Opinión

La Unión Europea (UE), diluida en sus propias crisis, que son más de identidad que de otra cosa, acomete ahora otro escenario que puede repercutir en la primera contestación a su legitimidad como proyecto de integración.
Si con la crisis económica apareció el fantasma del denominado ‘Grexit’, esto es la posible salida de Grecia de la zona euro por no cumplir con los requisitos financieros y económicos necesarios, ahora aparece el ‘Brexit’, o lo que es lo mismo el primer referendo en un Estado miembro de la UE, en este caso Gran Bretaña, que contempla la posibilidad de salida formal del organismo europeísta.
Tras varios días de negociación en Bruselas (Reino de Bélgica), el primer ministro británico David Cameron anunció este referendo para el próximo 23 de junio. El momento es clave y decisivo porque provocaría un escenario de enorme incertidumbre y confusión en el seno de la Unión Europea, con una magnitud mayor al que ocurriera con el referendo secesionista escocés de septiembre de 2014. Ironías de la política, entonces los escoceses votaron en contra de abandonar un Reino Unido de la Gran Bretaña que ahora deberá votar si quiere seguir siendo miembro de la UE.
Según un documento publicado por el diario británico ‘The Guardian’, la eventual salida británica de la UE abriría “una década de incertidumbre”. El artículo 50 del Tratado de la Unión establece un período determinado, diez años, para que un Estado miembro que eventualmente se desvincule de la Unión Europea pueda llevar a cabo la “desconexión democrática”, como denominan oficialmente los soberanistas catalanes su proceso de desvinculación con respecto al Estado español. Esta desconexión requeriría revisión de acuerdos comerciales, de visados, inmigración, etc.
Curiosa situación en la que se ve envuelta una UE cada vez más alejada de los ciudadanos y de los procesos sociales en curso, que incluso pueden dar pie a cualquier extremismo político. La banalización de las crisis en Europa parece una tónica muy visible en las reacciones del establishment político, si añadimos a esto la surrealista situación de un flujo de refugiados que huyen de conflictos en la periferia europea, y cuya situación intenta ocultarse con campamentos en tierra de nadie, como el que se observa en el paso de Calais en el Canal de la Mancha.
Si bien Cameron puja por el sí a la Unión Europea, el referendo británico es una referencia histórica que mina la legitimidad de una UE a la deriva, sumida en una crisis de liderazgos y discursos convincentes. No es ‘Grexit’ o ‘Brexit’ el problema, es la distorsión de un proceso de integración inconcluso en una Europa con cada vez menos peso global.

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