Opinión

Recuerdos de la ‘guerra fría’

La suspensión por parte del presidente estadounidense Barack Obama de una visita a Moscú prevista para comienzos de septiembre, deja claro que entre Washington y Moscú se ha abierto una especie de ‘guerra fría’ cuyo epicentro fue el asilo otorgado por Moscú al informático Edward Snowden, solicitado por EEUU para enjuiciarlo por razones de seguridad de Estado.

En perspectiva, esta crisis ya estaba anunciada aunque tampoco nada parece indicar que será duradera. Obama y Putin, o más bien EEUU y Rusia, difieren en cuantos aspectos de geopolítica y seguridad existen actualmente en el escenario global. Siria, Irán, escudo antimisiles, derechos democráticos en Rusia, el papel de China, los BRICS, la seguridad en Asia-Pacífico, todos ellos son escenarios neurálgicos para Washington y Moscú, abiertamente las dos únicas potencias que siguen teniendo una política global, a la espera de la anunciada hegemonía que se espera tendrá China a partir de las próximas décadas.

Como la realpolitik casi siempre manda, Obama y Putin se verán las caras en la Cumbre del G-20 en San Petersburgo a mediados de septiembre. Para entonces, el ‘caso Snowden’ será una piedra en el zapato que atosigue en la medida en que Washington inaugure una nueva arquitectura de seguridad a través del escudo antimisiles, la expansión de la OTAN y la pérdida de prioridad defensiva para Europa en detrimento de Asia-Pacífico e incluso Asia Central. Allí, la actual ‘guerra fría’ entre EEUU y Rusia tendrá seguramente un incómodo contendor, una China que recela de las maquinaciones de Washington y Moscú.

Para quienes piensen que la mentalidad de ‘guerra fría’ se acabó con la caída del Muro de Berlín en 1989 y la disolución de la ex URSS en 1991, aquí queda esta crisis entre Obama y Putin. No es la primera ni tampoco será la última porque a la potencia que perdió su supremacía (Rusia como heredera de la URSS) y quiere recuperarla aunque sea simbólicamente, se le suma la perspectiva de la actual potencia que ve amenazada su hegemonía global (EEUU) y que obviamente no quiere perderla (al menos no ahora) especialmente ante el ascenso de una hipotética nueva hegemonía (China) El cóctel es bizarro, enredado y explosivo porque hay mucha pólvora en esos arsenales.

 

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