Opinión

Cataluña

Roberto Mansilla Blanco | 11 de septiembre de 2017

Como punto de no retorno puede calificarse la reciente decisión del Parlamento catalán de realizar la consulta soberanista pautada para el próximo 1º de octubre. No hay duda de que esta decisión, provista de no menos polémica principalmente por parte de las instituciones estatales, supone un momento histórico por lo que significa para la reconsideración de España y sus nacionalidades históricas.

Más allá de las controversias de carácter legal y constitucional y de la polarización política que se ha vivido desde varios partidos (PSC, Ciudadanos y PP no votaron esa decisión en el Parlamento), lo que hoy sucede en Cataluña puede ser un microcosmos de los posibles cambios estructurales que viva la política europea para los próximos tiempos.

Es evidente que de aquí al 1º de octubre se vivirá una tensión política y social in crescendo, pero la apuesta soberanista no dará marcha atrás. Tenga o no validez legal y constitucional, la clave de esta cuestión está en el derecho de los pueblos a decidir su futuro. Puede argumentarse (y hasta cuestionarse) el lenguaje utilizado, las formas políticas e incluso la polarización inevitable que viene acarrando este proceso soberanista. Pero lo que no debe obviarse es el derecho de los catalanes a decidir su estatuto, aunque este tipo de consultas no estén amparadas constitucionalmente.

La otra clave será la participación electoral, aunque habrá que ver cómo funcionarán las instituciones estatales, con su advertencia de impedir una consulta que no es vinculante. Con una participación masiva, que obviamente respaldaría el sí a la República catalana independiente, el soberanismo habrá alcanzado una clara victoria política. Y enviado un mensaje no sólo a Madrid sino al resto de Europa.

En septiembre de 2014 se realizó un referendo soberanista en Escocia. Fue una fiesta democrática, independientemente del resultado. El próximo 25 de septiembre se realizará otro referendo independentista en el Kurdistán iraquí. Y en este último, EE UU, Europa, Rusia e Israel apoyan tácitamente este proceso. Curioso tratamiento que desde luego, España y Europa no otorgan a la consulta catalana.

Con las también legítimas posiciones constitucionalistas que pueden adoptar varios partidos políticos en contra de esta consulta, lo que no parece beneficioso es arrojar más gasolina al fuego. Es mejor que el pueblo decida aunque esa elección no tenga validez a que se active la represión desde el poder establecido, cuyas consecuencias terminarán siendo perniciosas e inaceptables en la Europa de hoy día.

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