Opinión

Sáhara y el silencio español

Roberto Mansilla Blanco | 04 de enero de 2021

El Frente Polisario anunció a mediados de noviembre que retomaba la lucha armada contra Marruecos. Se acaba así con casi treinta años de frustración tras el alto al fuego de 1991 propiciado por la Organización de Naciones Unidas (ONU), y que llevó a millares de acuerdos de paz finalmente infructuosos.

Ante esta situación, es notoria la inacción española. ¿Qué hace el gobierno de Pedro Sánchez ante el drama saharaui? Venderle armas a Marruecos, ese socio estratégico que conviene tener contento, tanto para Madrid como para Europa, a fin de que contribuya a parar la sangría migratoria subsahariana. Y para que, simultáneamente, colabore con cualquier operación ‘anti-yihadista’ en suelo español, porque muchos de los ‘yihadistas’ que llegan a Europa vienen del Magreb.

Madrid sigue apostando por su diplomacia diligente con Rabat y precaria con la causa saharaui, sin visos de dar un golpe en la mesa que obligue a retomar las negociaciones e impulsar un acuerdo de paz definitivo y justo. Desestima ‘off the record’ asistir a un pueblo saharaui que reclama por su derecho a la autodeterminación. La geopolítica trazada por la realpolitik es más poderosa. Y los negocios, armamentísticos en este caso, son jugosos.

Por eso, el Estado español está en deuda moral con el pueblo saharaui. Y siguen así las preguntas: ¿qué hace Madrid para impulsar una legítima negociación que reconozca el estatuto oficial y legítimo de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), un Estado de facto reconocido por más de 50 países miembros de la ONU? ¿Apuesta por la diplomacia o más bien por la continuidad de un conflicto para no ‘irritar’ al incómodo, pero estratégicamente importante vecino marroquí?

Debe recalcarse que el Sáhara es un “territorio no autónomo” que está en proceso de descolonización por parte de la ONU. Por tanto, España sigue siendo la potencia administradora de este territorio. Así, la diplomacia española debe ser, si cabe, el actor principal para dar solución a este asunto vía ONU.

Pero no, la experiencia de estas tres décadas a vista de pájaro al fuego es que España no es el actor protagónico. O no le interesa. Su papel ‘diplomático’ fue ocupado por Estados Unidos de América y otras veces por Francia, si cabe con intereses más dóciles con la monarquía alauita marroquí.

Pero es que incluso ahora Donald John Trump, de salida de la Casa Blanca, le quita a España y Europa cualquier iniciativa reconociendo la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental, declarando que la RASD “no tiene sentido” y propiciando una posible normalización de relaciones entre el reino marroquí y el Estado de Israel, piedra angular de la política exterior ‘trumpiana’.

El 2020 de la pandemia finaliza con tensiones bélicas en diversas áreas del planeta. Durante tres meses, en el enclave armenio de Nagorno Karabaj se retomó un conflicto estacando que dejó un millar de muertos. Mientras el mundo asistía impávido a la ‘telenovela’ de las elecciones americanas, Etiopía volvía a diluirse en su guerra civil, toda vez su presidente, curiosamente un expremio Nobel de la Paz, anunciaba el retorno de las hostilidades.

El Sáhara, tantas veces silenciado y vilipendiado por las grandes potencias, vuelve a la guerra. Así finaliza este 2020. ¿Qué nos esperará entonces el 2021? 

A todos los lectores les deseamos una Feliz Navidad y que el 2021 sea distinto en todos los aspectos. Mucha salud para todos.

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