Embajador de larga experiencia, lleva 40 años dentro del cuerpo diplomático español

José Antonio San Gil: “Siempre tuve claro que tenía que ser honesto, decir la verdad; si no dices la verdad crearás problemas a tu país”

Inicio este artículo agradecido al embajador y amigo Juan José Santos Aguado, por colaborar en la coordinación de este encuentro, con el embajador José Antonio San Gil Agustín, hombre de larga experiencia dentro del cuerpo diplomático español. A sus espaldas, lleva 40 años de servicio incansable, lleno de experiencias que forman parte de la historia de España y que nos desvela con detalle.

José Antonio San Gil: “Siempre tuve claro que tenía que ser honesto, decir la verdad; si no dices la verdad crearás problemas a tu país”
Embajador San Gii 1
Miguel Ángel Alvelo y José Antonio San Gil, durante el encuentro para la entrevista.

Corría el 28 de noviembre de 1994 y solicitaba su dimisión José Antonio San Gil Agustín, como embajador de España en Cuba. Según recuerda él mismo, tuvo que enviar dos cartas al por entonces ministro Javier Solana para que se hiciera efectiva dicha solicitud, mediante el Real Decreto 2443/1994, con fecha 16 de diciembre de 1994.

Pregunta. ¿Por qué escoge la carrera diplomática?

Respuesta. Permítame recordar al primer rey de España, Fernando el Católico, que abrió embajadas permanentes en el siglo XV, en Roma, Inglaterra, Francia, Viena, quizás sea el modelo de Estado más completo por su actuación en el campo de las relaciones internacionales. Baste señalar que durante su reinado se negocian y firman más de 34 tratados y convenios internacionales con otros príncipes, además crea una Secretaría en Toledo, y recuerdo que su majestas tenía una definición: “Mis servicios diplomáticos me valen como un ejército”.

Hablar de la carrera diplomática, es un servicio a España, es un servicio esencial.

En mi caso, descubrieron mi vocación por puro azar cuando solo tenía seis años, hablamos del año 1944.

Vivo actualmente en la localidad de Torrelaguna (Madrid) en una casa que construyeron mis bisabuelos en 1860, allí crecí con la ausencia de mi padre al que mataron en la guerra. Mis cincos hermanos y yo crecimos en esa localidad junto a mi madre.

Un día, visita nuestra casa el médico del pueblo, don Arsenio, y mi madre le ofrece un té, durante la conversación el doctor le trasmite la preocupación de que en Alemania están llamando a filas para la guerra, y están reclutando chicos entre 15 y 16 años, dado que ya no quedaban casi hombres, y añadió: “Bueno, en España no ocurre porque la salva su diplomacia”. Atento a dicha conversación, con solo seis años, me dije: “Diplomacia debe ser una actividad que sirve entre otras cosas para evitar que los niños no vayan a la guerra, me parece una actividad interesante, y pensé que quería ser diplomático”. No tenía idea de dicha carrera, sólo sabía que tenía que estar allí. 

P. Háblenos acerca de sus inicios en el Ministerio de Asuntos Exteriores.

R. En el Ministerio estuve ya en el segundo año de la escuela diplomática.

Un año en servicios consulares, me acuerdo de que nos recibió el ministro Fernando Castiella. Recuerdo que me chocó su timidez, pero fue un gran ministro.

Fui el sexto de mi promoción, y pude escoger como destino el fantástico país de Costa Rica, ‘Pura Vida’. Me llamó mucho la atención que fuera un país sin ejército militar, que ha apostado por la inversión en educación, salud e infraestructuras, igualmente en el medio ambiente, tiene un crecimiento del PIB importante. Por ejemplo, su economía creció casi un 7% en el primer trimestre de 2022, y sobre todo tienen un concepto de respeto por la biodiversidad, por la flora y fauna, y por el planeta.

Tienen firmado algunos acuerdos con España. Por ejemplo, el 8 de julio de 1997, España y Costa Rica firmaron un Acuerdo para la Promoción y Protección Recíproca de Inversiones (APPRI) y desde el 1 de enero de 2011 el Acuerdo de Doble Imposición firmado entre España y Costa Rica se encuentra en vigor. Este acuerdo permite a las empresas españolas elegir, en caso de conflicto, entre la jurisdicción de un tribunal costarricense o la jurisdicción de un tribunal internacional. Con España, existe también un Tratado para evitar la Doble Imposición que se aplica a los impuestos sobre la renta y el patrimonio exigibles por cada uno de los estados contratantes, sus subdivisiones políticas o sus entidades locales.

P. ¿Cómo recuerda la etapa vivida con Fernando María Castiella, ministro de Franco, y Marcelino Oreja Aguirre, ministro de Adolfo Suárez?

R. Estamos hablando de una diplomacia de altura, muy seria, estudiosa.

Marcelino Oreja era como un hijo de Castiella, su colaborador más estrecho, fue a su vez, un buen ministro con Adolfo Suárez.

Castiella fue el único ministro que hizo algo en el ministerio con respecto a Gibraltar, tanto fue así que escribió un libro titulado ‘Gibraltar en las Cortes Españolas’, sin olvidar el discurso pronunciado en el debate general de la XXIII Asamblea de las Naciones Unidas el 16 de octubre de 1968, sobre Gibraltar.

No puedo dejar de nombrar a otro ministro que realmente se ha ocupado por la casa, me refiero al Ministerio de Asuntos Exteriores, y a Gregorio López-Bravo de Castro. Fue el único ministro que se ocupó realmente por los diplomáticos y de nuestras retribuciones.

La casa lo recibió con mucho escepticismo, pero el tiempo pone a cada uno en su lugar, muy pronto vieron sus buenas obras.

P. ¿Cómo recapitularía usted lo vivido con cincos ministros de Franco y diez ministros dentro de la democracia española?

R. Yo no puedo juzgar a los cincos ministros de Franco. Puedo hablar de José María Castiella, al que conocí y afirmo sobre aquellos ministros que fueron gente de otro tiempo que tomaban en serio el servicio del país, y que tal vez no tenían tantos conocimientos como nos obligaron a tener a nosotros por oposiciones, pero si guardaban en su haber la sabiduría que da la experiencia.

Citar a Marcelino Oreja, José Pedro Pérez-Llorca, ‘una verdadera cabeza’, o López Bravo, quien nos sorprendió por su interés en la función del ministerio, fue un hombre muy sensato que abrió los contactos con el régimen comunista para viabilizar las relaciones comerciales.

Mi propuesta en la tesis final de la escuela diplomática iba en esa dirección. Siempre pensé que no había que ignorar a la Unión Soviética, en ese momento todavía no teníamos relaciones diplomáticas con la URSS, y fue López Bravo quien desarrolló los primeros tratados comerciales. “Lo más importante en la diplomacia es ser creíble, sino eres creíble no tienes nada que hacer en ningún país”. 

P. La gestión de los recursos dentro de la embajada o el consulado, ¿cómo se realiza?

R. Como diplomático he vigilado que no se hicieran cosas que no estaban bien, generalmente se trataban con mucho cuidado.

Los diplomáticos tenemos los recursos muy limitados, como los militares. He podido ver en los últimos tiempos manifestaciones del personal que labora en Washington, no se le ha actualizado el salario desde hace veinte años, y pregunto ¿qué han hecho los jefes de esas embajadas y consulados?

No veo justo que estas cosas pasen al día de hoy con nuestros funcionarios que fielmente trabajan por dar un servicio a tantos españoles residentes dentro de la Matrícula Consular, correspondiente a su demarcación, así como a los ciudadanos que solicitan un trámite. El ministro de Exteriores debe dirigirse al Ministerio de Hacienda para pedir soluciones.   

P. ¿Cómo impulsa un embajador la cultura e idiomas españoles?

R. Puedo apuntar que, en algunos lugares, el embajador juega un papel importante, por ejemplo, lo viví en Brasil con el embajador José Coderch, un buen amigo que se preocupó mucho por lograr que el español se estudiara en el bachillerato en Brasil. Ya se había creado en 1991 el Instituto Cervantes, cuya función es promover, enseñar el idioma español, y difundir la cultura de España.

P. ¿Piensa que debería extenderse el Instituto Cervantes por todos los países de Iberoamérica?

R. Reconozco la labor tan importante que viene realizando el Instituto Cervantes en cada país, y debe extenderse, por supuesto, pero creo que se centra demasiado en la lengua, debería abrirse más a la pintura, al teatro, y para ello necesitaría más medios, hay que llegar a los sitios donde haya una demanda racional.

La lengua, el comercio y otras cosas no quedan fuera de las relaciones diplomáticas, pero son muy importantes, por ejemplo, la seguridad militar, a la que yo consagré diez años de mi vida.

Creo que soy el único en España que ha presidido una reunión de alto nivel OTAN y Pacto de Varsovia en Oslo 1992, para la entrada en vigor del Tratado sobre Fuerzas Armadas Convencionales en Europa –que era la reducción de armamentos, además de unos códigos de conducta–. Si esto se hubiera mantenido, hoy no tendríamos esta guerra en Ucrania.

Era un sistema nuevo de seguridad que no estaba basado en la potencia de su ejército ni en el secreto, sino todo lo contrario.  

P. ¿Cuáles fueron sus principales aportaciones, en sus diferentes destinos?

R. Mi aportación siempre fue la misma, traté de hacer a fondo lo mejor para mi país, servirle íntegramente porque siempre me ha gustado trabajar, lo mejor fue mi total entrega.

Con respeto al extranjero, siempre tuve claro que tenía que ser honesto, decir la verdad; si no dices la verdad crearás problemas a tu país.

Recuerdo además a mi madre cuando me decía: ‘Acuden más moscas a una cucharadita de miel, que a un tonel de vinagre. Un poco de amabilidad no ha hecho mal a nadie (siempre observando y poniendo a servicio un punto de desconfianza bien aplicada).

P. ¿Cómo fue su labor como embajador de España en Cuba y los momentos que destaca de la misma?

R. Ante todo guardo muchas anécdotas agradables, y algunas muy amargas, me refiero al Ministerio de Asuntos Exteriores de España.

Durante mi etapa como embajador en La Habana, recuerdo el martes 5 de octubre de 1993, cuando en hora de la noche llaman a la puerta de nuestra residencia y se presentan un grupo de ciudadanos cubanos que desean de alguna forma obtener un visado para viajar a España. Les expliqué que España no es signataria por la Convención de Derecho de Asilo, que tienen la mayoría de los países latinoamericanos, le explicamos que el canal era solicitar el visado a través de nuestra oficina consular, pudimos atenderlos con mucho cariño y respeto, durante varias horas. Posteriormente, nuestro personal diplomático los acompañó hasta sus respectivos domicilios.

Paralelamente se entablaron, a través de la Oficina de Información Diplomática, conversaciones con las autoridades cubanas.

Ahora mismo contándole lo que me sucedió en mi residencia de la Embajada, recuerdo que un hecho similar, vuelve a ocurrir en 1994, con el embajador de Bélgica, Paul Vermeirsch (entraron un grupo de cubanos a la Embajada de Bélgica). Se puso en contacto conmigo y salí rápidamente en el coche presentándole mi apoyo desde nuestra Embajada de España.

También recuerdo una cena organizada en nuestra residencia, donde participó el comandante Fidel Castro, junto a varios invitados de su gobierno. Se habló de muchas cosas, entre ellas no faltó referencia a Galicia, a sus orígenes gallegos, ya que su padre había emigrado a Cuba desde la Galicia rural.

Se recordó su visita a Galicia, temas relacionados con las diferentes sociedades españolas en Cuba. Durante la cena no se tocó ningún tema político, fue la única vez que Fidel estuvo en la residencia. Posteriormente, en el Palacio de la Revolución fui invitado junto a un grupo de embajadores a una cena ofrecida por él.

Otra persona que recuerdo con especial cariño de aquella etapa en Cuba fue el doctor Eusebio Leal Spengler. Siempre tuvimos una excelente sintonía, era un hombre muy trabajador, creo que La Habana tiene una deuda eterna con él, por su tenacidad.

No puedo dejar de mencionar al vicario Carlos Manuel de Céspedes y García-Menocal, que llevaba el mismo nombre y apellido de su famoso tatarabuelo, Carlos Manuel de Céspedes, conocido como Padre de la Patria Cubana y que el 10 de octubre de 1868 concedió la libertad a los esclavos en su ingenio La Demajagüa.

Su descendiente, el sacerdote Carlos Manuel de Céspedes, siempre abrió sus puertas de la parroquia San Agustín, con un espíritu dialogante para todos, entendía que sólo el amor puede construir, y que la violencia engendra violencia.

P. ¿Piensa que no debería existir visado para Cuba?

R. Pienso que no debería existir visado no sólo para Cuba, sino para la familia iberoamericana.

Es la UE la que lo exige por cuestiones de seguridad. Los alemanes son muy sensibles, los británicos aprovechan también, a pesar de que no están en la UE.

En cambio, sin discriminación por favor, pero sí es una realidad que en España entran personas de diferentes países que no hablan nuestra lengua, no tienen nuestras raíces, ni las costumbres, pero sí están aquí. En cambio, el cubano, como el resto de iberoamericanos, sufre increíblemente para que le otorguen un visado, creo que no es justo porque tenemos la misma ‘idiosincrasia’, y Cuba es algo tan especial para España que deberían reflexionar en Bruselas.

P. Recientemente aprobaron en el Senado la Ley Memoria Democrática. Sobre la misma existe una expectativa referente a la obtención de la nacionalidad española. Por poner un ejemplo, se esperan 300.000 peticiones en el Consulado General de España en La Habana. ¿Qué piensa de la misma?

R. Me preocupan los medios materiales en los diferentes consulados en el exterior y las contrataciones del personal para atender este procedimiento administrativo. Por ejemplo, habrá que tener un sistema informático sólido encargado de poder gestionar las citas telemáticamente, ya que se convirtió en una odisea poder obtenerlas.

Tengo serias dudas que puedan resolver esta quijotesca Ley, sin haber planificado con suficiente tiempo todo lo anterior expuesto.

Si analizamos con profundidad y seriedad institucional la Ley de Memoria Democrática, es curioso ver que fue aprobada por los partidos no constitucionalistas, cuyo objetivo es volver a abrir viejas heridas sufridas por ambas partes de nuestra sociedad española. Habíamos tratado de cerrar ese doloroso capítulo con nuestra transición 1978.

Pienso que se tendría que haber preparado a través de las diferentes comisiones del exterior de cada partido político en el Congreso de los Diputados, como en el Senado, un acuerdo en una ley ‘no política’, sino una ley llamada ‘Concordia’, y con suficiente tiempo se hubieran vinculado las diferentes asociaciones españolas en exterior, también el Consejo de Residentes Españoles (CRE).

También juegan un papel importante las diferentes autonomías, con sus direcciones o secretarías de emigración en el exterior, igualmente la Dirección General de Migraciones del Gobierno de España.

Un objetivo sería preparar previamente a esos solicitantes que aspiran a la nacionalidad española en cada país donde residen, que puedan recibir algunas charlas sobre la historia de España, su cultura, su gastronomía, etc. Aquí en España los solicitantes que residen pasan un examen para su nacionalidad, a través del Instituto Cervantes, por ejemplo.

Finalmente, y no creo que me equivoque, esos solicitantes en el exterior hubieran agradecido lo antes comentado, porque la cultura nunca sobra, sino enriquece.

P. ¿Qué consejo les trasmitiría a esos nuevos diplomáticos que empiezan su andadura?

R. Mi consejo, por la experiencia vivida, es servir a España, que es un honor, no mal pagado ni muy bien tampoco.

Les diría: Trabajad las normas, sed creíbles, no engañéis nunca, procurad empatizar con la gente, tened amigos en la prensa, ya que recibiréis muchas noticias interesantes que se deben corroborar.

Esta es una profesión magnífica que no merece ser desatendida, es la verdad. Sed muy felices.

Trayectoria de José Antonio San Gil Agustín

José Antonio San Gil Agustín nació el 16 de marzo de 1938 en San Sebastián.

Alumno de la Escuela Diplomática de Madrid, el 14 julio 1966 y funcionario interino de la Carrera Diplomática para ocupar vacante de secretario de tercera clase en el Ministerio, el 1 junio de 1967.

Fue encargado de Negocios de la Embajada en San José de Costa Rica, desde el 20 mayo 1969 al 15 de enero de 1970.

-Secretario de segunda clase, con antigüedad en la categoría de 1 enero de 1970, el 16 de abril de igual año.

-Cónsul adjunto en Düsseldorf, el 1 de junio de 1970.

-Encargado interinamente del Consulado en Hannover, desde el 14 al 30 diciembre de 1970.

-Secretario de primera clase, con antigüedad en la categoría de 1 de enero de 1972, el 13 marzo de igual año. En la Embajada de Túnez, el 11 de abril de 1972.

-Encargado de Negocios a. i., de la Embajada en Túnez, desde el 13 al 18 febrero de 1973.

-Secretario de primera clase en el Ministerio, el 2 de febrero de 1976.

-Encargado de Negocios a. i., de la Embajada de Túnez, desde el 8 al 20 de abril de 1976.

-Director de Asuntos Generales, en la Dirección General del Servicio Exterior, el 20 mayo de 1976.

-Consejero de Embajada en comisión, con antigüedad en la categoría de 1 de julio de 1977, el 20 de igual mes y año.

-Consejero de la Embajada, con efectividad de 1 de enero de 1978, el 30 de mayo de igual año.

-Encargado provisionalmente como director jefe de la Sección de Asuntos Patrimoniales en la Administración Central, el 6 de octubre de 1978.

-Vocal suplente del Tribunal de exámenes para admisión de alumnos extranjeros en la Sección de Estudios Internacionales de la Escuela Diplomática, el 18 de igual mes y año.

-Consejero cultural de la Embajada en Bonn, el 24 noviembre de 1978.

-Cónsul general en Guadalajara, el 24 de septiembre 1981.

-Ministro consejero en la Embajada de España en la República Federal Alemana, el 6 de julio 1983.

-Ministro Plenipotenciario de tercera clase en comisión, el 1 de enero 1985.

-Ministro Plenipotenciario de tercera clase, con efectividad el 22 de julio de 1985, el 3 de octubre de igual año. Jefe Adjunto de la Delegación Española en la Conferencia de Seguridad Cooperación en Europa, con sede Viena, el 2 de septiembre de 1987.

-Ministro Plenipotenciario de segunda clase en comisión, con antigüedad de 11 de noviembre 1988, el 12 de enero de 1989.

-Designado embajador jefe de la Delegación Española en las Negociaciones sobre Fuerzas Armadas Convencionales en Europa y sobre Medidas de Fomento de la Confianza y la Seguridad, con sede en Viena, el 3 de febrero de 1989.

-Ministro Plenipotenciario de segunda clase, con efectividad el 7 de agosto de 1989, el 23 de septiembre de igual año.

-Designado embajador de España en la República de Cuba, el 3 de mayo 1993.

-Ministro Plenipotenciario de primera clase en comisión, el 25 septiembre de 1994.

-Cónsul general de España en Montpellier, el 20 de abril de 1996. Ministro Plenipotenciario de primera clase, el 26 abril de 1996.

-Cónsul general de España en São Paulo, agosto de 2002, agosto de 2006.

José Antonio San Gil: “Siempre tuve claro que tenía que ser honesto, decir la verdad; si no dices la verdad crearás problemas a tu país”