Opinión

Los dos pueblos están condenados a entenderse y uno de ellos, Gaza y otros grupos a lo largo de Oriente Medio, no quiere: vienen haciendo lo posible y hasta lo imposible, con la tarea de no aceptar ninguna solución viable si no es la destrucción total de Israel. Esa es la realidad, lo demás son matices, posturas, estirar una arruga y sembrar violencia por doquier.
Es dolorosa la muerte de tantos civiles y la solución pasa por intentar destruir, hasta que desaparezca, al pueblo judío.
La historia de los hebreos en esa franja de tierra entre el Mediterráneo y las cumbres del Golán, no es de ayer. Comenzó hace 4.000 años con el patriarca Abraham, su hijo Isaac y su nieto Jacob. El primer libro del Génesis es un vivo testimonio. No es una fábula. La población hebrea padeció el dominio romano, bizantino, árabe, cristiano, mameluco, otomano, británico, y, con todo, siempre estuvo allí en mayor o menor presencia; dependía de las deportaciones, asesinatos en masa o éxodo.
Bajo el mandato de los ingleses, se decidió, en 1937, dividir el territorio al oeste del río Jordán en dos estados, uno judío y otro árabe. La Agencia Judía –especie de gobierno– autorizó inmediatamente la idea de la partición, mientras los árabes sin embargo se opusieron enérgicamente y así algunas organizaciones extremistas hablaron de lo que hoy aún siguen expresando: “empujar a los israelitas hacia el mar”. Otros grupos son más directos: “hacerlos polvo, desaparecerlos de la faz de la tierra”.
Israel está conmemorando esta semana el Día del Holocausto, conforme al calendario judío, con una jornada de duelo.
El primer ministro, Benjamín Netanyahu, acusó al movimiento islamista Hamas de querer provocar una nueva inmolación al más cruel estilo nazi. Netanyahu señaló que, a diferencia de la indefensión de los judíos durante el Holocausto, hoy tienen un Estado soberano fuerte con un Ejército sólido para defenderse.
Por su parte, el gobierno extremista de Gaza dice una y otra vez insistentemente que no reconocerá nunca al Estado de Israel.
Ante estos acontecimientos la Unión Europea (UE) mostró su preocupación y pide moderación a todas las partes y así evitar perjudicar aún más el proceso de paz.
Las negociaciones entre israelíes y palestinos de Gaza expiran ya, y esta tensión dificultaría poder extenderlas más allá sino se llega al punto sensato: la viabilidad de una solución de dos estados.
Tel Aviv, si no es agredido, no responde, y a tal causa sería un suicidio pedir a los judíos que no se defiendan para ver si en ese ínterin se consigue un precario alto al fuego, el cual jamás hasta los momentos ha sido respetado por los grupos terroristas de Hamas.
El filósofo de la Historia, Arnold J. Toynbee, escribió poco antes de morir en 1975 que inevitablemente la humanidad iba hacia una tercera guerra mundial, recalcando que no sería como las dos anteriores, convencionales, sino nacida del terrorismo.
El fanatismo bélico es un minúsculo ejército de exaltados con miles de tentáculos, y si el mundo civilizado no se enfrenta con decisión a esa barbarie, regresaremos a los tiempos de las cavernas.
Ah, y en esta locura que está viviendo el mundo, la situación de Ucrania ante las agresiones de Rusia y el derribo del avión de pasajeros, es otro calvario que pone en vilo a la humanidad.
Las dos grandes guerras mundiales sucedieron por hechos menos significativos que los padecidos en estos momentos en Palestina.

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