Opinión

Lunes 13 de julio. Bruselas. En medio del torbellino causado en Europa por la negativa griega, a través de un referéndum popular, de aceptar incondicionalmente las draconianas políticas de la ‘troika’, el primer ministro griego Alexis Tsipras se ve finalmente obligado a aceptar todas las condiciones impuestas por esa misma ‘troika’, cuyo poder definitivamente socava cualquier iniciativa ciudadana. De este modo, se acepta un tercer ‘rescate’ financiero para Grecia a costa de doblegar políticamente a su gobierno, evitando así mayores sanciones y la ‘temida’ salida griega del Euro.
Lunes 13 de julio. Viena. EE UU e Irán acuerdan las condiciones del pacto nuclear por el que Teherán renuncia a una buena parte del enriquecimiento de uranio a cambio de una disminución “sustantiva” de las sanciones impuestas desde 2003 por la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA).
Curiosamente, en ningún momento, Occidente ha realizado este mismo proceso con otras potencias nucleares aliadas, como Israel y Pakistán, exentas de cualquier presión, sanción o negociación. Porque el programa nuclear es una condición estratégica de defensa nacional ineludible para un país como Irán, cercado y asediado en diversos frentes, precisamente en el corredor geopolítico que va desde Asia Central (Pakistán e India), el Golfo Pérsico (Arabia Saudita, Qatar) hasta Oriente Próximo (Israel) y Occidente.
Dos procesos paralelos, los de Grecia e Irán, donde Occidente da a entender la magnitud de su poder. Es la estrategia definitiva del palo sin necesidad de zanahoria, de “ajustar cuentas”, de “meter en cintura” al que se rebela, de no escuchar alternativas. Para el núcleo duro de la Unión Europea, cuyo epicentro en Berlín y su baluarte es la canciller Ángela Merkel, la única “solución” para Grecia pasa por reforzar el poder de la ‘troika’ con la finalidad de “ajusticiar” a una ciudadanía que días atrás dio una lección de democracia al votar en contra de esas medidas. Así, ni la UE ni la ‘troika’ se toma la molestia de reflexionar sobre las dramáticas consecuencias sociales de sus políticas.
Tsipras se ve ahora envuelto en un laberinto político dentro de su propio partido, Syriza, y de sus aliados políticos, debido a que debió claudicar aceptando todas las condiciones que prometió evitar. Con ello, muy probablemente abrirá las compuertas de una crisis política que quiebre la solidez de Syriza, una consecuencia colateral muy probablemente apetecida por la ‘troika’.
Con respecto a Irán, no deja de ser casualidad que el pacto nuclear, pieza clave de la estrategia ‘aperturista’ de Barack Obama hacia Teherán cuyo objetivo es desentenderse de Oriente Próximo para concentrar su atención estratégica en China y Asia-Pacífico, se acelera casi sobre la hora en el marco de otro proceso paralelo: el de la apertura diplomática con Cuba, realizada el 20 de julio, con el intercambio oficial de apertura de embajadas. 
Dos procesos, Irán y Cuba, que Obama quiere dejar bien atados antes de finalizar su mandato en enero de 2017. Todo ello sin perder de vista el interés geoestratégico por Grecia y el temor occidental a observar un potencial viraje de Atenas hacia actores incómodos como Rusia y China. De allí el tácito apoyo de Washington a las condiciones de la ‘troika’ y su ‘alivio’ al observar cómo Tsipras se veía obligado a aceptarlas.
Durante años en el caso iraní y durante meses en el griego, se ha escuchado y leído hasta la saciedad en diversos medios de comunicación y otros tantos políticos sobre el presunto “chantaje” de Teherán y Atenas hacia las “ofertas” occidentales. Hoy, esos mass media se congratulan por el ‘triunfo’ de Occidente en Grecia e Irán, evitando así caer en sus respectivos “chantajes”. Viendo lo sucedido en los procesos paralelos ocurridos el pasado lunes 13, sólo cabe preguntar: ¿quién es realmente el que chantajea?

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