Opinión

Por tensa e incierta, la campaña electoral estadounidense 2016 no deja de ser inquietante. Primero, por el protagonismo de un grotesco personaje como Donald John Trump, cuya posibilidad de llegar a la Casa Blanca da muestra del declive estadounidense. Y segundo porque una mujer tan inteligente que por décadas se ha preparado concienzudamente para llegar a la Presidencia, como es el caso de Hillary Rodham Clinton, vea amenazada esta posibilidad por un bufesco ‘outsider’ que ha hecho del racismo y del sexismo su modus vivendi en la campaña electoral.
Lo más inquietante de los comicios 2016 es la pobreza del discurso político, lo cual ampliado a una perspectiva más global, da a entender el declive de la política. Ni Hillary ni Trump despiertan entusiasmos en una sociedad cada vez más compleja y heterogénea, donde precisamente los factores de género e inmigración han dado un vuelco a un electorado que al parecer no se siente políticamente representado con la oferta existente. 
Hillary representa el establishment, las élites de Washington, hoy desfasadas y fustigadas por una buena parte de la masa social y por un candidato como Trump que es el buque insignia de la globalización neoliberal. Esa misma globalización que, de algún u otro modo, ha llevado al mundo a la crisis actual. No hay, por tanto, escapatoria visible a corto plazo en la política estadounidense. Muy mal tienen que estar las cosas para que Hillary no termine de convencer y Trump siga siendo una opción.
Las elecciones de 2016 pueden marcar, por lo grotesco e inaudito, un punto de inflexión en la política estadounidense. Durante años se ha venido hablando de la necesidad de reforma del sistema político y electoral, hegemonizada por un bipartidismo inamovible entre demócratas y republicanos que ya se muestra incapaz de ofrecer soluciones a una sociedad cambiante. Si Trump en sí se ha convertido en una falaz alternativa, su populismo grotesco es una auténtica trampa para EE UU y el mundo. Y para EE UU, estas elecciones deberían representar la necesidad de reformular un nuevo consenso nacional.

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