Opinión

En los últimos meses ha sido prolífica la aparición de novedades editoriales referentes a un período sumamente convulso pero igualmente decisivo para la historia europea. Es el denominado históricamente “período de entreguerras” acaecido entre 1919 y 1945, donde Europa vivió una vertiginosa secuencia de acontecimientos: las dos guerras mundiales (1914-1918 y 1939-1945), la caída de imperios (Rusia zarista, austro-húngaro, otomano), la revolución bolchevique y la formación de la URSS (1917-1922), el ascenso del fascismo y del nazismo (1922-1945), el crack bursátil de Wall Street y la gran depresión (1929), la guerra civil española (1936-1939) o la ‘guerra fría’ y la era atómica, entre tantos otros. 
En el fondo, esta etapa definió el declive de la ‘vieja Europa’, la paulatina sustitución del viejo orden aristocrático por una sociedad de masas, proletaria y burguesa, cosmopolita y conflictiva, donde los avances científicos y tecnológicos auguraban con esperanza una nueva era que, inesperadamente, también dio como resultado acontecimientos tan dramáticos como terribles, trágicamente simbolizados en Auschwitz o el Gulag soviético.
Entre estas novedades editoriales que interpretan esta época destaca el voluminoso estudio del prestigioso historiador británico Ian Kershaw, Descenso a los infiernos: Europa 1919-1949 (Editorial Crítica, 2016) Kershaw, célebre por sus biografías y estudios sobre Hitler y el nazismo, analiza esta turbulenta etapa con un muy posible cariz aleccionador y de advertencia. Como él mismo definió, “en el siglo XX, Europa realizó un descenso de ida y vuelta a los infiernos”.
¿A qué se debe, por tanto, este revival del revisionismo histórico europeo? ¿Vive la Europa actual un momento similar a ese período de entreguerras que le llevó a transitar “por los infiernos”? Kershaw no ofrece un manual didáctico orientado a potenciar las señales de advertencia pero su análisis no es menos clarificador en ese sentido. Considera que Europa vive una crisis de identidad y ese temor se reproduce en muchas de sus actitudes. Y el momento actual es, por tanto, preocupante y confuso, peligroso caldo de cultivo para todo tipo de extremismos, posmodernos o ‘post-europeístas’. 

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