Opinión

Europa sin Fidel

Roberto Mansilla Blanco | 12 de septiembre de 2016

Coincidiendo con la onomástica del histórico líder cubano, estos días igualmente se celebra de manera oficial la primera década sin Fidel Castro Ruz al frente del Estado cubano. Su sucesión en manos de Raúl Castro ha dado un giro vertiginoso en el curso histórico de la revolución cubana. Un giro del cual ha estado visiblemente ausente Europa, quizás por su escasa capacidad de influencia política.
No es que la Unión Europea no esté participando en el proceso de apertura cubano. Cuando menos, ha abandonado la ‘doctrina Aznar’ que durante la década anterior dominó el estado de las relaciones cubano-europeas: la del aislamiento del régimen cubano ante la ausencia de libertades políticas. Si bien ha cambiado esta doctrina, la posición de Bruselas ha sido claramente a reacción de otras iniciativas, especialmente de aquellas impulsadas entre Washington y La Habana. Incluso el Vaticano ha tenido un papel igualmente preponderante en esta apertura. 
No se sabe hasta dónde llegarán las reformas de Raúl en Cuba. Lo que sí parece cierto es que la Cuba de hoy cambiará significativamente de lo que fue en más de cinco décadas de revolución. Y el cambio principal se verá en la próxima sucesión política dentro del Partido Comunista de Cuba (PCC) pautada para el próximo Congreso de 2018, en el cual Raúl ya anunció que no estará. Ello finiquitará, cuando menos simbólicamente, la generación histórica de la Sierra Maestra, abriendo los espacios de participación para las nuevas generaciones ya institucionalizadas dentro del PCC, que dirigirán el destino del país bajo una dirección orgánica y colegiada.
La apertura económica y en las relaciones exteriores, intensificadas con la actual normalización diplomática con Washington, permitirán a Cuba reinsertase en el contexto internacional, toda vez la sincronización que se prevé entre una economía planificada y otra de libre mercado se realizará gradualmente, quizás siguiendo parámetros de referencia como los modelo chino y vietnamita. Otro aspecto serán las repercusiones sociales, a tenor de las dificultades emanadas de un sector rural escasamente industrializado, de una economía poco competitiva y diversificada y de los problemas demográficos determinados por la cada vez más evidente ralentización de la tasa de natalidad.  
Europa parece ausentarse de todos estos procesos, sólo como comparsa de iniciativas exógenas que reafirman su disminuido peso e influencia. Una década después de Fidel, mientras Cuba da pasos para el cambio, Europa se sumerge en la crisis.

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