RETORNADO DE VENEZUELA, EMPRENDIÓ UN NEGOCIO DE VENTA DE ALMOHADAS CERVICALES

Álvaro Montes: “El papel de la Secretaría Xeral de Emigración para la obtención de ayudas está bien pensado y ejecutado”

| 15 de mayo de 2021, 16:53
Alvaro Montes 1
La almohada cervical Nest, creación de Álvaro Montes.

Entre 500 y 700 personas salen cada día de Venezuela huyendo del hambre y de la inestabilidad política, económica y social que amenaza su supervivencia. El alto comisionado de la ONU para los refugiados (Acnur), Eduardo Stein, considera que, a finales de 2021, alrededor de 6,2 millones de venezolanos podrían haber abandonado la república bolivariana desde que se desató el gran declive, coincidiendo con el final de la etapa de Hugo Chávez y con la llegada de Nicolás Maduro al poder. 

Si bien el mayor éxodo se produce hacia los países de América Latina con los que limita, y también hacia el Caribe, España ocupa de un tiempo a esta parte un lugar destacado en las preferencias de asentamiento de los venezolanos emigrados. En 2015 se situó en segundo lugar en acogida, por detrás de Estados Unidos, y entre 2017 y 2018 pasó a cuarta posición, por detrás de Colombia, Perú y Estados Unidos. Solo en 2019 se registraron 74.344 llegadas y en el primer trimestre de 2020 se habían contabilizado 17.043, lo que supone el 9,1% del total de inmigrantes asentados en España en ese periodo.

Catalogada como una de las regiones de mayor aporte de población a Venezuela en las décadas de los 50 y los 60 del siglo pasado, Galicia lleva algún tiempo tratando de recoger el fruto de esa obligada ‘siembra’, auspiciando políticas de promoción del retorno a la espera de obtener resultados en una doble dirección: poner freno a la despoblación del rural, y aprovechar el talento y los conocimientos de los que llegan de fuera en aras del impulso económico de la región. 

Sea por lazos de afinidad, sea por las políticas que en esa dirección lleva a cabo el departamento de Emigración de la Xunta –o por la combinación de ambas–, Galicia está actualmente entre las cuatro principales comunidades autónomas de acogida de venezolanos, por detrás de Canarias, Madrid y Cataluña. Se estima que unos 20.000, la gran mayoría, gallegos de origen, han encontrado en los últimos años refugio en el noroeste peninsular, donde tratan de integrarse profesional y socialmente mientras, desde la distancia, viven con preocupación las circunstancias que rodean a los familiares que han optado por quedarse y asisten atónitos al desmoronamiento de uno de los países con mayores recursos petrolíferos del planeta.

“Venezuela es un país maravilloso a nivel de clima y de paisajes; y como todo es informal e improvisado allí, todo es relajado en cierto modo, pero los asuntos que me hicieron tomar la decisión [de venir] están ahí y no van a cambiar en los próximos veinte años”, asegura Álvaro Montes Gómez, uno de tantos hijos de emigrados al país bolivariano que han optado por el retorno.

 

Desarrollo de un proyecto comercial

A sus 53 años, con familia y con una situación económica acomodada labrada con dedicación y esfuerzo hasta la gran crisis venezolana, Montes abandonó su patria después de vender sus coches y su casa por un “valor ínfimo”, dispuesto a desarrollar un proyecto comercial de productos para el descanso que le permitiera salir del bache en el que le habían metido las políticas populistas de Chávez y Maduro. Corría el año 2018 y fueron varios los motivos que influyeron en la decisión: “la situación política del país, que tenía un impacto en el apartado económico” y también en el “social”; “la inseguridad” ciudadana que se respiraba, que era “insostenible”, y la “escasez”, que califica como “inmanejable”.

Hijo de gallego emigrado de Pontevedra a Caracas a la edad de 9 años, y de vasca, de Portugalete, que hizo lo propio a los 12 años, se vino a ciegas, sabedor de que “iba a tener grandes limitaciones para el empleo” y sin apenas recursos materiales. Contaba, por el contrario, con la acogida de sus padres, retornados, e instalados en Compostela desde el año 2000, que le proporcionaron un lugar en el que asentarse, además de “comida y cama”.

Gracias a sus conocimientos de 25 años en el mundo de la cosmética –en Venezuela trabajó para firmas tan conocidas y de prestigio como Loreal, Kerastase o Helena Rubinstein– pudo poner en marcha un negocio de venta de almohadas cervicales que previenen las arrugas y marcas del sueño en rostro, cuello y escote, al tiempo que alivian el dolor de cuello y espalda. Se trata de la almohada cervical antiarrugas Nest pensada para “dormir en la posición más saludable para el cuerpo en condiciones normales” y que, al tiempo, sirve como “herramienta para evitar la compresión del rostro”. Se caracteriza por su flexibilidad, resistencia y suave tacto, además de por su adaptabilidad al peso de cada usuario, distribuyendo los puntos de presión por la superficie. 

Dirigida a personas de más de 30 años –porque “es a partir de esa edad cuando la piel empieza a evidenciar los primeros signos de envejecimiento cutáneo”– en el fondo, lo que se busca, comenta este licenciado en Relaciones Industriales –en España se conoce como Recursos Humanos–, es proporcionar al cuerpo tres beneficios: “Salud, bienestar y belleza”.

El 80% de las demandas registradas hasta el momento provienen de mujeres de edades comprendidas entre los 40 y los 64 años, aunque su creador pretende que se amplíe su uso también a los hombres y al resto de edades, puesto que, a las funciones de prevenir las arrugas y proteger la piel, también incluye la de corregir los rasgos faciales ya acentuados y mejora el descanso. “Lo que se busca es prolongar la apariencia más joven de la piel”, apostilla Montes, quien aconseja, de modo generalizado, dormir boca arriba para evitar presionar el rostro contra la almohada. En el caso del producto que oferta, cuenta, como valor añadido, con bordes laterales redondeados para sujetar la cabeza, lo que favorece que esta se relaje durante el sueño.  

Teniendo en cuenta que arrancó en plena pandemia, el negocio impulsado por Álvaro marcha “bien”, porque, en menos de un año, y sirviéndose solo del comercio electrónico, lleva vendidas alrededor de 150 almohadas, lo que le ha permitido invertir para ampliar las posibilidades de negocio, añadiendo al catálogo la almohada cervical ‘viscoelástica bamboo ola’ y la ‘viscoelástica bamboo estándar’. 

“Poder cumplir con mis compromisos fiscales y con mis proveedores ya es un paso grande”, asegura. 

 

Una ayuda para el “empujoncito final”

En su caso, reconoce que le “ayudó mucho en la ejecución del proyecto” poder disponer de los 5.000 euros que percibió del programa de ayudas de la Secretaría Xeral de Emigración para retornados emprendedores, que le dio el “empujoncito final para el inicio”. Cuando tomó la decisión de cambiar de país, “sabía que había una serie de subvenciones” para colaborar con los emprendedores, pero desconocía la existencia de ayudas “dirigidas al emigrante retornado”. 

Fue gracias a la oficina de información laboral de Santiago que se puso en contacto con la Fundación Ronsel donde se le orientó para desarrollar el plan de empresa, necesario para recibir la subvención para el emprendimiento que concede la Secretaría Xeral de Emigración. En este sentido, reconoce que “el papel” que desempeña departamento de Emigración de la Xunta está “bien pensado y bien ejecutado, si entras en el camino”, dice, lo que, en su caso, pudo ser posible gracias a solicitar asesoramiento en la oficina de emprendimiento de Compostela.

Transcurridos tres años desde su llegada y con toda la familia ya en España, Álvaro Montes se plantea quedarse a vivir para siempre en Galicia, donde se siente muy a gusto e integrado. “Cuando tomé la decisión familiar, ya quedó muy claro que no venía transitoriamente”, puntualiza y se muestra convencido de que en su lugar de origen podrá alcanzar algún día el nivel de vida que tenía en Venezuela. Por de pronto, parece que en Santiago lo tiene y “multiplicado”, puesto que la ciudad del Apóstol se encuentra a pocos kilómetros de las playas que recorren el litoral gallego, imprescindibles para un aficionado al esquí acuático, como es su caso. Tanto es así, que, desde su llegada, ya participó en tres campeonatos, uno en Galicia y dos en España, en los que resultó vencedor.

El trato recibido –Me he sentido muy bien tratado” en la comunidad autónoma, dice– lo sitúa ahora en la “obligación moral y ética de responder a ese apoyo”, concluye.

 

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