Opinión

Día de Europa

Roberto Mansilla Blanco | 16 de mayo de 2016

Cada 9 de mayo se celebra el Día de la Unión Europea (UE). La fecha conmemora la caída del nazismo y el final de la II Guerra Mundial, particularmente en el continente europeo. Desde Bruselas hasta Moscú se suceden las celebraciones, incluidas paradas militares en el caso ruso, en la que se celebra igualmente el Día de la Victoria.
La fecha también conmemora la Declaración Schuman (9 de mayo de 1950), impulsada por el entonces ministro de Exteriores francés, Robert Schuman, y cuya importancia se erige en constituirse en el documento clave para entender el proceso de integración de lo que actualmente es la Unión Europea. Toda la arquitectura institucional y el ethos moral del proceso de integración europea se derivan principalmente de este documento.
Vale la pena detenerse en esta celebración, principalmente por el momento que vive actualmente Europa, cuyo proceso de integración se ve seriamente erosionado en sus bases. Gran Bretaña irá a finales de junio a un referendo que decidirá si continúa formando parte de la Unión Europea. Un referendo histórico y por lo tanto inédito, que pulsa la parálisis de un proceso de integración que naufraga ante la peor crisis humanitaria vivida desde la II Guerra Mundial, con refugiados que huyen de conflictos donde Europa se ve inmiscuida por intereses geopolíticos, desde Siria hasta Somalia y Afganistán. Ambos, el referendo británico y la crisis de refugiados, cuestionan las bases de un europeísmo vacío de contenido, políticamente paralizado y socialmente anestesiado.
Por si fuera poco, la crisis socioeconómica ha despertado esos fantasmas que la Declaración Schuman esperaba ver históricamente enterrados. Europa observa un auge de neopopulismos extremistas que medran electoralmente al amparo de la erosión del Estado de bienestar de la posguerra y ante el paso de refugiados que buscan la supervivencia. Desde Finlandia y Austria hasta Francia e incluso Gran Bretaña, estos neopopulismos anuncian una inquietante etapa tamizada por la confusión y los temores provenientes de diversas capas sociales, atomizadas por todo tipo de inseguridades, que solapan el ideal europeísta. Y en el trasfondo se erige igualmente la presencia de un terrorismo yihadista instalado en las propias sociedades europeas, ejemplo claro de que la celebrada integración no ha llegado a todos.
Finalmente, la geopolítica nunca está ausente. Europa se encomienda a un neoatlantismo con Washington trazado en perpetuar iniciativas históricas (OTAN) y otras inciertas en curso (TTIP), y cuyos enfoques están claramente dirigidos a constituir un muro de contención, cuyo objetivo en la mira están enfocados directamente en Rusia e indirectamente en China. El muro europeo que ya ha empezado a construirse con los refugiados y que parece igualmente erigirse en un posible Brexit. Triste día de Europa y de su incierta victoria.

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