Un recuerdo para mi amigo Josep Piqué Camps
No quiero iniciar este artículo sin evocar, de forma cariñosa, al exministro de Asuntos Exteriores de España Josep Piqué Camps (E.P.D.). Yo lo defino con una sola palabra: un “LORD”.
Agradezco a su amada esposa, la periodista Gloria Lomana, por darme su confianza absoluta para poder escribir sobre su esposo, a quien ella misma definiría como “el amor de mi vida”. Hoy, Gloria es presidenta y fundadora de 50&50 Gender Leadership, consultora especializada en programas de igualdad y liderazgo femenino, presidenta del Consejo Asesor de Forbes Women en España, embajadora de la Red Española del G20 EMPOWER, y reconocida como Mujer Top 100 en 2019 por el lanzamiento de 50&50 GL.
Corría noviembre de 1999 cuando se celebraba la IX Cumbre Iberoamericana en La Habana. Existía una gran expectación por la visita de los Reyes de España, en un contexto de relaciones tensas que se venían fraguando desde que José María Aznar era jefe de la oposición. Por vez primera en la historia reciente entre España y Cuba, se llegó a temer una ruptura diplomática. Finalmente, ganó la diplomacia. Muchos políticos españoles y presidentes autonómicos no compartían la vía de la confrontación, sin contar además los importantes intereses empresariales que vinculaban a Cuba y España.
Hoy quiero revivir los dos momentos en que coincidí con Josep Piqué. El primero tuvo lugar en un acto presidido por don Juan Carlos I en La Habana, durante la recepción ofrecida a la colonia española en el hotel Tryp Habana Libre. Aquel joven e insignificante camagüeyano –como yo mismo me definía entonces– pudo estar allí gracias al Dr. Jesús Barros López (E.P.D.), quien fuera mi mentor dentro de la colectividad gallega en La Habana y responsable de la Oficina Administradora de Comunidades Gallegas (Xunta de Galicia). No puedo dejar de mencionar también a Ildefonso Diéguez (E.P.D.), presidente de la Federación de Sociedades Españolas en Cuba entre 1994 y 2006, quien igualmente me brindó su apoyo.
Ya en 1998 había adquirido cierta experiencia con motivo de la visita a Cuba del presidente Manuel Fraga Iribarne (E.P.D.). De aquella etapa aprendí algo esencial: observar a los veteranos, aprender de ellos y procurar no cometer el más mínimo error en materia de protocolo. Recuerdo que el embajador de España era Eduardo Junco Bonet; el cónsul general, Eduardo de Quesada, a quien quiero muchísimo; y el consejero de Cultura, Ion de la Riva.
Durante la recepción en el llamado Salón de los Embajadores, si mi memoria no me falla, recuerdo el habitual ajetreo propio de estos encuentros. Allí pude estrechar la mano de Josep Piqué, quien entonces era ministro de Industria y Energía. A pesar de mi corta edad y de la ignorancia propia de los años, pude percibir en él una elocuencia serena y una templanza natural. En su mirada descubrí a un caballero, a una buena persona, en efecto. Su trayectoria fue impecable; los hechos, con el paso del tiempo, así lo han demostrado.
Antes de la Cumbre, en junio de 1998, visitó La Habana al frente de una nutrida delegación empresarial española, integrada por los presidentes de Endesa, Rodolfo Martín Villa –a quien más tarde pude conocer en una entrevista que me concedió siendo consejero de Técnicas Reunidas–; de Iberia, Xabier de Irala; y de Ebro Agrícolas, Manuel Guasch, además de diversos directivos de empresas de primer nivel. Durante su estancia en la isla, que se prolongó cinco días, el ministro Piqué sostuvo encuentros con el titular de Inversiones Extranjeras, Ibrahím Ferradaz, y con el ministro de Comercio Exterior, Ricardo Cabrisas.
En el marco de esa visita empresarial, Josep Piqué participó en la feria comercial Expo-Caribe, celebrada en la ciudad de Santiago de Cuba, centrada en las sesiones de trabajo del Comité Bilateral de Hombres de Negocios. Este comité, creado más de una década antes por el Consejo Superior de Cámaras de Comercio de España y la Cámara de Comercio de Cuba, agrupaba a las principales empresas españolas con intereses en la isla, como Sol-Meliá o Tabacalera.
En aquella visita, el ministro Josep Piqué fue recibido por el presidente de la República de Cuba, Fidel Castro Ruz (E.P.D.). El ministro declaró que, durante ese primer encuentro, había transmitido a Castro “simplemente una salutación, tanto del presidente del Gobierno [español] como de Su Majestad el Rey, pero nada más en concreto”. Piqué añadió que ya se habían firmado algunos acuerdos específicos “entre ministerios cubanos y empresas españolas”.
En su momento, tuve el honor de presidir la Asociación Nacional de Empresarios Cuba y España, creada en la Real Villa de Baiona, provincia de Pontevedra, lugar histórico donde arribó la carabela ‘La Pinta’ con la noticia del descubrimiento de América. Asimismo, durante mi etapa de residencia en Madrid, vinculé nuestra Asociación Empresarial con la Asociación de Empresarios Gallegos en Madrid, a cuyo presidente, Julio Lage, le estaré siempre agradecido por su apoyo incondicional.
En octubre de 2013, Josep Piqué Camps fue nombrado por la constructora OHL vicepresidente segundo y consejero delegado del Grupo de Construcción, Servicios y Concesiones. Su designación vino de la mano del presidente y accionista de control de la compañía, Juan Miguel Villar Mir (E.P.D.). Dado que Villar Mir conocía mi estrecha relación, casi familiar, con el presidente Manuel Fraga, le pedí la posibilidad de reencontrarme con Josep Piqué y hacerle recordar aquel encuentro en La Habana –algo que, por el paso de los años, parecía improbable–. Gracias a Villar Mir, pude finalmente reunirme con Josep en su despacho de Torre Espacio, en el Paseo de la Castellana 259.
En aquel momento yo estaba asesorando a una empresa española interesada en desarrollar un parque acuático en el antiguo aeropuerto ‘Baga’, en Cayo Coco. Le pedí consejo y orientación sobre cómo hacerlo correctamente. Tomé nota, sobre todo, de dos aspectos que enfatizó con especial claridad: la seguridad jurídica y el retorno del capital a invertir.
Con esos ojos azules llenos de serenidad y sabiduría, conversamos también sobre mi relación con Manuel Fraga. Le dije que, por encima de todo, siempre sería leal –nunca desleal– a la persona que me sacó de Cuba y que siempre tuvo la generosidad de recibirme como cubano-gallego. Hablamos del factor humano por encima del ideológico, y eso Josep lo valoró profundamente. Nos despedimos con un abrazo, y antes de marcharme me dijo: “Aquí estoy, Alvelo”.
Ojalá que, desde el cielo, pueda disfrutar de estas modestas letras escritas por un cubano-gallego.
Gracias.
Pies de foto:
Foto de portada Josep Piqué y Alvelo
Foto Villar Mir y Alvelo
Ambas fotos son en los despachos de ambos.