Opinión

Catalunya

Roberto Mansilla Blanco | 21 de septiembre de 2014

La tradicional Diada celebrada en Catalunya el pasado 11 de septiembre obviamente tuvo un significado especial. La masiva y multitudinaria participación de catalanes demandando al Estado español la celebración de un referendo soberanista corre paralelo con el impacto geopolítico que está teniendo la posibilidad de que Escocia vote por la independencia en el referéndum del 17 de septiembre.
Cuando esta columna sea publicada, ya se sabrán los resultados del histórico referéndum escocés. Pero independientemente del resultado, se puede ir ya midiendo el impacto político. Los nacionalistas escoceses ya han ganado un margen político de maniobra que tendrá repercusiones en los denominados nacionalismos periféricos en Europa, donde Catalunya también cuenta.
Allí está parte de la disyuntiva. Madrid hace esfuerzos de todo tipo para impedir una consulta popular tan legítima como necesaria en Catalunya. Por ello, el Estado español debe atender y discutir cuanto antes el estado no sólo de sus autonomías sino las pretensiones soberanistas de Catalunya, Euskadi y Galicia, aunque en este último caso esta posibilidad esté políticamente menos vertebrada, a tenor de la atomización del nacionalismo gallego.
¿Por qué Londres acepta ir a un referéndum en Escocia y Madrid no en Catalunya? Las medidas de presión de Londres prometiendo a los votantes escoceses mayores ventajas autonómicas y fiscales si votan contra la independencia, ¿no tendrán un efecto contraproducente en otras realidades, como Gales e Irlanda del Norte? ¿En qué medida influirá el referéndum escocés en otras latitudes periféricas, como Flandes y sus pretensiones soberanistas con respecto a Bélgica? ¿Y cómo repercute todo esto en una Europa pretendidamente supranacional pero aún anclada en los márgenes del Estado-nación?
Muchas de estas incógnitas irán cobrando forma tras el referéndum escocés. Y también sobre la consulta prevista en Catalunya para el próximo 9 de noviembre, ilegalizada y estigmatizada desde Madrid. Esto anuncia que los centros de gravitación del poder nacional en Europa se están moviendo, de las fuerzas centrífugas a las centrípetas, del centro a la periferia.

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