Opinión

Gastronomía: emigración e inmigración

Xurxo Martiz | 27 de marzo de 2017

Nada menos estudiado que la influencia de la emigración en la gastronomía gallega. La emigración en masa de gallegos a América, y el retorno de muchos de ellos, hizo que la introducción de ciertas comidas preparadas y alimentos fuera de Galicia.
En muchas casas de retornados de Cuba se comían los frijoles negros con arroz blanco el fin de semana. Al arroz había quien le echaba una vinagreta, un aporte de dudoso origen. En la década de los 60 y 70 era muy difícil encontrar los fríjoles en Galicia. Los cubanos peregrinaban hasta ‘Aniceto’ en A Coruña para comprarlos. Muchos de estos ultramarinos de las medianas y grandes ciudades gallegas tenían un apartado para gente de Cuba o Argentina con productos de esos países. No era nada anormal encontrar la ginebra ‘Bolls’ fabricada en Argentina y no la original holandesa. La salsa ‘Tuco’ entró en Galicia por la Costa da Morte con los retornados de Argentina y Uruguay, y hoy cualquier gallego considera tan suyo el argentino-uruguayo churrasco como el ‘polbo á feira’.
Esta ‘importación’ de productos alimenticios que pasaron a ser de uso habitual entre los gallegos de Galicia es totalmente distinta a la llegada de latinoamericanos desde 1999 a 2005. Ninguno de los productos alimenticios de estos iberoamericanos o sus comidas preparadas ha pasado al mundo de la alimentación diaria o festiva de los gallegos.
Pese a ser muchos y muy amplia la oferta, pues en cualquier supermercado hay un pasillo de ‘productos latinos’ o restaurantes de comida iberoamericana, su consumo se restringe a los inmigrantes, ya que los gallegos (y españoles) no son nada permeables a la comida iberoamericana, con la excepción de la nueva cocina peruana, una burbuja que tiene mucho de ‘nueva’ y poco de ‘peruana’.
Mientras en cualquier país iberoamericano la inmigración gallega, canaria, italiana o portuguesa introdujo hábitos y productos alimenticios antes inexistentes (el consumo de pan o gofio en Venezuela, o de guacamole en Estados Unidos de América, por ejemplo), Europa es renuente a cualquier cambio. Recientemente, productos tan normales en la dieta peruana como la quinoa revolucionaron la industria alimenticia más por sus propiedades intrínsecas que por su valor culinario, y es que los hábitos alimenticios occidentales actuales, de culto al cuerpo y a la salud como máxima expresión de la ‘felicidad’ hacen que millones de españoles en masa consuman un producto reservado para la dieta infantil en el Perú.

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