Opinión

El impacto político que ha causado el derribo del avión MH17 de Malaysia Airlines sobre la localidad ucraniana de Donetsk, escenario del enfrentamiento entre fuerzas ucranianas y rebeldes prorrusos, vuelve a colocar al pulso entre Rusia y Occidente como un móvil inevitable de la geopolítica global, no sólo euroasiática.
Las sanciones estadounidenses a Rusia antes del accidente aéreo, el tira y afloja de acusaciones entre Kiev y Moscú y la ya frontal presión del premier británico David Cameron, de la canciller alemana Ángela Merkel y del presidente francés François Hollande contra el Kremlin, dejan al gobierno de Vladimir Putin en un callejón con escasas salidas, tomando en cuenta que, desde diversos ángulos, las acusaciones apuntan a que los rebeldes prorrusos ordenaron el derribo del avión vía misil.
Como suele suceder en estos casos, las especulaciones intensifican la confusión. La presencia de expertos de la lucha contra el SIDA en el avión malasio apunta a conspiraciones de todo tipo. Del mismo modo, el hecho de que el trayecto del MH17 de Amsterdan a Kuala Lumpur, capital malasia, pasara precisamente por una “zona de guerra como Donetsk y el Este ucraniano”.
Los obstáculos presentados por milicias rebeldes prorrusas en la zona del siniestro a la misión de la OSCE para verificar e investigar lo sucedido, junto al misterio en torno a quién posee la caja negra, son las evidencias de que este caso corre similar al famoso caso ocurrido en 1983 con el avión de Korean Airlines secuestrado por las autoridades soviéticas en territorio de Asia Central, y que provocó una silenciosa confrontación bipolar entre Moscú y Washington que, según diversos expertos que han estudiado el caso, estuvo a punto de provocar un enfrentamiento directo.
Sea quien sea el presunto autor, las especulaciones arrojan a que el mismo podría haber actuado por su cuenta. Parece poco probable que Moscú o Kiev o cualquier otro gobierno emitieran una orden directa para derribar el avión. El secretismo y las presiones de los rebeldes prorrusos, en particular de su autoproclamado líder separatista en Donetsk, Alexandr Boródai, da a entender que existen variables aún desconocidas, donde la desconfianza es la única garantía. Es posible que el caso MH17 se convierta en el primer misterio de la nueva guerra fría entre Moscú y Occidente.

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