ESTUDIÓ LA CONTRIBUCIÓN A LA SOCIEDAD CUBANA DE LOS CASTELLANOS Y LEONESES

Juan Andrés Blanco recuerda el fallecimiento en Cuba de Alejandro García Álvarez, historiador vinculado a Zamora

| 26 de junio de 2020, 14:15
Juan Andrés Blanco.
Juan Andrés Blanco.

Nacido en Matanzas en 1932, Alejandro García Álvarez, fallecido hace unos días cerca de La Habana, siempre mantuvo la vinculación con la tierra de su padre, el municipio de San Vitero, en la comarca zamorana de Aliste.

Este reconocido historiador se interesó por varios campos fundamentales de la economía cubana como el ferrocarril y el azúcar, pero también realizó varios estudios sobre la aportación de los zamoranos, y castellanos y leoneses en general, a la conformación de la sociedad cubana, según explica José Andrés Blanco, director del Centro de Estudios de la Emigración Castellano y Leonesa, en un artículo publicado en la Opinión de Zamora.

Blanco, que recuerda que conoció a García Álvarez de la mano de la investigadora Coralia Alonso Valdés, también interesada en la realidad española en Cuba, asegura que “Alejandro García Álvarez reflejaba en su apariencia y su comportamiento más la sobriedad de nuestras gentes de Aliste que la exuberancia que atribuimos al trópico y al Caribe”.

Además, explica que participó en varios proyectos de investigación con la UNED de Zamora y el Centro de Estudios de la Emigración Castellana y Leonesa y recuerda que juntos publicaron varios libros como ‘Gestión económica y arraigo social de los castellanos en Cuba’, ‘El legado de España en Cuba’ y el recién publicado ‘La atracción de una ciudad cosmopolita. Castellanos y leoneses en La Habana’.  

En el artículo, Juan Andrés Blanco recuerda que de su mano estudiaron “las persistentes huellas de tantos miles de procedentes de estas tierras que se asentaron en Cuba” para crear nuevas familias y desarrollar importantes tareas como el obispo zamorano Fray Juan de las Cabezas Altamirano. Asimismo, estudiaron la trayectoria de personas que desempeñaron importantes puestos administrativos y políticos o que levantaron emporios económicos como los Gómez Mena, poseedores de algunos de los edificios más emblemáticos de una ciudad esplendorosa como La Habana, o el palentino Manuel Abril, reconocido empresario y abogado que construyó un soberbio balneario cerca de la ciudad donde nació Alejandro García.

“Mi último recuerdo con Alejandro García Álvarez –explica Blanco– tiene que ver con la constatación y rememoración de esos vínculos a veces menos visibles pero persistentes que deja la emigración que tantas gentes de estas tierras tuvieron y tienen todavía que emprender”.

“Álvarez, –continúa– señalando el lugar al que desde principios del XX llegaban todos los emigrantes que arribaban a La Habana, el muelle de Casablanca y el lazareto de Triscornia, al otro lado de la bahía, por donde habían entrado en Cuba su padre y el mío, me comentaba en diciembre de 2018: la emigración separa del lugar donde se nace, pero no lo borra y te acerca a otros nuevos que el emigrante vincula a los de origen. Esa vinculación es parte de nuestra realidad y hay que fomentarla. Él lo hacía”.

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