“Se burlan de nosotros”, “somos emigrantes pero no tontos”

Colectivos de afectados por las restricciones a las ALCE se muestran indignados, pero no rendidos

“Se burlan de nosotros”, “somos emigrantes pero no tontos”. Estas frases son las más utilizadas por los padres, abuelos, amigos, profesores y alumnos implicados en la lucha contra el desmantelamiento de las Aulas de Lengua y Cultura Española (ALCE). Están indignados, decepcionados, pero no rendidos. “Es una lucha que acaba de empezar”, según manifiestan la mayoría de ellos en sus testimonios.

Colectivos de afectados por las restricciones a las ALCE se muestran indignados, pero no rendidos

“Se burlan de nosotros”, “somos emigrantes pero no tontos”. Estas frases son las más utilizadas por los padres, abuelos, amigos, profesores y alumnos implicados en la lucha contra el desmantelamiento de las Aulas de Lengua y Cultura Española (ALCE). Están indignados, decepcionados, pero no rendidos. “Es una lucha que acaba de empezar”, según manifiestan la mayoría de ellos en sus testimonios.

El ALCE es uno de los sistemas de enseñanza impartidos por el Ministerio de Educación más antiguos aunque, evidentemente, no siempre ha sido bajo el nombre de ALCE. Cuenta con unos sesenta años de historia y vio la luz gracias a esos emigrantes que lucharon para que sus hijos y descendientes no perdieran su vínculo con España, su cultura, su idioma y sus raíces.

En el exterior han sido inminentes las movilizaciones contra el desmantelamiento de las clases de las ALCE, principalmente en Francia, Alemania y Suiza pero no suficientes hasta el momento.

La pasada semana se mantuvo una reunión convocada por Educación en Madrid, con los diferentes representantes de las plataformas del CGCEE, CRE, sindicatos, padres... para ofrecer respuestas a las inquietudes sobre la ‘Nueva Resolución del ALCE’. Un gasto elevado pero innecesario y, más aún en tiempo de crisis, donde los convocados han escuchado más de lo mismo: “Se estudiará el tema”. Para sorpresa y decepción de todos, una contestación que ya estaba más que estudiada, pues el día anterior se había dado curso a la aprobación y confirmación de las instrucciones de la nueva resolución del ALCE. En definitiva, “un indignante paripé”.

Carmen Deharvengt, al firmar la petición contra el desmantelamiento de las ALCE, comentó: “Soy una emigrante española llegada a Francia en 1920. Tengo 102 años y he pedido a mis nietos que firmen esta petición y que escriban este mensaje a fin de que mis últimas nietas, de 10 y 12 años, puedan continuar beneficiándose de estos cursos y de la cultura española. En nuestra época nosotros no pudimos beneficiarnos y la cultura española ha estado a punto de perderse en nuestra familia. Doy las gracias a los profesores que han seguido transmitiendo nuestra lengua y nuestra cultura a las pasadas y futuras generaciones de jóvenes”.

Pablo López Díaz nació en Heidelberg en 1971, ya que sus padres se vieron forzados a emigrar de España a finales de los años 60. Se crió y cursó estudios primarios en Alemania. De niño sus padres lo apuntaron al programa ALCE para aprender la lengua y cultura maternas, cosa que siempre agradecerá, ya que gracias a esas clases no tuvo ningún problema cuando retornó a España y realizó una carrera allí, además de poder conocer la lengua y cultura del país donde habían nacido sus padres. En esas clases, además de lo que aprendió, lo marcó profundamente el trato con el profesor que tenía, hecho que le hizo admirar y respetar tanto a los profesores que hoy en día es la profesión escogida. Sus padres se vieron obligados a retornar a España por la crisis que se vivió en este país durante los años 90.

Pero una nueva crisis económica volvió a sacudir los cimientos de su vida; desde hace un año es uno de esos miles de jóvenes emigrantes sobradamente formados que han tenido que buscar trabajo en Alemania. Esta vez lo hizo con la familia que había creado en España. Tiene dos hijos pequeños, de 8 y 4 años, que han venido a un país del que hasta hace 10 meses desconocían el idioma, y que ahora, con mucho esfuerzo y tesón, lo hablan lo suficiente como para defenderse, pero el problema es que acabarán olvidando el español. Para que eso no ocurra, tanto su mujer como él han decidido apuntarse al programa ALCE.

El hecho de que sean dos generaciones de emigrantes españoles en Alemania es un caso muy significativo de lo que pasó hace 50 años y está pasando ahora en España a nivel político-económico. Pablo y su esposa quieren que sus hijos disfruten de esa oportunidad, de manera presencial y no a través de un ordenador y de una manera totalmente autómata, en donde no pueden practicar su idioma con su profesor o con sus compañeros, donde les falta el contacto humano, tan importante para su desarrollo.

Colectivos de afectados por las restricciones a las ALCE se muestran indignados, pero no rendidos