Opinión

La mayor redada anticorrupción en la historia de España, que se ha saldado con la detención de 51 cargos públicos, ediles, empresarios y otros pertenecientes a una red de corrupción con epicentro en la Comunidad de Madrid, abre un compás político sumamente complejo a las puertas de comicios municipales y generales pautados para el 2015.
Esta operación no viene sino a confirmar el establecimiento de una estructura paralela de poder, donde la corrupción se ha erigido como un leitmotiv político. La Operación Púnica ocurre igualmente en contextos decisivos para la política española: las secuelas del caso Bárcenas y del caso Pujol, el ascenso de intención de voto para Podemos y la desarticulación del referendo soberanista catalán. Por no hablar de los casos de ébola que han mantenido en vilo a la opinión pública española.
El contexto complica aún más el panorama para el gobierno de Mariano Rajoy Brey y del Partido Popular (PP), atrapados por unos escándalos de corrupción que erosionan sus márgenes de maniobra de cara a los comicios municipales de mayo próximo y las generales pautadas para noviembre de 2015.
Si la crisis socioeconómica ya es suficientemente problemática, la verdadera crisis española parece identificarse ahora en una red de corrupción que carcome las estructuras misma del poder.

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