Opinión

Durante el breve período de tiempo en que fue oposición en Galicia, durante el gobierno del PSdeG-PSOE y el BNG, el Partido Popular (PP) acusó al BNG de adoctrinamiento por pretender que los niños aprendiesen el himno gallego (Queixume dos Pinos) en las Galescolas. Según ellos, este adoctrinamiento empezaba con el nombre de los colegios ‘Galescolas’ y continuaba con el color azul y blanco de los uniformes escolares.
Las Galescolas fueron un proyecto exitoso y novedoso de escolarización en áreas no urbanas para niños en edad no escolar obligatoria. Una vez de nuevo en el poder, el PP rebautizó las Galescolas como ‘Galiña Azul’ e hizo todo lo posible para que los niños no supiesen, tal cual los diputados gallegos del PP y del PSOE, el himno gallego.
Es llamativo que ahora ambos partidos consideren una afrenta que ciudadanos de una democracia piten el himno cuando, según lo anterior, el PP considera adoctrinamiento el aprendizaje del cualquier himno que no sea el español, que por cierto es imposible de aprender por carecer de letra.
En Francia es un clásico la pitada del himno por miles de marginales en una sociedad opulenta que sólo permite el progreso dando patadas a un balón. Cuando no están en sus inmensos bloques de las afueras comiendo comida basura, desempleados, subempleados, están quemando automóviles, alistándose a la yihad o... pitando el himno francés.
El Tribunal Supremo de Estados Unidos de América decretó a finales de los 80 que la quema de la bandera en manifestaciones pacíficas no constituye un delito, sino que es un acto protegido por la primera enmienda de la Constitución, que establece el derecho a la libertad de expresión, mientras aquí quemar una bandera española, pitar el himno o quemar la foto del rey es casi un acto de terrorismo.

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