Opinión

2019

Roberto Mansilla Blanco | 31 de diciembre de 2018

La última columna de cada año, en este caso de 2018, siempre ha buscado abrir posibles escenarios para el año siguiente. Y el 2019 tiene un simbólico efecto histórico, que en clave prospectiva puede aguardar escenarios de gran magnitud para la política internacional.

En 2019 se cumple el centenario del Tratado de Versalles (1919). Puso fin, quizás de forma injusta, a la I Guerra Mundial. Digo injusto porque fue una paz revanchista contra Alemania propiciada por franceses e ingleses, los vencedores de la guerra. El tratado remodeló el mapamundi mundial de entonces. Nacieron nuevos países que hoy siguen existiendo (Polonia, Lituania, Estonia, Letonia) y otros que hoy no existen (Checoslovaquia, Yugoslavia). Remodeló el mundo desde Europa hasta Oriente Medio. Fue un tratado para una paz efímera en Europa que duró 20 años. Y que, indirectamente, tuvo consecuencias nefastas, porque abrieron la veda para el fascismo y el nazismo, principalmente entre los derrotados de la I Guerra Mundial.

Otra onomástica para el próximo año es el 90 aniversario del Crash bursátil de 1929 en Wall Street. La gran depresión económica del mundo capitalista industrializado, en Estados Unidos de América y Europa. Una crisis económica que fue otro germen indirecto del fascismo, principalmente en Alemania y Europa. Curioso caso paralelo con el contexto actual, con la crisis post-industrial de 2008 que hoy en día da cuenta del avance de populismos demagogos, también principalmente en Europa. En 1929 también se consolidó el liderazgo de Josef Stalin en la otrora URSS, inaugurando una nueva etapa, el estalinismo, que duraría hasta su muerte (1953) con resultados tan trágicos como vertiginosos.

En 2019 se cumplen 80 años del comienzo de la II Guerra Mundial (1939). Fue la conflagración mundial más desastrosa de la historia y que selló la geopolítica mundial del siglo XX. También conmemorará el 70º aniversario de la proclamación de la República Popular de China (1949) y de la revolución maoísta y socialista en el gigante asiático. Pero también de la creación de la OTAN (1949), plataforma de seguridad atlantista impulsada por Washington para frenar la expansión de la URSS. Setenta años después, China y la OTAN siguen existiendo, pero transitando por caminos distintos, aunque para la OTAN, Rusia sigue siendo el enemigo estructural. Pero quizás mirando con preocupación el futuro nuevo gran enemigo, esa China de ascenso imparable.

Otra conmemoración de 2019 será el 60º aniversario de la Revolución cubana (1959) en una Cuba que hoy transita sin el castrismo y buscando un nuevo lugar en el mundo. El próximo año también conmemorará el 40º aniversario de la Revolución iraní (1979) y del acuerdo de Camp David que selló la paz entre Egipto e Israel. Dos acontecimientos clave para entender el siempre conflictivo Oriente Medio, hoy en día más confuso y convulsionado.

En 2019 se cumplen 30 años de la caída del Muro de Berlín (1989), símbolo de la guerra fría que dio paso a la desintegración del campo socialista en Europa Oriental de la histórica reunificación alemana (1990) y del final de la URSS en 1991. Más recientemente, en 2019 se cumple el 20º aniversario de la guerra de Kosovo (1999), la primera guerra unilateral lanzada por la OTAN sin aprobación del Consejo de Seguridad de la ONU. También se cumplirán dos décadas de las protestas antiglobalización de Seattle (1999). Un presagio quizás del descontento social con un capitalismo cada vez más postindustrial y digital que engendró otra crisis económica global a partir de 2008.

En 2019, Putin cumplirá 20 años en el poder en Rusia, inaugurando una nueva era post-soviética bajo otros signos. También, y si no hay cambios, se cumplirán 20 años de chavismo en el poder en Venezuela. Dos escenarios clave que en 2019 pueden tener certezas estratégicas como definiciones imprevistas.

Por ello, 2019 es un año de conmemoraciones históricas en un mundo que cambia, en transformación, que está sellando las claves estratégicas para el mundo de la segunda mitad del siglo XXI. Con cambios muchas veces confusos, reaccionarios, impredecibles. Donde EE UU, China y Rusia parecen consagrar una especie de nuevo equilibrio global, una troika en el poder pero que aparentemente se muestra incapaz de inaugurar un nuevo sistema internacional.

Quizás en 2019 podamos seguir observando una clave geopolítica que definirá el mundo del siglo XXI. El imparable pero no menos turbulento ascenso emergente de China y de Asia como la potencia y el escenario estratégico del nuevo siglo, suplantando así la aún preponderante hegemonía atlantista de carácter eurocéntrico. Estamos asistiendo, inevitablemente, a otro cambio de rumbo histórico.

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