Opinión

El domingo 25 de enero se celebraron las elecciones generales en Grecia, crónica de esta columna que se escribe unos días antes de estos comicios políticamente estratégicos tomando en cuenta el momento que vive Europa. Por lo tanto, esta columna analiza un contexto post-electoral sin conocer los resultados de la misma.
Independientemente de los resultados, los comicios griegos son sintomáticos de lo que sucede en Europa. De no haber sido por el infame retorno del yihadismo con los atentados en París y la alerta de máxima seguridad a nivel europeo, con la caza de yihadistas en Bélgica y otros países, Grecia sería la protagonista indiscutible de comienzos de 2015.
El favoritismo electoral que las encuestas le da a la izquierda de Syriza liderada por Alexis Tsipras ha provocado un terremoto político a nivel europeo, que ha dejado en entredicho la calidad democrática en el seno de la UE. Como ocurriera con los pasados comicios de 2012, pocas veces el eje de poder en la UE, llámese Berlín y la troika dirigida por la Comisión Europea y el Banco Central Europeo (además del FMI), han presionado de manera tan insultante a un electorado como el griego, azotado por cinco años de crisis, recesión y tutelaje que han provocado un país económicamente hipotecado para los próximos años.
Las presiones europeas por sacar a Grecia del Euro si Tsipras y el Syriza ganan son una muestra de las deficiencias democráticas de una Europa polarizada, donde los populismos y la demagogia de diversa índole ideológica y política, comienzan a medrar en su seno. No hay que olvidar que la extrema derecha griega en manos del partido Amanecer Dorado, es otro de los beneficiados de esta crisis y de la humillación recibida por la sociedad griega en los últimos años.
Las denuncias de Tsipras contra la troika, incluso amenazando con no pagar una deuda cuyas raíces no se limitan única y exclusivamente a la mala gestión económica de la clase política griega sino también a la permisividad de esa misma troika que hoy los condena, son una muestra de que Grecia puede ser un elemento referente para los cambios políticos que pueden venir en el resto de Europa.
Cambios que, como indica el propio Tsipras, señalan a Podemos en España, bajo el liderazgo de Pablo Iglesias, la fuerza política alternativa que amenaza con romper el bipartidismo de un establishment agotado. El sendero puede continuar en Italia e incluso Francia, actualmente consternada por los atentados terroristas yihadistas, y donde la extrema derecha del Frente Nacional comienza a consolidar sus posiciones políticas y sus opciones electorales para las presidenciales de 2017.
Está por ver en qué medida se puede argumentar que la actual legislación antiterrorista en curso en la Unión Europea a raíz de los atentados de París y la amenaza de células yihadistas en el continente puede presuntamente influir en el contexto político y electoral en curso. Con todo, Europa parece intentar trazar un nuevo curso político tras las elecciones griegas.

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