‘NIÑO DE LA GUERRA’ NACIDO EN VALENCIA, NARRA LA HISTORIA DE SU FAMILIA

José Luis Vidaller: “No fue fácil para nosotros, como republicanos exiliados en Francia, entrar en Argentina”

| 20 Junio 2020 - 13:41 h.
José Luis Vidaller y su madre en 1939 en la ciudad francesa de Mirande, en el departamento  de Gers.
José Luis Vidaller y su madre en 1939 en la ciudad francesa de Mirande, en el departamento de Gers.

¿Por dónde comenzar en la historia de José Luis Vidaller? El abuelo, Ramón Vidaller Montaner, era aragonés, oriundo del municipio de Huerto, provincia de Huesca. Cuando trabajaba en ferrocarriles fue destinado a Monforte de Lemos (Lugo-Galicia), donde conoció a su abuela. Tuvieron cinco hijos: uno de ellos el padre de José Luis, Luis Ramón Vidaller Las Heras. A raíz de una enfermedad de su abuelo, la familia se muda a Madrid, pero el abuelo fallece al poco tiempo y su padre comienza a trabajar, primero, en ferrocarriles y luego en Correos, donde hizo una carrera bastante importante. En el barrio madrileño de Argüelles, conoce a la que sería su esposa, Francisca Nieto, quien se había mudado con su madre y una hermana a la capital española desde la Villanueva de la Serena, en Extremadura.

Pregunta.¿Cuándo se casan sus padres?

Respuesta.Se casan en Madrid. Al poco tiempo, mi madre queda embarazada, pero el bebé fallece a los 6 meses de haber nacido por un problema respiratorio. Al año siguiente, queda embarazada nuevamente y, con 6 meses de embarazo, mis padres se trasladan a Valencia. Papá, que pertenecía al partido de Manuel Azaña, Izquierda Republicana, y militaba en UGT, se trasladó con el gobierno a Valencia el 7 de noviembre de 1936 y de allí a Alicante. Tanto en Valencia como en Alicante, mi padre y mi madre, embarazada, soportan bombardeos tremendos de la aviación y la marina, italianas. Por lo que deciden que mamá se quede en el municipio de Villajoyosa (Valenciana). 

P.Cuando estalla la guerra, ¿qué hace su padre?

R.Mi padre, que entre otras cosas, era radioaficionado, cuando estalla la guerra pone su radio al servicio de la República. Montó la radio en Valencia y luego en Alicante y ésta pasa a ser la emisora de las Juventudes Socialistas Republicanas.

Según me contaron amigos de papá, eran muy famosas las peleas de mi padre con el general Gonzalo Queipo, quien siempre terminaba prometiéndole a papá que sería uno de los 20 mil fusilados cuando triunfara el golpe.

P.Desde Alicante, su padre se traslada a Teruel.

R.Cuando el bando republicano decide tomar Teruel, que había quedado en poder de los sublevados, a mi padre lo mandan a instalar la emisora ahí, desde donde transmite. En las fichas policiales, en Madrid, lo caratulan de ‘propagandista de izquierda’, ‘enemigo acérrimo del gran movimiento nacional’, ‘instalador de la emisora en Teruel y después en Barcelona’. Le siguen los pasos hasta Francia. Incluso consta en el informe que desde Francia tenía pensado irse a la Argentina donde tenía parientes. 

P.¿Usted dónde nace?

R.Yo nazco en Valencia, en un pueblo muy bonito que se llama Burjasot. Y al poco tiempo, cuando Valencia se ve muy asediada –antes de que las tropas sublevadas bloquearan la comunicación entre Valencia y Barcelona–, mi padre, mi madre y yo nos fuimos a Barcelona. Con un año, llegué a Barcelona, en medio de los bombardeos que realizaba la aviación italiana. Durante esos bombardeos mataron a más de 1.400 personas, entre ellas, a muchísimos niños. Fue la primera guerra que se caracterizó por atacar a la población civil para crear caos y temor y hacer que la ciudad se rindiera, pero Barcelona no se rindió.

P.El primer ministro del Reino Unido, Winston Churchill, solía recordar los bombardeos en Barcelona.

R.Sí, cuando los nazis bombardearon Inglaterra, Churchill siempre recordaba el ejemplo heroico de Barcelona. Es cierto, la gente se iba por los bombardeos, pero a los 10 días volvía y empezaba a trabajar, a desenvolver su vida. Los catalanes tuvieron un poder de recuperación tremendo, hasta que en enero del 39, muy asediados y a punto de caer, envían desde allí el último contingente de chicos a Rusia. Fueron unos 300 niños que salieron del puerto de Barcelona con destino a Rusia, navegando por el Mediterráneo hasta el puerto de Odesa, en el Mar Negro.

P.¿Cuál fue el primer contingente de niños evacuados?

R.El primer contingente de niños evacuados salió de Valencia. Eran unos 70 niños y niñas que partieron hacia Rusia. Eran hijos de militares, sobre todo de aviadores madrileños y algunos valencianos, que estaban aprendiendo a manejar los aviones que Rusia le había enviado al gobierno de la República. Rusia mandó mucho armamento a los republicanos. Los cargamentos debían llegar a Cartagena, aunque muchas veces éstos eran interceptados por la marina italiana o, incluso, por militares republicanos sublevados.

P.¿Qué pasa con ustedes cuando finalmente cae Barcelona?

R.Barcelona cayó en manos de los sublevados el 26 de enero del 39, después de un asedio tremendo y para ese momento mi padre, mi madre y yo habíamos partido hacia Gerona, junto con mucha gente que también huía del golpe. Eso fue lo que se conoce como la famosa ‘retirada’ en la que cruzaron a Francia más de medio millón de personas, en 12 días.

Mi padre, que en Barcelona contaba con una potente emisora que le había dado el gobierno de Juan Negrín (presidente del Gobierno de la II República entre 1937 y 1945), estuvo presente en la última reunión de las Cortes en la fortaleza de San Fernando, en Figueres (provincia de Gerona) y de ahí partimos los tres hacia la frontera, por la Junquera. 

En la Junquera mi padre se puso en contacto con gente del Comité de Ayuda Suiza a los Niños de España (formado por un conglomerado de asociaciones benéficas, religiosas y pacifistas helvéticas que trabajó muchísimo durante la guerra civil). 

La Ayuda Suiza nos ayudó a mi madre y a mí a cruzar la frontera, con destino desconocido. A mi padre, que se quedó un día más en la Junquera, lo detuvieron los gendarmes franceses en la frontera. Allí, le sacaron la emisora, la camioneta en la que la cargaba, y a su ayudante y a él los llevaron al campo de concentración de Argelès sur Mer. Eso fue el 7 de febrero del año 39. En ese momento comenzó su exilio de 30 años, el tiempo de la condena de 30 años que le impuso el régimen de Franco por propagandista.

P.¿Cómo era la vida en ese campo francés de confinamiento? 

R.Allí pasó un mes, viviendo una vida miserable, espantosa. El campo era un predio muy importante de arena limitado por un alambrado que separaba a los confinados de la población francesa. El otro límite era el mar y el techo era el cielo. Él llegó en un invierno crudísimo y ahí no tenían ningún tipo de abrigo, ni nada con que resguardarse. Pasaban tanto frío que se enterraban en la arena para poder soportarlo. En el campo de concentración solo les proveían, muy escasamente, de alimentos. Francia no estaba preparada para recibir tanta gente. En marzo, lo trasladan al Campo de Bram, en Carcassonne, donde los propios presos españoles construyen las barracas para alojarse. A mi padre lo nombran jefe de barraca y está ahí hasta junio del 1940. 

P.Mientras tanto, ¿dónde estaban su madre y usted?

R.Nosotros estábamos en el departamento de Gers, en los pirineos centrales, cerca de Lourdes, en una ciudad que se llama Mirande. Allí, mi madre estuvo alojada en un albergue para refugiados españoles que daba asilo a mujeres, ancianos y niños. Cuando Alemania comienza a invadir Francia, los franceses abren todos los campos de confinamiento y la gente que salió, en general, fue contratada para trabajar por empresas de forestación o agrícolas. En un primer momento, de manera temporal y luego, si la persona rendía, quedaba fija. Eso fue lo que le pasó a mi padre que fue a Las Landas de Médoc a cortar pinos.

P.¿A los campos de concentración solo iban los hombres?

R.En los campos de concentración franceses de Saint-Cyprien y de Le Bacares mayoritariamente había hombres, pero también hubo mujeres que, incluso, tuvieron familia allí. La mortandad infantil en esos lugares alcanzaba el 90%. También la tasa de mortalidad de las mujeres era altísima, porque el lugar donde daban a luz era en las cuadras donde se guardaban los caballos. 

Por eso tuvo tanta importancia la maternidad de Elna, también conocida como Maternidad Suiza que permitió el nacimiento de 597 niños cuyas madres, refugiadas de la Guerra Civil Española, se encontraban internadas en campos de concentración del sureste de Francia. También acogió a 200 más, hijos de mujeres judías perseguidas por el nazismo durante la Segunda Guerra Mundial.

P.¿Cómo y cuándo comenzaron las evacuaciones de niños hacia otros países?

R.Se dice que las evacuaciones comenzaron en noviembre del 36, con el traslado de algunos chicos de Aragón a Francia, aunque en ese momento todavía no eran oficiales. El objetivo era sacar a los chicos de las zonas bombardeadas y de combate.

Se abrieron cerca de 500 colonias de niños refugiados que mantenía el gobierno de la República con la ayuda de algunos países como Suecia, Dinamarca y Suiza.

En el año 37, cuando las fuerzas republicanas se vieron muy asediadas por las tropas sublevadas comenzaron las evacuaciones más importantes. Especialmente después del bombardeo de Guernica. A pesar de que el primer bombardeo a civiles, fue en la ciudad de Durango (también en el País Vasco), donde hubo muchos muertos, lo de Guernica fue muy impactante, quizás porque la destruyeron totalmente. No fueron los únicos, también Bilbao fue muy golpeada por los bombardeos y aún así resistió bastante. 

P.¿Qué países de la comunidad Internacional recibieron a los niños evacuados?

R. A raíz de los bombardeos a poblaciones civiles, indefensas, varios países se decidieron a recibir a los niños. Francia recibió alrededor de 20.000 niños; Bélgica, unos 5.000; Gran Bretaña, cerca de 4.000; y Rusia una cifra próxima a los 3.000. Suiza y Dinamarca también recibieron, aunque en menor cantidad y, finalmente, también hubo niños evacuados en el norte de África.

A América, concretamente a México, se enviaron unos 450 chicos. El presidente del país azteca, Lázaro Cárdenas, que había ayudado mucho a la República, incluso con armamento, recibió a los niños en la ciudad de Morelia. 

P.¿Cuál fue el destino de los niños evacuados tras el fin de la guerra civil?

R.El destino de los niños tuvo mucho que ver con la situación de los países que los recibieron y de las relaciones que tuvieran éstos con el Régimen franquista. Por ejemplo, muchos de los niños que estaban en Francia regresaron a España, incluso, con la ayuda del franquismo. 

También se repatriaron niños desde Inglaterra, aunque no todos. Habrán quedado allí unos 400, de los 4.000 que había. En Bélgica, de los 5.000 que habían llegado, se quedaron unos 1.000 porque los belgas tuvieron una relación muy buena con los niños españoles, a muchos los adoptaron y se quedaron a vivir allí.

En México, después de la muerte de Cárdenas se desmembró todo lo de Morelia. Los chicos se fueron escapando, abriendo camino por su cuenta y se perdió el contacto con ellos. Los niños que fueron a Rusia tardaron mucho en poder volver y pocos lo hicieron. Y, aún de aquellos que volvieron, pocos pudieron adaptarse a la vida española, con un gobierno que los recelaba. 

Por otra parte, muchos chicos no volvían porque sus padres habían muerto o porque eran los propios padres los que les pedían que no lo hicieran. Otros no quisieron volver. En mi caso, nosotros no regresamos porque sobre mi padre pesaba una condena, en ausencia, de 30 años de cárcel. 

P.Finalmente, ¿sus padres pudieron reencontrarse?

R. Mi padre se encontró con mi madre y conmigo en un pueblito cerca de la Gironde, llamado Carcans sur mer. Para entonces yo ya tenía 3 años y medio. 

En ese pueblo también nació mi hermana, en el año 43. Un año más tarde, en 1944, fuimos a vivir a Burdeos, donde mi padre desarrolló una muy buena carrera en la maderera, que primero lo contrató para cortar pinos, después para afilar sierras y donde llegó a ser director. 

Ahí nos quedamos hasta el año 48. En ese momento, mi padre tuvo la certeza de que para nosotros volver a España sería imposible porque a Franco no lo iban a echar. A los americanos les interesaba mucho mantenerlo en el poder para asegurarse un bastión anticomunista. 

P.¿En ese momento decidieron emigrar a Argentina?

R.Sí, en Argentina teníamos parientes y mi padre quiso venir a probar suerte aquí. Llegamos a Buenos Aires en el año 48, mi madre, mi padre, mi hermana y yo y fuimos a vivir a la casa de nuestros tíos. Yo empecé el colegio en Acassuso (San Isidro), a donde nos fuimos a vivir.

No fue fácil para nosotros, como republicanos exiliados en Francia, entrar en Argentina porque Franco le había dicho a su amigo Perón que tratara de no darles la visa a los republicanos refugiados en Francia. El consulado argentino en Burdeos no se portó bien con nosotros y tuvimos que ir a París. Allí papá tenía amigos y conseguimos la visa para Buenos Aires. Además, nos pagaron el viaje y encima nos dieron un dinero, para migrar. La idea era pasar por Argentina y seguir rumbo a Bolivia porque no nos daban la residencia. Cuando estábamos en la cubierta del barco, ya en el puerto de Buenos Aires, aparecieron dos personas llamando a la familia Vidaller. Uno de ellos era un cura y el otro era un marino de guerra, un capitán de Corbeta. El cura era el padre Silva, amigo de mi tía Silvia. Ellos nos bajaron del barco y nos mandaron a la casa de la tía. Nos quedamos en forma ilegal porque no teníamos permiso para bajar. Recién en diciembre del 49 nos dieron nuestros documentos. Pero, a pesar de eso, pudimos ir al colegio, sin problemas. Mamá consiguió trabajo enseguida en Harrods y luego puso su propio negocio y papá comenzó a trabajar en una fábrica de dueños catalanes afines a la república, donde hizo su carrera hasta el cierre de la fábrica.

P.¿Cómo fueron sus primeros años en Argentina?

R.Hice el primario en Acassuso, San Isidro y el secundario, como pupilo en el colegio Pionono, en capital. En el internado saleciano cursé cuatro años y terminé el quinto año del secundario, en el colegio Nacional de Morón. Al año siguiente comencé a estudiar medicina y tras recibirme trabajé como médico hasta el año 2005, cuando me hicieron una cirugía cardíaca importante. Además, fui fundador de la Sociedad Española de Ituzaingó y cofundador de la Asociación Civil de Niños de la Guerra, en 2006

P.¿Alguna vez, sus padres volvieron a España?

R.Mi padre vuelve a España al cumplirse los 30 años de su exilio, cuando caduca la pena que le había impuesto el gobierno franquista, pero igual tuvo que presentarse ante los tribunales y le hicieron todo un seguimiento. Tuvo que declarar él, sus amigos y parientes. Él fue y volvió dos o tres veces con mamá y una de las últimas veces volvió contento porque le reconocieron los años que había trabajado en Correos y los 30 años de exilio, con lo que comenzó a recibir una jubilación que les proporcionó una vejez cómoda, muy tranquila.

P.La guerra dividió a las familias.

R.Papá tenía un hermano militar en las tropas franquistas. En una oportunidad, viajé a España y lo visité. Cuando me volvía, mi tío me abrazó y me dijo cuídalo mucho a tu padre, que ese es un loco.

Mi abuela, la madre de mamá, era monárquica y la trajimos y vino a vivir con nosotros a Buenos Aires. Durante los años que vivió en casa –y vivió unos cuantos años– no se dirigió nunca la palabra con mi padre. Utilizaba siempre un intermediario. Cuando mi padre miraba televisión, ella me decía ‘José Luis, dile a tu padre que ese canal no me gusta’ y mi padre respondía ‘José Luis dile a tu abuela que no lo pienso cambiar’; pero en el fondo se querían. 

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