La escritora venezolano-española Karina Sainz Borgo presentó en Madrid su libro ‘La hija de la española’

| 2 de abril de 2019, 12:23
LA HIJA DE LA ESPAÑOLA
Portada de ‘La hija de la española’.

En Venezuela, “todo se desborda: la suciedad, el miedo, la pólvora, la muerte y el hambre”. Así lo cuenta ‘La hija de la española’, el primer libro de la escritora venezolano-española Karina Sainz Borgo. De hecho, es el hambre el que ha desatado “la larga lista de odios y de miedos” en el país iberoamericano, y el que ha hecho que la gente se descubra “deseando el mal al inocente y al verdugo”, resalta Adelaida, la protagonista.

La periodista Karina Sainz Borgo nació en Caracas en 1982 y abandonó su país con 24 años, en 2006, para viajar a España, cuando “la situación en Venezuela se hizo insostenible”. Su padre y sus abuelos eran españoles y ella tiene doble nacionalidad. Para entonces ya había ejercido el periodismo en Venezuela.

A pesar de las historias de desarraigo que se cuentan en ‘La hija de la española’, el libro no deja de ser una novela de vocación literaria, una narración sobre la demolición. Entre sus 200 páginas no se lee el nombre de ningún líder político: su única aspiración es literaria.

Eso tampoco impide que la venezolana-española hable de lo que ocurre en su país natal y de lo que espera de España. Aunque insiste: esta no es una novela política, es una tragedia en todos los sentidos. Eso sí, puede ayudar a entender el drama de una sociedad “que no cabe en una campaña electoral”.

‘La hija de la española’ es una novela que se desarrolla en Venezuela, no es de denuncia política. No es reivindicativa. Aspira a provocar la misma sensación que producen libros como ‘Esperando a los bárbaros’, de Coetzee, dice Sainz Borgo. “Lo leí muy joven y me emocionó. Quería hacer una buena novela y sentía que ya tenía madurez para abordar este tema que me atraviesa, el desarraigo, estar lejos. Lo más pesado aquí es la culpa del superviviente. El superviviente tiene que sobreponerse a la violencia y a lo que le acosa y después se puede transformar. Si [la novela] es política es porque plantea una reflexión de fondo: qué pasa con el individuo en sociedades totalitarias. Algo muy grande se impone y termina desdibujándote. Si yo hubiese querido hacer una novela política habría escrito un reportaje o un libro de crónicas. La literatura te permite abordar temas complejos. Siempre he visto como algo valioso al autor que plantea obsesiones”.

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