Opinión

Racismo en Estados Unidos

Xurxo Martiz | 29 de junio de 2015

El racismo tiene mil caras y mil formas de manifestarse. Hay negros racistas hacia los propios negros y blancos racistas hacia los propios blancos. Este último racismo lo llamaron lucha de clases, pero lo normal es que coincida la dominación de clase con la dominación de una raza sobre otra. Desde el venezolanísimo anuncio en la prensa “se solicita chico de buena presencia” (es decir, que no sea negro) hasta la prohibición en Brasil de poner foto en los curriculum (para evitar descartar a los negros) las sociedades multirraciales son una prolongación en sus esquemas del parto doloroso del que nacieron.
Por eso no deja de ser normal que en Estados Unidos haya ataques contra los distintos (en este caso, negros) como el ocurrido en Charleston. Es lo que en otra escala aplica Estados Unidos en su política internacional cada vez que mira para otro lado ante la masacre contra el pueblo palestino por parte de Israel o cada vez que decide escarmentar o invadir cualquier país de Asia, Oriente Medio o Latinoamérica.
El enemigo está dentro y fuera de casa. Fuera se machaca de una forma y dentro de otra. Si de verdad fuera un acto aislado, la masacre de Charleston podría pasar en Cuba, en Venezuela, en Ecuador o en Panamá, lugares en los que hay blancos y negros  y en los que se comparte una historia de esclavitud de una raza sobre otra. Pero no es así. Ninguno de los anteriores Estados posee un prontuario criminal tan prolijo como el estadounidense dentro y fuera de sus fronteras, por lo que entendemos que no es sólo un problema racial sino estructural. Por eso no es casual que sea el ejército estadounidense el encargado de mantener el ‘orden’ interno y externo del país.
Hay 6 veces más probabilidad de morir asesinado en Honduras que en Iraq. Las maras son un producto nacido en Los Ángeles, California, exportado por medio de las deportaciones de sus miembros a Honduras, Guatemala y El Salvador.
Las imágenes de diversos motines en distintas ciudades estadounidenses, tomadas por el ejército, nos recuerdan que la violencia va más allá de una estadística. Hay otra violencia, otro racismo, latente, que no aparece en ninguna parte hasta que estalla.

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