Opinión

El mismo día del inicio del juicio a los políticos independentistas catalanes que convocaron la consulta sobre la independencia y la proclamación de la República catalana, otro tribunal exculpaba a otros catalanes de haberse enriquecido en la quebrada Catalunya Caixa.

La sección octava de la Audiencia de Barcelona exculpó al expresidente de Catalunya Caixa, Narcís Serra, al exdirector general Adolf Todó Rovira y a los otros 39 miembros del consejo de administración, al considerar que no cometieron un delito de administración desleal ni de apropiación indebida cuando aprobaron un aumento de sueldo injustificado, desproporcionado e inmoral para Todó Rovira y para el que era su segundo, Jaume Masana Ribalta.

La sentencia elude entrar en “consideraciones morales” a pesar de señalar que los “sustanciosos aumentos salariales” como el aprobado en el consejo resultaban, sin duda, difícilmente digeribles por la población.

Poco importa a la justicia las valoraciones de la población. A ciertos niveles y con el código de lo que sea en la mano, la justicia administra y atiende a ‘razones’ inexplicables.

La puesta en escena del juicio del ‘procés’ con sus ropas-togas, sus incómodas mesas, su decorado inquisitorial, su “pecera” central llena de futuros culpables me recuerda al tribunal militar que, en los estertores del franquismo, juzgaba a los últimos fusilados del franquismo.

Una de las vistas se suspendió porque en ese tétrico ‘decorado’ la defensa, para ganar tiempo, había alegado que alguno de los jueces militares no tenía la reglamentaria espada... por lo que no podía ‘impartir justicia’.

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