno depositaba en mí, a la que debía corresponder en consecuencia. También con gran responsabilidad, por la densidad y complejidad de las relaciones bilaterales. Para mi manera de ver nuestras relaciones exteriores, siempre consideré que la Embajada en Cuba suponía la culminación de una carrera profesional.

 

P. De todos es conocido que usted fue un importante impulsor cultural en su periodo en La Habana. ¿Puede hablarnos acerca de esa labor? Háblenos de ‘Los jueves de la Embajada’.

R. La cultura y la lengua común unen entrañablemente a ambos pueblos, y cuenta con mil ramificaciones y muestras propias, en España y Cuba, que interactúan y dialogan a la perfección, nos acercan y despiertan fervor en la población. Nuestras culturas son referentes y símbolos identificables en todo el mundo. Las obras de rehabilitación de la sede de la embajada, en El Malecón, nos brindaron la oportunidad de contar con espacios propios remozados en los que desarrollar actividades culturales abiertas al público. Organizamos así ‘Los jueves de la Embajada’, unos debates mensuales sobre asuntos culturales variados de interés común, que comenzaron con un conversatorio sobre literatura entre Leonardo Padura y Pedro Juan Gutiérrez, moderado por nuestro Consejero Cultural, Pablo Platas, seguido de preguntas, actuación musical y un rato para el encuentro, la conversación y el intercambio social, aprovechando para ello la fantástica terraza de la Embajada. Impulsamos así las relaciones culturales como símbolo de amistad, dinamizamos las industrias culturales, disfrutamos y aprendimos mucho y el público siempre nos acompañó. 

 

P. ¿Qué recuerdo le acompaña de Cuba?

R. Es muy difícil de resumir en pocas palabras. Fueron casi cinco años de destino en la isla, entre 2012 y 2017, en los que viajé a menudo por el país e intenté conocerlo. Disfruté mucho hablando con quienes me desearon contar sus historias, sus impresiones y sus sugerencias para reforzar la presencia española en Cuba. Destacaría la calidez y afecto de los cubanos por España, los paisajes bellísimos del país, de las cumbres del Turquino o el Yunque de Baracoa a la península de Guanahacabibes y las playas de María La Gorda, la belleza monumental de La Habana, Santiago o Trinidad, y esa cultura vibrante y de inmensa personalidad, en su música y su literatura, en la tradición del ron o el tabaco. Aprendí mucho en mis visitas a las universidades y en conversaciones con sus docentes. Me satisfizo especialmente impulsar el Centro Educativo Español de La Habana, a cuyos abnegados profesores recuerdo con gran afecto.

 

P. Tuvo la visión de acercar la Embajada de España en La Habana a varias provincias, visitando las colectividades españolas a lo largo de la isla, ¿qué recuerdo guarda de esos viajes, y cada asociación de españoles en las provincias?

R. En las visitas, acompañado por nuestros cónsules, conocíamos y saludábamos a las autoridades locales, visitábamos los proyectos de cooperación, convivíamos con los compatriotas y les asistíamos y facilitábamos sus gestiones consulares. Recuerdo de ellos múltiples historias de la emigración, sacrificadas y nobles, la gran organización y espíritu de servicio de las sociedades españolas dispersas por todo el país, la labor generosa de nuestros cónsules honorarios... Viajamos por casi todas las provincias del país, Matanzas, Santa Clara, Sancti Spiritus, Cienfuegos, Cabaiguán, Camagüey, Holguín, Santiago, Guantánamo... En La Habana, creo haber conocido todas las sociedades allí asentadas, cuyos directivos y asociados me trataron con amistad y deferencia. La historia de Cuba no se entendería sin la extraordinaria aportación de la emigración española en la construcción de la república. 

 

P. ¿Cómo fue la relación con el Gobierno cubano durante sus años como embajador?

R. Fueron años de gran trabajo, marcados por el intenso flujo de visitas bilaterales, la negociación de la deuda bilateral y la del acuerdo entre Cuba y la Unión Europea, que España apoyó. Fueron años también de normalización diplomática con Estados Unidos y de incipientes reformas económicas, procesos ambos que España vio con esperanza. Como dos países maduros y defensores de sus intereses, hubo muchos acuerdos y algunas discrepancias que canalizamos diplomáticamente. Es lo habitual en nuestro trabajo, con los matices de cada país.

 

P. ¿Considera usted que Cuba ofrece oportunidades de negocio y condiciones favorables para que las empresas españolas se implanten en ese país?

R. Junto con las relaciones culturales, la atención a los españoles y los programas de cooperación, el apoyo a las empresas españolas en Cuba fue uno de los elementos centrales que nuestro gobierno impulsó durante mis años en Cuba. Contábamos para ello con la Asociación de Empresarios Españoles en Cuba, con sus doscientos integrantes, una instancia esencial para aglutinar criterios y defender intereses comunes. Las oportunidades reales de negocio habían ido guiando a estas empresas para su establecimiento en la isla, a menudo desde hacía décadas. El crecimiento del turismo, el nuevo puerto del Mariel, las primeras reformas económicas y de la inversión extranjera… apuntaban a mejorar las perspectivas de inversión y creación de actividad económica, que intentamos acompañar con la negociación y condonación de la deuda bilateral. Un avance decidido en esas reformas debería propiciar un clima más favorable para que el sector cuentapropista y empresarial privado, cubano y extranjero, pudiera crear empleo y riqueza en el país, su misión principal y su razón de ser. 

 

P. Los empresarios españoles en Cuba solicitan reiteradamente a la UE reciprocidad contra demandas en Estados Unidos, en los títulos III y IV de la ley Helms-Burton. Háblenos acerca de ello.

R. La aplicación extraterritorial de la legislación nacional, como pretende la Helms-Burton, no resulta aceptable y va contra los principios de la legalidad internacional. Así lo han expresado reiteradamente la Unión Europea y España, actuando en consecuencia. En este momento, parece conveniente esperar a que la nueva Administración de Estados Unidos detalle sus planes al respecto.  

 

P. ¿Cree que sería interesante para el crecimiento económico cubano impulsar a los emprendedores y crear pymes?

R. Sin ninguna duda. Las empresas privadas, en un marco de libertad de emprendimiento, con sus diferentes formatos y dimensiones, son las creadoras de riqueza, dinamizando sectores, modernizando la actividad económica, creando excedentes y contribuyendo a crear fuentes de empleo y a elevar las condiciones y el nivel de vida de la población. De sus impuestos se nutren las finanzas públicas, para mantener los servicios sociales, la administración del Estado, la seguridad, la defensa y la diplomacia. De esta forma ha progresado Europa.

 

P. Háblenos acerca de su nuevo destino en Portugal, dentro de la situación tan atípica sobrevenida por la pandemia Covid-19.

R. La relación de España con Portugal es sin duda la más estrecha que mantenemos con un país europeo. Todo lo avala: la historia, la cultura, la cercanía de las lenguas, la frontera más antigua y más extensa de Europa, la implicación de nuestros pueblos, los intereses entrecruzados en todos los ámbitos, la pertenencia común a la Unión Europea y a la OTAN… En mi destino como segunda jefatura en la Embajada me corresponde profundizar en las relaciones bilaterales, informar sobre la política exterior de Portugal y dar seguimiento a la presidencia semestral de la Unión Europea, que le corresponde a Portugal durante la primera mitad de 2021. No cabe duda de que la evolución de la pandemia y las perspectivas de crisis económica y social, desgraciadamente, marcan las prioridades de nuestras sociedades y dificultan la labor diplomática en los términos tradicionales de antaño. Tan pronto como superemos esta fase crítica, debemos dedicarnos a los planes de reconstrucción, entre lo cuales figuran muchos que implican conjuntamente a nuestras regiones fronterizas.

 

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