Opinión

El pacto del Muro

Roberto Mansilla Blanco | 21 de marzo de 2016

La Unión Europea (UE) y Turquía acaban de sellar un inédito pacto: frenar la masiva llegada de refugiados a Europa para confinarlos en territorio turco, expulsando a los inmigrantes ilegales que actualmente están deambulando por Europa.
A cambio, Turquía obtiene sus ganancias: 3.000 millones de euros más a partir de 2018, de los ya recibidos en noviembre pasado, cuando la canciller alemana Ángela Merkel y el presidente turco Recep Tayyip Erdogan comenzaron a fraguar este pacto. Pero las ventajas mayores para Turquía serán en materia de exención de visados para sus ciudadanos en la Zona Schengen, y de alcanzar el histórico objetivo de acelerar su ingreso en la UE.
El pacto coincide con dos sucesos colaterales. La victoria electoral de la ultraderecha Alternativa por Alemania en los comicios en tres lander alemanes, haciendo del “no a los refugiados” su bandera electoral. Y, al mismo tiempo, el anuncio del presidente ruso Vladimir Putin de dar por finalizada la misión militar rusa en Siria.
Son muchas las ONG que han clamado por retirar el premio Nobel de la paz para la UE ante un pacto que viola todas las convenciones existentes en materia de asilo y derechos humanos, incluida la propia normativa comunitaria. Pero este contexto ya se veía venir y más cuando ya parece sellado el destino de una Siria desangrada y dividida, toda vez la necesidad imperiosa para la UE de alejar el fantasma de los refugiados hace colocar ahora a Turquía como el “gendarme necesario”.
Definitivamente, Europa ha levantado en Turquía su particular Muro. Puede, casi con certeza, que también haya esculpido el final del proyecto europeo.

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