Opinión

(…) que cuando la levantas está llena de suciedad. Allí también ‘gozaron’ de una ‘transición modélica’ como la de los españoles que tanta inestabilidad nos está dando varias décadas después.

La transición hacia ninguna parte en lo que es hoy el primer país-probeta del mundo. Experimentos económicos, sociales, jurídicos, educativos… Chile los tiene todos. Mientras la gente que está dentro de la probeta-país sufre sus consecuencias. 

Chile es un país en el que el presidente (Sebastián Piñera Echenique) es un comerciante millonario y sus ciudadanos sufren una de las desigualdades en distribución de ingreso más distanciadas de Latinoamérica: el 20 por ciento más beneficiado recibe 13,6 por ciento de los ingresos del 20 por ciento más pobre. En 2015 esa relación era 11,9 veces, según nos explica Sebastián Fest en ‘El Mundo’.

Pero no son sólo los pobres los que sufren ese modelo económico que los desposee de dinero, oportunidades y los condena al inmovilismo social. Las clases medias que deben costearse la salud, la jubilación y la educación de sus hijos, además del ‘lujo’ de comer y pagar servicios básicos no dan para más.

Se levantó la bonita alfombra que es Chile y salió toda esa ‘mugre’ que llaman gente. El presidente-millonario Piñera Echenique no tuvo una mejor ocurrencia que irse a cenar pizzas, mientras Santiago y gran parte del país era un polvorín, y declarar el Estado de excepción dándole el mando al general Javier Iturriaga del Campo, una vez más, para que se sepa bien claro quién manda allí y poder seguir manteniendo, como diría Chomsky, la ‘chusma a raya’.

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