Opinión

La reciente inauguración, en su Celanova natal y en Melgaço (Portugal), de sendos monumentos a Xosé Velo Mosquera viene a recordarnos la figura del ilustre y poco recordado nacionalista gallego.

Teórico y práctico, Xosé Velo Mosquera, desde su exilio en Venezuela, creó la última resistencia armada contra la dictadura franquista acompañado de veteranas figuras del republicanismo nacionalista gallego, como el comandante Soutomaior (el pobrense José Fernández Vázquez), y de la resistencia contra la dictadura salazarista, como el militar portugués Henrique Carlos da Maita Galvão.

Para llegar a la formación del Directorio Revolucionario Ibérico de Liberación (DRIL), Velo Mosquera debió luchar contra infinidad de personalismos y centralismos españolistas (como los del general hispano-cubano Alberto Bayo Giroud o el gobierno republicano en el exilio). Incomprendido, decidió secuestrar el barco portugués ‘Santa María’ y tratar de llevarlo a África para levantar las colonias españolas y portuguesas contra la metrópoli.

Descabellado, audaz, valiente, temerario, íntegro. Xosé Velo Mosquera tiene un lugar preeminente en nuestro país; en ese rincón gigante de “bos e xenerosos” que esperan su turno en la historia para que alguien los rescate y los ponga en la boca y en la mente de cientos de miles de gallegos que desconocen su historia y, por lo tanto, su presente y su futuro.

Cuando todo estaba perdido, cuando nadie se atrevía a levantarse contra la dictadura franquista bendecida por Estados Unidos de América y la Organización de Naciones Unidas (ONU), cuando se daba por descontado, tal como fue, que el dictador moriría en su cama y un pueblo amnésico legitimaría lo que le ofreciesen, Velo Mosquera no deja que lo olvidemos y nos enseña un camino de vuelta a nuestros orígenes, a lo nuestro, a la lengua, a la cultura… a nuestra patria gallega. Galicia es grande por hombres como él.

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