Opinión

El anuncio formal de que el próximo 29 de marzo se certificará el proceso de salida del Reino Unido de la Gran Bretaña de la Unión Europea (UE) deja diversas variables abiertas sobre cómo puede evolucionar la política europea en los próximos meses.
Si bien el ‘fait accompli’ de la salida británica de la UE es una formalidad más, el contexto político es más complejo. El Brexit entra en juego una vez la ultraderecha populista xenófoba fue contundentemente derrotada en los comicios legislativos holandeses de mediados de marzo. Con un gobierno liberal de derechas garantizado en La Haya, el establishment europeísta enfocará todas sus baterías en las disputadas elecciones presidenciales francesas de mayo próximo, donde el fantasma de Marine Le Pen sigue creando zozobra.
Lo curioso es que el Brexit ha acelerado el proceso autonomista en Gran Bretaña. La primera ministra escocesa Sturgeon anunció un segundo referendo soberanista para finales de 2018. Su homóloga británica Theresa May ya anunció que no lo aceptará. Pero incluso en Irlanda del Norte ya buscan reproducir un modelo escocés, advirtiendo que con el Brexit también podría celebrarse un referendo soberanista en Belfast para salir de Gran Bretaña pero permanecer en la UE.
El efecto escocés post-Brexit apunta igualmente a Cataluña. Los defensores del independentismo, liderados por el presidente de la Generalitat Carles Puigdemont, enviaron señales de consenso hacia Madrid para buscar una separación pactada. Con la negativa por parte del gobierno de Mariano Rajoy, la apuesta catalana continuará su marcha, probablemente con mayor firmeza.
Mientras este contexto se desarrolla, Turquía pulsa la cuerda contra la UE. El presidente turco Recep Tayyip Erdogan busca un referendo de reforma constitucional pautado para el próximo 16 de abril en el que intenta legitimarse en una presidencia hegemónica y vitalicia. 
Para ello, ha acusado a Alemania y Holanda de “nazis” por no permitir a ministros turcos hacer campaña proselitista a favor de Erdogan entre las comunidades emigrantes turcas en Europa. El caso holandés es significativo porque la tensión y momentánea ruptura de relaciones diplomáticas se hizo previo a las elecciones legislativas holandesas, con la ultraderecha de Geert Wilders atizando el fuego contra los musulmanes. Con ello, Erdogan prácticamente da por finalizada la moribunda negociación de admisión turca a la UE. Su objetivo, además del poder autocrático, es reforzarse hacia el eje euroasiático con Rusia, China e Irán.
Y en medio de todo este laberinto de complejidades y de un tenso contexto político y electoral, el Brexit finalmente se hace realidad. Veremos si el 2017 se terminará convirtiendo en el comienzo del fin de la UE o si, por el contrario, nos encontraremos con otra Europa.

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