Guido Gabriel García: “La Xunta muestra interés en que nos quedemos y dispone de mecanismos para que nos sintamos queridos”
Guido Gabriel García se trasladó en septiembre de Buenos Aires a Santiago de Compostela con su familia para cursar un máster en Gerontología de los incluidos en las becas BEME.
La decisión es una heroicidad que poca gente se atreve a intentar, máxime en un momento como el actual en el que conseguir una vivienda en España se ha convertido en misión difícil, aunque, bien es cierto, no del todo imposible.
El matrimonio formado por Guido García Failde y Camila Castillo reconoce que encontrar casa ha sido el principal hándicap que han tenido que enfrentar al llegar a la capital compostelana, sobre todo, por haber venido acompañados de la pequeña Olivia.
“Lo pasamos mal, porque con la bebé no nos querían alquilar, así que tuvimos que contratar una agencia, y hoy disponemos de un piso muy hermoso y céntrico, cerca de la Plaza Roja, pero caro; un piso que está por encima de nuestras posibilidades”, confirma Guido Gabriel.
A sus 33 años, la beca –que desde hace nueve ediciones concede el departamento de Emigración de la Xunta a los gallegos en el exterior y sus descendientes para cursar estudios de máster en Galicia– le pareció una buena oportunidad para seguir formándose en la materia sobre la que versó su Trabajo de Fin de Grado (TFG) de la carrera de Profesor en Educación Física que estudio en Buenos Aires, que estuvo centrado en las relaciones entre el ejercicio físico y los adultos mayores.
“Cuando vi el máster, me interesó y me pareció muy relevante para el futuro”, aseguró a ‘Galicia en el Mundo’ durante la jornada de concesión de diplomas a los becarios del presente curso, que se celebró el pasado día 9 en Santiago de Compostela.
Tanto él como su mujer tenían trabajo en la capital argentina cuando se plantearon la posibilidad de dar el salto, pero les animó “la ayuda de la Xunta” en forma de beca y el hecho de que ambos querían “experimentar lo que sería vivir en Europa”, y más concretamente, en Galicia, donde Guido García tiene sus orígenes, ya que su bisabuela materna era oriunda de Monforte de Lemos (Lugo) y su abuelo materno –quien se casó con la hija de esa bisabuela–, había partido de un pueblo “chiquito de Ourense”.
Las circunstancias familiares lo mantuvieron desde niño “muy vinculado a Galicia”, confiesa, porque su bisabuela “vivió hasta los 103 años”, por lo que, hasta sus 20, guarda el recuerdo de haber ido “a su casa” y de los “platitos de Ourense y de Lugo” que atesoraba, sin olvidarse de las tradiciones asociadas a la comida que consiguió inculcar a la familia, como “las doce uvas, el jamón crudo, el pulpo”. “Mi bisabuela estuvo siempre muy presente y me transmitió el conocimiento que tengo de Galicia”, pese a no haber “venido nunca” hasta ahora a esta tierra, corrobora García.
Tanto Guido como Camila y, por consiguiente, la pequeña Olivia –a quien en el acto celebrado en la Cidade da Cultura de la capital compostelana se le vio muy contenta y con mucha energía– disfrutan de la estancia en el otro lado del planeta, porque la experiencia “está resultando bien”, confiesa él. Confirma que “al principio es mucho papeleo” el que hay que cubrir, “mucho trámite”, pero recuerda que para solventar los problemas cuentan con la ayuda de las oficinas de retorno de la Xunta, donde “todos los empleados” muestran “una actitud siempre amable y buena disposición”, así como con la labor de acompañamiento que realizan en la asociación Ajerga, integrada por exalumnos de estas becas.
Superada la primera fase, tras meses residiendo en Galicia, la incógnita está en su futuro, ya que, si bien “la idea es quedarnos un año más”, prolongar el tiempo dependerá de las oportunidades que se presenten, porque bueno es que “la peque” haya conseguido “plaza en el cole”, pero “los dos queremos trabajar en lo que nos formamos” y, “si no encontramos una posibilidad” de un empleo real, quedarse “se hará muy cuesta arriba”, constata.
Con su futuro todavía en el aire, Guido agradece a la Xunta la oportunidad que le brindó para cursar una BEME en Galicia porque, “a pesar de las dudas y de los muchos trámites” que hay que cumplir, permite que “uno se enfrente a un mundo nuevo” y “sienta el lugar de donde viene”. Remarca, asimismo, el talante con el que se conceden estas becas, porque se demuestra que en el Gobierno gallego “tienen interés en que te quedes” y disponen de mecanismos que hacen que “nos sintamos queridos”.
“La ayuda económica y la organización son muy importantes”, añade, por lo que asegura que es una iniciativa para recomendar, ya que se trata de “una oportunidad para vivir una nueva aventura” y “para formarse”, con el atenuante de que “no ejercen presión para quedarse”, sino que se trata de “venir, conocer y vivir la experiencia” y si “uno encuentra la oferta se va a quedar, y si no, se volverá, pero es una experiencia que merece la pena”, concluye.