Opinión

La ofensiva que actualmente llevan a cabo las milicias yihadistas del Ejército Islámico de Irak y del Levante (EIIL) hacia Bagdad y otras ciudades iraquíes, ha desnudado una realidad prácticamente oculta para la mayor parte de la opinión pública: la presencia de europeos de origen musulmán en algunas de estas milicias, reclutados durante los últimos meses en países como Francia, Bélgica, Gran Bretaña o Alemania, entre otros.
Según la consultora Soufan Group, el número de yihadistas ‘europeos’ en el EIIL (una facción aparentemente autónoma dentro de la red Al Qaeda, presuntamente originada entre Siria e Irak) puede alcanzar las 3.000 personas. En los últimos días, principalmente en la prensa española, se ha venido publicando la detención de cazadores de yihadistas entre diversas células establecidas en Europa, como foco de reclutamiento de estos combatientes. Ampliando el radio de actuación, al parecer se han encontrado yihadistas de EEUU y Australia en el EIIL.
Un aspecto curioso del EIIL es que ha recibido apoyo financiero y logístico por parte de Arabia Saudita, Qatar y Turquía, en su afán por acabar con el régimen de Bashar al Asad en Siria. Tras más de tres años de guerra, el régimen de al Asad ha recuperado prácticamente el control de una buena parte del país, mientras la desbandada de las desunificadas fuerzas rebeldes ha considerado el repliegue hacia el Este sirio y la porosa frontera con Irak. Aquí es donde el EIIL ha concentrado su radio de actuación, apuntando hacia el eje sunnita iraquí y el Kurdistán al norte del país árabe.
Es posible que el fracaso en derribar al régimen sirio y la paulatina retirada militar estadounidense de Irak, aspectos que al mismo tiempo confirman el fracaso de Washington en pacificar la región tras la invasión a Irak en 2003, son factores que han persuadido aún más al EIIL a afianzar su estrategia de crear un Califato sunnita en ‘tierra de nadie’ entre Siria e Irak. Pero su apuesta yihadista moverá las fichas geopolíticas en Oriente Medio, en particular de países con directos intereses como EEUU, Irán, Turquía, Arabia Saudita e incluso Israel, de quien se asegura apoya y financia a las milicias kurdas en el Kurdistán iraquí, rico en yacimientos petroleros e hidráulicos.
La presencia de yihadistas europeos es un factor adicional que refuerza la crisis existente, incrementada por la acción de combatientes con experiencia en las guerras yihadistas en Afganistán, Chechenia, Bosnia e incluso Libia y Argelia. Y una muestra de que la “guerra contra el terrorismo”, con sus violaciones de derechos humanos e impunidad, se ha convertido en un factor tan pernicioso como la ‘yihad’ global de la multinacional Al Qaeda y sus repartidas filiales a nivel mundial.

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