Opinión

El Big Brother de Obama

Roberto Mansilla Blanco | 28 de octubre de 2013

El presidente francés, François Hollande, clamó contra el cielo tras revelar el diario ‘Le Monde’ una red de espionaje comandada por la National Security Service (NSA) desde Washington, el mismo escándalo que llevó al espía Snowden a huir a Moscú (Rusia) a mediados de año, tras revelar esos secretos de seguridad de Estados Unidos (EEUU).
Junto a Hollande y a Francia, la NSA y el gobierno de Obama se han visto envueltos en la polémica al revelarse que la presidente brasileña, Dilma Rousseff, y su homólogo mexicano, Enrique Peña Nieto, fueron igualmente espiados. Rousseff canceló un viaje a Washington D.C. en protesta, aunque Peña Nieto ha mostrado mayor silencio, quizás hasta cómplice.
La mirada futurista del escritor británico George Orwell en su obra ‘1984’, escrita a finales de la década de 1940, nunca ha estado tan cerca ni ha sido tan verídica en estos tiempos. Las revelaciones de ‘Wikileaks’ y el caso Snowden confirman hasta qué punto Washington se ha valido de los avances tecnológicos para espiar al planeta.
No se sabe cuál será el costo político (si es que lo habrá) de este espionaje global, personificando en la NSA al ‘Gran Hermano’ orwelliano. No es reality show, sino la cruda realidad.
En el caso de Hollande, sus protestas suenan vacías tomando en cuenta su caída abrupta de popularidad y su absoluta sujeción a los designios geopolíticos de Washington, particularmente en crisis como las de Mali y Siria. A pesar de su legítima protesta, Francia ya no juega un rol privilegiado en la alta política mundial. Su peso es cada vez menor, superado por el empuje alemán y la hegemonía estadounidense. Agobiada por la crisis, la ‘grandeur’ gala parece una reliquia del pasado.
En todo caso, el culebrón está en manos de otro líder atribulado, un Obama que hasta ha tenido que ver cómo la nación más poderosa de la tierra se ve políticamente paralizada por el cierre del Congreso, al no ponerse de acuerdo republicanos y demócratas en el monto del déficit público. Obama y EEUU juegan con algo mucho más peligroso: el descrédito, la falta de credibilidad, una inoperancia global que tiene ahora al NSA en el centro de la polémica. Pero su poder sigue siendo imperial, ya que probablemente nadie les pase factura, al menos por ahora.

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