Opinión

Soria: uno de los nuestros

Xurxo Martiz | 12 de septiembre de 2016

En la película de Martin Scorsese ‘Uno de los nuestros’ (Goodfellas, Buenos muchachos en Iberoamérica), la línea divisoria entre la vida y la muerte dependía del lugar en el que uno tuviese los amigos. El Estado español, sus instituciones, su vida política y pública tiene una larga tradición en marcar líneas, saberse ‘colocar’ y ‘colocar’ amigos.
Sin llegar a ser un Estado en el que a la gente se le hace ‘desaparecer’ físicamente (con la salvedad de todos los gobiernos españoles desde 1975 hasta el último de Felipe González Márquez) aquí siempre fue más importante el tener (amigos) que el ser.
Gran parte de la culpa de la poca progresión social de los universitarios españoles, de la incapacidad de encontrar un trabajo acorde con sus estudios, está en el hecho de tener o no tener amigos, amistades, influencias para conseguir determinado puesto... etc. Así, aquí, el paso por la universidad es adjetivo y los amigos lo sustantivo. 
Hasta la saciedad escuchamos que los miembros del Gobierno de Mariano Rajoy Brey son sus ‘amigos’ y que entre María Dolores Cospedal y José Luis Bárcenas hay una enemistad manifiesta lo mismo que entre Soraya Sáenz de Santamaría y Luis de Guindos.
Por eso, después de las mentiras reiteradas del exministro José Manuel Soria López sobre sus cuentas en Panamá, que le valieron el cargo, no es de extrañar que lo ‘coloquen’ (fallidamente) como ‘director ejecutivo’ del Banco Mundial (BM), cargo que de ejecutivo no tiene absolutamente nada, y de exigencias pocas, pues todavía debe tener amistades que se acuerden de él.
Al mismo tiempo, Rodrigo Rato de Figueredo, uno de los ‘nuestros’ también, declara en la Audiencia Nacional (AN) por la contratación en ‘Bankia’, siendo presidente, de su excuñado Santiago Alarcó por 480.000 euros anuales y de su secretaria Teresa Arellano por 374.500 euros. Al final, con ‘Bankia’ quebrada y rescatada por el Estado, sentimos que quienes no eran amigos eran los preferentistas y todos aquellos que compraron acciones de ese elefante blanco. En fin…

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