Opinión

Masificación

Xurxo Martiz | 28 de agosto de 2017

Masificación no es sólo la sensación que nos inunda cuando intentamos subir a un vagón de metro en México DF o en Caracas. Esa masificación que tiene un origen económico, como es la imposibilidad de comprar más vagones de metro, por falta de dinero, se enfrenta a otra masificación propia del llamado primer mundo, que consiste en que todo el mundo está en todas partes porque sí hay dinero y porque la gente iguala el derecho a la asistencia sanitaria con un derecho que no es derecho, como ir a pasar un fin de semana a Londres, un crucero, subir una montaña o ir a un restaurante.

En la cultura de ‘yo me lo merezco todo’ también abundan masivamente los que saben de todo. El tema catalán, vasco, venezolano, o los recientes atentados de Barcelona inundan la opinión pública con opinadores que, por su número, parecen caraqueños tratando de subir al vagón de metro.

Masificar la información y la opinión (que no son lo mismo) desinforma. Al Gobierno del Perú o al de Egipto nunca se les ocurriría realizar campañas de turismo con las fotografías de Macchu Pichu o las Pirámides llenas de masas de turismo; en primer lugar, porque afean los monumentos y segundo, porque más de uno se lo pensaría antes de ir con tanta gente.

Nuestra sociedad es como ese reclamo de las Pirámides sin nadie que las afee: un derecho. Un derecho que creen los ciudadanos tener a disfrutar a solas de las pirámides, la educación, la sanidad, las medicinas y la asistencia sanitaria y que se ve ‘violado’ con estar esperando en una camilla en un pasillo de un hospital, en un colegio para nuestros hijos que no cumple nuestras expectativas o en una playa atiborrada.

La sociedad de consumo construyó esta masa de consumidores que lo consume todo sin importar dónde esté, para qué sirve o cómo se pone o dónde se fabricó. El consumidor en masa tiene derechos, pero quizá el único derecho que se perdió por el camino de esta sociedad de opinantes y turistas sea el de la verdad, y la verdad es esa; que desde las Pirámides y los opinadores sobre Venezuela hasta llegar a la camilla del hospital sin camas… esa es la única verdad que se nos ofrece. De nosotros depende otra verdad alternativa.

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