Opinión

La visita del presidente cubano Raúl Castro Ruz a París para reunirse con su homólogo francés François Hollande, justo después de la visita del presidente iraní Hassan Rouhaní a la capital francesa, revela una serie de mecanismos diplomáticos que parecen abrir nuevas perspectivas geopolíticas desde Oriente Medio hasta Iberoamérica.

Curiosamente, mientras Castro Ruz obtenía en la capital francesa los créditos suficientes para una reapertura de relaciones entre La Habana y París, representantes de la oposición venezolana instaban en Bruselas y Estrasburgo ante las instituciones comunitarias europeas a monitorear la crisis venezolana, punto de quiebre y de posible agravamiento en las relaciones hemisféricas, en la cual Cuba e Irán aparecen como factores colaterales.

La visita de Rouhaní a París estuvo precedida por la polémica de la ocultación de las imágenes vaticanas durante su visita al Papa Francisco. En la capital gala, Hollande se negó a retirar el vino en la cena con Rouhaní, otro factor de fricción fuertemente mediatizada. Son casos aislados y hasta pintorescos contextualizados en una conjunción de mayor carácter global: Francia quiere apostar con fuerza en las aperturas diplomáticas establecidas en torno a Cuba e Irán, impulsadas por Washington desde 2013, y que tuvieron entre julio de 2015 y enero de 2016 sus dos mayores definiciones, con el intercambio de embajadas en La Habana y la finalización de las sanciones occidentales por el programa nuclear iraní.

En el último año de Obama en la presidencia, la frenética aunque no menos prudente canalización de aperturas diplomáticas con Cuba e Irán implicará observar con mayor detenimiento otros escenarios colaterales de crisis, en este caso Venezuela y Siria, sumidas en graves situaciones de deterioro político y socioeconómico, con la guerra siria como epicentro de un pulso de amplios intereses geopolíticos.

Está por ver, en ese aspecto, en qué medida la apertura con Cuba tendrá incidencia en la crisis venezolana, así como de qué forma el realineamiento occidental con Irán tendrá implicación en el proceso de negociación de una salida para el conflicto sirio, que se inició a finales de enero entre miembros de la oposición siria y representantes del régimen de Bashar al Asad. Si bien Washington impulsó y condiciona el ritmo de ambas aperturas, París parece querer sumarse al carro.

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