Opinión

Tarzán en Cataluña

Xurxo Martiz | 09 de octubre de 2017

“¿Qué más quieren?” se preguntaba Fernando Savater en ‘El mito nacionalista’ (1996), refiriéndose a los vascos. “Tienen su lengua oficial, sus bailes, sus universidades… ¿qué más quieren? Creo que la pregunta correcta debería ser ¿Qué no quieren?”.
En tiempos de Francisco Franco, vascos, catalanes y gallegos tenían también sus lenguas (aunque no oficiales) que podían hablar en la calle y en casa sin problema; como bien decía Xesús Alonso Montero, no había ninguna ley expresa que las prohibiese. Sus bailes eran preservados y fomentados por el Estado, Coros y Danzas de España (dentro de la Sección Femenina de FET y de las JONS). Se podían leer libros en gallego (Editorial Galaxia se fundó en 1950) y la lista de editoriales en catalán era extensa... aun así, la situación, obviamente, no era la ideal.
Tras su aprobación en 2006, el Estatuto catalán se encontró con la oposición del Partido Popular, que presentó uno de los siete recursos al Tribunal Constitucional (TC). El PP impugnó 114 artículos, a pesar de que 14 de ellos eran idénticos a los del Estatuto de Andalucía, que nunca impugnó. El TC sentenció en 2010 otro recorte del Estatuto catalán, que se añadía a los que José Luis Rodríguez Zapatero había obligado a hacer a Artur Mas i Gabarró en 2006.
Ese mismo año el Partido Popular presentó una proposición no de ley que pedía al Gobierno socialista un referéndum en todo el Estado español sobre el Estatuto de Cataluña. Esta proposición vino acompañada de más de cuatro millones de firmas (sólo 40.000 de Cataluña), que Mariano Rajoy Brey llevó en cajas al Congreso y con las que se fotografió como quien se fotografía con un elefante recién cazado.
Contaba el filósofo político canadiense Will Kymlicka que los anglocanadienses repiten a los francocanadienses por qué no pueden ser antes canadienses que quebequenses. Esa pregunta, con trampa, ser más canadiense que quebequés, refuerza la identidad cultural y política de los anglocanadienses en detrimento de la identidad cultural y política francófona.   

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