Opinión

El mayo francés

Roberto Mansilla Blanco | 08 de mayo de 2017

Cuando esta columna se publique este lunes 8 de mayo, ya se sabrá quién ha ganado la segunda vuelta de las elecciones francesas. De allí saldrá quién detentará la Presidencia gala hasta el 2022. Los sondeos dan una ventaja al candidato liberal Emmanuel Macron por encima de la extrema derecha de Marine Le Pen. Pero sea cual sea el resultado, las lecciones del proceso electoral francés serán decisivas para los próximos años.
En primer lugar, la progresión de Marine Le Pen y del Frente Nacional. Independientemente de si gana la segunda vuelta y se convierte en la primera mujer en ocupar el Palacio del Elíseo, Le Pen ya ha logrado una estratégica victoria política. A sus 48 años ha logrado cohesionar al Frente Nacional como un partido más flexible de la imagen que ha proyectado durante años a través de su tradicional electorado. No son skinheads ni fuerzas paramilitares de choque los que gobiernan este partido. Le Pen se proyecta como una líder posmoderna que mueve un electorado frustrado con el establishment elitesco y la oferta política existente. Un ‘efecto Trump’ a la francesa.
El efecto Le Pen salpicará al establishment desacreditado que representa Macron, la apuesta de la Unión Europea para evitar un descalabro de consecuencias imprevisibles. La propia Marine ya lo ha dejado claro en el último debate electoral: la presidencia francesa se debate entre dos mujeres: yo y Ángela Merkel, en referencia a la preferencia de las elites europeas por Macron.
Macron proseguirá una tecnocracia gris sin piso político, a diferencia de Le Pen. Y aquí destaca el descalabro de la atomizada y anonadada izquierda francesa. Las elecciones 2017 confirman el final de la V República monopolizada por gaullistas y socialistas. Incluso la alternativa anticapitalista de izquierdas de Jean Luc Mèlenchon es una bisagra incierta. Muchos de sus votantes bien pudieron decantarse por Le Pen en la segunda vuelta.
Francia es el microcosmos del laberinto europeo. Con el Brexit en marcha y un 2017 electoralmente decisivo, la segunda vuelta de las presidenciales francesas da la sensación de final de época. Gane o no ahora, Le Pen está construyendo su proyecto 2022. Puede que esa fecha ya sea muy tarde para la Unión Europea. Y puede que sus raíces estén en este extraño mayo francés.

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