Opinión

Pocos parecen percatarse de que la reciente tragedia ocurrida a principios de febrero en Ceuta, donde centenares de inmigrantes africanos intentaron pasar la valla de contención de esta localidad española enclavada en Marruecos, causando casi una decena de víctimas mortales, supone un síntoma inequívoco de lo que lentamente está sucediendo en Europa.
Como estos sucesos no son nuevos, la actuación de los organismos de seguridad españoles, principalmente de la Guardia Civil, vuelve a estar en el centro de atención para diversas ONGs y la opinión pública, precisamente por la activación de medidas represivas que intensificaron las muertes. En todo caso, lo de Ceuta reproduce el mismo problema acaecido a finales de 2013 en la localidad italiana de Lampedusa, donde de nuevos centenares de inmigrantes africanos intentaron llegar a las costas europeas, con varias decenas de víctimas mortales.
El problema no es únicamente que estos casos se reproduzcan sino el tratamiento europeo hacia los mismos. Si éste era severamente banal y despectivo en tiempos de bonanza económica, poco se puede esperar que mejore dentro de la actual crisis económica en la zona europea. La crisis de valores europea, la cual sería injusto adjudicarla a todos los niveles sociales pero sí al menos a los que detentan el poder, parece correr paralelo o incluso superar al de la crisis económica. Un síntoma muy visible que puede tener su expresión política en las próximas elecciones municipales francesas (abril) y parlamentarias europeas (mayo).
Por ello, vale la pena reproducir íntegramente este párrafo de una columna de opinión aparecida en el diario español El País el pasado 18 de febrero, bajo el título ‘Ceuta y la xenofobia europea’, escrito por Mohammed Azahaf, coordinador del Grupo Árabe del PSOE. El mismo puede resultar revelador y clarividente sobre el futuro político inmediato que le aguarda a Europa.
“El populismo y la xenofobia campan a sus anchas por Europa y España también es Europa. No nos hacen falta ningún Le Pen o Wilders cuando un director de la Guardia Civil amenaza a toda aquella persona u ONG que defiende claridad y transparencia frente a la actuación de la Guardia Civil, que parece que ha provocado estas muertes. No nos hacen falta ningún Le Pen o Wilders, cuando el ministro de Interior no dimite por las devoluciones ilegales de inmigrantes por una puerta de la frontera de Melilla”.

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