Opinión

Siempre se ha sabido desde el alba de los tiempos: estamos construidos de polvo de estrellas, partículas de átomos, pensamientos incomprensibles, ideas sorprendentes, apego a la vida y, aún así, falta por resolver el lugar exacto del Cosmos de dónde hemos venimos. Ese es el misterio más recóndito de todos los conocidos.
Al decir del heredero de la Cátedra de Matemáticas de la Universidad de Cambridge (Reino Unido), Stephen Hawking, el origen del mundo puede explicarse sin tener que recurrir a supuestas intervenciones omnipotentes. Los seres humanos, afirma, deberían dejar de creer en un ser invisible y todopoderoso cuya existencia no tiene ninguna base científica. 
Éste es el mensaje que quiere transmitir el sabio tras décadas de investigaciones, reflexiones y meditaciones atadas a una silla de ruedas ya que el cuerpo a penas le deja mover los parpados. 
En este dilema, Hawking ha decidido emular al filósofo alemán Friederic Nietszche y proclamar igualmente que Dios ha muerto. Y uno, lelo y torpe, se pregunta: Jehová ha fallecido no es razón inequívoca que tuvo en un tiempo su propia existencia. 
Todo tan sencillo como saber que fe es creer lo que no sabemos. 
Ya en su bestseller ‘Breve Historia del Tiempo’, el actual sabio inglés dejó claro que sus teorías cosmológicas dejaban “poco espacio” a la idea de un Creador. Esto lo expresa como estudioso físico que trabaja sobre hechos reales y no conceptos espirituales, aún a sabiendas de que éstos pudieran ser también reales.
El Universo no parece tener “ni fronteras, ni límites, ni principio, ni fin”, y siempre ha sido un ente “autosuficiente”. Desde este punto de vista, Dios es una idea que sobra, al no ser necesario recurrir a ella para explicar el nacimiento ni las características de nuestro orbe. 
Las últimas investigaciones le han llevado a concluir que en el instante del Big Bang, el Universo físico está inmerso en una quinta dimensión diferente a las tres que percibimos y la cuarta en la que vivimos: el tiempo. 
Las condiciones de esta extensión desencadenaron el estallido cósmico y dio origen al Cosmos hace unos 15.000 millones de años. Tal descubrimiento confirma –según él– que “no es necesario apelar a algo que esté fuera del Universo para explicar su origen”. 
Teniendo en cuenta la teoría irreligiosa que defiende, es curioso que su vida haya sido definida por algunos médicos como un “milagro” difícil de explicar. En 1963, cuando tenía 21 años, se le diagnosticó una esclerosis lateral amiotrófica, enfermedad que ataca a las células motoras del cuerpo, paralizando gradualmente a sus víctimas. Lo normal es que una persona, en las garras de este trastorno, muera en menos de cinco años. 
No obstante, a pesar de que se quedó totalmente inmovilizado, Hawking ha sobrepasado en largo los 70 años, imponiéndose a su enfermedad de una forma tan insólita que ni sus propios galenos logran comprender.
Alguien –“prior in intempore”– lo había dicho aunque sin comprenderlo: “Dios escribe derecho con renglones torcidos”.
El Creador existe se ha dicho desde que la raza humana comenzó a pensar con libertad. El dilema desde entonces es parte de la razón del ser: ¿Alguien con sólido soporte científico podrá demostrar lo contrario? 

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