Opinión

El Muro

Roberto Mansilla Blanco | 13 de febrero de 2017

Mucho se habla del Muro de Donald John Trump en la frontera con México. Su impacto mediático y político ha provocado roces diplomáticos y estupor en la opinión pública. Como era previsible, Donald J. Trump se movió por su proverbial estridencia manifestada en la campaña electoral. Y todo parece indicar que, pese a las medidas judiciales contrarias a esa decisión y a su igualmente polémica orden ejecutiva de eliminar la entrada de ciudadanos de algunos países islámicos, no está dispuesto a dar marcha atrás.
El Muro es la piedra angular de la incógnita en torno a la ‘Doctrina Trump’. Pero no es el único caso. Hay Muro mediterráneo en Ceuta y Melilla, cada vez más extensivo en el sur de Europa (Grecia y Turquía), principalmente desde que en 2015 apareció un no tan nuevo pero sí visiblemente incómodo actor: los refugiados. 
Mucho se ha hablado también del Muro mexicano en la frontera con Guatemala, para evitar el tránsito de inmigración ilegal centroamericana. También en Malí y otras partes del Sahel africano, como antesala del muro mediterráneo. O de aquel Muro entre Israel y Palestina, construido por el desaparecido Ariel Sharon, claramente violatorio del Derecho Internacional Público (DIP).
Resulta curioso que, tras la caída del Muro de Berlín (1989) y la consolidación del mundo de la globalización (¿o quizás ya de la ‘post-globalización’?), son precisamente los muros los que se están alzando. Por acción u omisión, estamos construyendo un mundo de muros. Monopolios, proteccionismo económico, populismos de todo tipo, hegemonías post-modernas, indiferencia e incomprensión, todo es una deliberada construcción de muros de contención que, irónicamente, fomentan más bien la inseguridad. 
Puede que el anunciado Muro de Trump sea significativo y simbólico del final de una era, y la certificación más fehaciente del comienzo de otra era, más preocupante. Ya lo dijo el propio Donald Trump: “el mundo está en apuros y vamos a enderezarlo”. Sólo que para enderezarlo parece necesario apelar al muro, a la confrontación, a la diferencia. Quién sabe si el propio Trump no terminará pasando apuros con ese muro.

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