EL CONSEJERO GENERAL POR BOLIVIA ABOGA POR LA ELIMINACIÓN DE LA COMISIÓN PERMANENTE Y LA VUELTA AL SISTEMA ANTERIOR

José Mansilla se declara en “total y absoluto desacuerdo con el actual sistema de plenarios y comisiones” del CGCEE

| 23 de enero de 2013, 15:27
José Mansilla, durante la celebración del último CGCEE en Santiago.

El consejero general de la Ciudadanía Española en el Exterior por Bolivia, José Mansilla, se declara en “total y absoluto desacuerdo con el actual  sistema de plenarios y comisiones” del Consejo General de la Ciudadanía Española en el Exterior (CGCEE), que considera “inventado y desarrollado, sin demasiadas luces, en el quinto mandato”. Lo hace en un escrito con sus observaciones al Reglamento de funcionamiento del CGCEE con ocasión de aproximarse el cumplimiento del plazo –el próximo 31 de enero– acordado en el I Pleno del VI Mandato del Consejo General, celebrado el pasado mes de octubre, para que los consejeros generales presentasen observaciones al Reglamento que regula el funcionamiento de este organismo. En él, aboga por la eliminación de la Comisión Permanente y la vuelta al sistema anterior.

Mansilla considera que el actual sistema de plenario y comisiones responde a la “manipulación absoluta de los gobiernos de turno (caso concreto, del PSOE) para reducir el CGCEE a su mínima expresión de independencia y creatividad; eso sí, con el consentimiento, complicidad, tolerancia o inocencia de los señores consejeros”.

Cree que “lo primero que habría que discutir es la legitimidad del ‘politburó chino’ del CGCEE, llamado por otro nombre ‘Comisión Permanente”. “La comisión permanente es, mucho me temo, la reunión de ‘notables’ del partido que gobierna, con algún apéndice del partido opositor  y, puntualizando más, el inefable poder de la cantidad de emigrantes por país”, estima, valorando que, “llevado al ámbito ético, dicho sucedáneo de institución democrática es legal porque así lo ha decidido el quinto mandato, pero es absolutamente ilegítima. Es una imposición del poder político”.

Se interroga si la Comisión Permanente representa a los consejeros de los distintos países y se responde que representa, “primero, al partido que los apadrina y después al tanto por ciento del CERA con posibilidad de voto cautivo”. “¿Si las elecciones para tanta comisión fueran en el segundo pleno en vez del primero habría más conocimiento, más legitimidad y más posibilidad de cambios? Probablemente sí, dado que habría discusión previa y, por lo menos, derecho a escándalo y pataleo ante cualquier manipulación”.

Respecto al encuentro de los miembros de la Permanente con representantes de los grupos parlamentarios en el Congreso de los Diputados aprovechando la última reunión que celebraron en Madrid, Mansilla plantea: “¿quién los envió y qué proyecto llevaban? Se supone que había que discutirlo previamente con los señores consejeros”.

Según Mansilla, el sistema anterior de funcionamiento del CGCEE, “era mucho mejor, y si no era mejor era más representativo”. “Cada uno defendía las propuestas del país que representaba personalmente y levantaba la voz cuando no se le escuchaba.  Ahora no, ahora tienes que rellenar un formulario elaborado, probablemente, por un tinterillo burócrata encargado de enrevesar las cosas, donde el consejero emigrante tiene que hacer un curso acelerado de elaboración de proyectos para, ríanse, que acepten su propuesta”, expone.

 

Comisiones delegadas y Presidencia

En cuanto a las comisiones delegadas del CGCEE, dice que “son otro tanto de lo mismo”. “Carreras de los partidos políticos para apuntar a sus conmilitones y copar la presidencia. De ahí, después, de un solo saque, ascenso a la permanente. Los nuevos, los incautos, los que no tienen padrino, los despistados, los ilusos y los independientes, dedicados a verlas pasar”, mantiene.

Frente al pleno anual que se ha celebrado en los últimos años, Mansilla solicita que se vuelva a los dos plenos al año –“de tres días cada uno, para que no sea saludo y despedida”–, “sin digitadas comisiones permanentes (basta y sobra con el entronizado presidente) y sin zarandajas para acomodar el Consejo al partido de turno. Cada consejero con voz y voto, iguales todos y defendiendo las propuestas de los ciudadanos residentes en el país que los ha elegido”, pues, dice, “de otro modo, la comisión permanente acabará de nuevo aceptando (es connatural en ella apoyar y respetar la ideología partidaria y los deseos de sus mandantes) la pérdida de nuestros derechos como ciudadanos”.

“Para evitar que los consejeros con poco ‘sex appeal’ político por su escaso atractivo eleccionario sean convidados de piedra en el CGCEE, propongo que, de entrada, les den un ‘bonus track’ a los países más deseables electoralmente. Atendidos ellos, quizá los demás tengan la oportunidad de llevarse alguna propuesta al tálamo gubernamental”, ironiza, pues considera que “a los consejeros se les discrimina por el porcentaje de posibles votos que se pueden acumular”.

 “La pérdida de tiempo que supone la elección de la presidencia del Consejo es una tragicomedia o un sainete. Si es elegida por la ministra o el ministro, ¿para qué tantas vueltas y revueltas? Los oficialistas van a decir sí, la oposición dirá no y los nuevos, inocentes y desubicados, como les dará lo mismo, intentarán quedar bien con la autoridad y aceptarán lo que les echen”, escribe respecto a la Presidencia del Consejo. “Suele salir el que quieren los que cortan el bacalao. Basta con avisar al candidato de que cuide su lengua y expresiones, porque en ámbitos políticos las paredes oyen, los amigos no existen, los sucedáneos de chiste son tratados filosóficos y las puñaladas son traperas”, dice en alusión a lo sucedido en el último pleno con José Manuel Castelao Bragaña, después de que fuera elegido presidente. “Sigo sintiendo vergüenza ajena al comprobar que ‘El País’, un periódico que jamás le dio importancia al CGCEE, tiene como una de las noticias del año el vil asesinato político de un honorable ciudadano… y su partido político haciendo mutis por el foro”, escribe respecto al mismo asunto.

 “Eliminada tanta pérdida de tiempo, más lugar para el trabajo, a no ser que presenten dos candidatos con propuestas inteligentes, acordes con los consejeros”, dice volviendo a la Presidencia. Respecto a la Comisión Permanente, defiende su eliminación. En cuanto a las comisiones delegadas, aboga por que un mismo consejero pueda pertenecer a varias. “¿Acaso los países con pocos emigrantes sólo tienen un problema? ¿No les parece absolutamente discriminador que haya países que pueden tener representantes (y presidentes) en todas las comisiones, mientras que otros tienen que aguantarse en una sola, por más que los problemas sean en todas las áreas?”. También cuestiona la existencia de la Comisión de Jóvenes y Mujeres: “Como soy enemigo de las discriminaciones, aunque sean positivas, propongo una comisión de ‘varones y ancianos’, que últimamente andan muy de capa caída con los logros económicos del país”.

En definitiva, se muestra convencido de que el sistema anterior “era más justo, más equitativo y democrático. Tenía sus defectos, que se podían corregir, aunque el afán de mantener inmutable el ordeno y mando es la máxima tentación de los políticos y tampoco entonces les convenía mucho el perfeccionar”.

“¿Dónde estarían las mejoras al anterior sistema? En el reglamento de comisiones, para que nadie se desmadre acaparando el discurso, y en el adecuado uso de los tiempos. Evitando lo superfluo, quitando el emborrachamiento de la perdiz y sacándole el palio a las autoridades, el Consejo General de la Emigración sería un instrumento de trabajo para la atención de los emigrados y un lugar de discusión intelectual y propuestas de mejora en el que actuaran individual y colectivamente los consejeros”, finaliza.

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