Opinión

¿El final de la UE?

Roberto Mansilla Blanco | 23 de septiembre de 2013

En su primer discurso como nuevo monarca, el rey holandés Guillermo cuestionó la viabilidad del estado social del bienestar al aducir la necesidad de crear un “sistema más participativo”, sin dar pistas sobre qué quiere decir con esto. Su discurso parece hacer migas con la política de austeridad defendida por la canciller alemana Ángela Merkel, cuya hegemonía política está anunciada ante su muy probable reelección en los comicios generales alemanes del domingo 22.
El ‘Discurso del Rey’ neerlandés es una apología a la previsible ‘nueva Europa’ de la privatización, la austeridad y la precariedad. Incluso la extrema derecha holandesa parece beneficiarse políticamente de este discurso ya oficial, tomando en cuenta que la crisis económica ha golpeado seriamente la solidez del estado social del bienestar europeo. Un foco de ataque de esta extrema derecha es, obviamente, la inmigración en Europa.
La posguerra europea desde 1945 que vio nacer a la hoy alicaída Unión Europea ha logrado contener los conflictos sociales, nacionales y políticos gracias a la instauración de políticas sociales y una visión socialdemócrata, muy probablemente diseñada para contener el eventual apoyo ciudadano al comunismo soviético. Los países nórdicos fueron los que tomaron la iniciativa en cuanto a políticas sociales para expandir este sistema en el resto de Europa, del cual se han beneficiado los países menos desarrollados del Sur del continente a través de fondos europeos para el desarrollo.
Se puede argumentar, con cierto nivel de legitimidad, que la bonanza económica europea ha propiciado la consolidación del estado social del bienestar, y que la crisis instalada desde aproximadamente 2008 ‘no da’ para seguir manteniendo este sistema social. Si lo que viene es la austeridad que engendra la precariedad, serán las nuevas elites europeas las beneficiadas en contra de una ciudanía económicamente pauperizada y frustrada, y demográficamente en picado.
Todo ello parece ir anunciando el estado de defunción de la UE tal y como hasta ahora se conocía. La incógnita se cierne ante una parálisis política que puede alentar los populismos más aventureros y una fragmentación ya no sólo social sino incluso política y nacional, a tenor de las legítimas reivindicaciones separatistas en diversos territorios (Escocia, Catalunya, Flandes, etc), cuestionando la legitimidad del Estado-Nación tradicionalmente conocido. Puede que el discurso del rey Guillermo sea la primera advertencia oficial del acta de defunción de la UE.

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