Opinión

El ranchito en las orillas del Plata

Manuel Suárez Suárez | 23 de diciembre de 2013

Las cartas del abuelo Pascasio

 

Muy querida nieta Cristina:

Te envío unas líneas para desearte unas buenas fiestas y aprovecho en la última carta del año para comentarte un tema que a los abuelos gallegos nos tiene muy abatidos. Se trata de reflexionar un poco sobre una característica común a todos los gallegos que vinieron para el Río de la Plata. En el barco hacíamos planes. Uno de ellos era el esforzarse en ahorrar unos mangos para a la brevedad posible poder tener un ranchito propio donde criar a los pichones americanos. Luchamos mucho, es cierto, pero lo conseguimos. Construimos miles de pequeños nidos que cambiaron el paisaje urbano de Buenos Aires. Antes eran los conventillos. Ahora los hijos deben vivir al abrigo en una vivienda hecha con el mejor cemento que se conoce que es aquel que lleva en la mezcla un ingrediente indispensable: el amor de los progenitores.

Si te cuento esto es porque estamos totalmente asombrados delante de los graves problemas que está ocasionando en nuestra patria el hecho de no poder pagar la hipoteca de una vivienda que se compró para residencia familiar. Es triste y muy doloroso que miles de familias pierdan su techo por la ausencia de una política pública de vivienda protegida o subvencionada. Acá, en Argentina, vos como buena nieta emigrante te moviste con criterio al poner en marcha el proyecto público PRO.CRE.AR. con el que se levantaron más de 160.000 viviendas en el año que termina. No estamos hablando de regalar casas porque lo que se regala no se valora. El programa es acertado. Se dignifica a las familias argentinas –sobre todo matrimonios jóvenes– que van viendo como se hace realidad el sueño de tener un hogar propio mediante el pago de mensualidades en pesos que se ajustan a la medida de los ingresos.

Lo sorprendente es el comprobar, impotentes, que en nuestra vieja tierra se perdió el ideal de tener un ranchito mediante el pago de cuotas mensuales. Al parecer, según los que saben, los desastrosos gestores de una gran parte de la banca española se dedicaron a especular con el dinero. Ahora no te prestan. Habrá que esperar –no tenés otra– a que se quiten de encima los miles de viviendas de difícil colocación consideradas “clavos”. Puede que sea así. No lo van a discutir unos viejos laburadores descalabrados que no se enteran de nada. Lo que nos llama la atención es que se hayan vendido edificios enteros a fondos de inversión extranjeros. Somos giles, lo reconocemos, pero todavía mantenemos alguna que otra neurona en funcionamiento. Te vamos a poner unos ejemplos: a) El BBVA vende al fondo de inversión Baupost Group mil departamentos –allá le dicen pisos– por 100 millones de euros; b) El Ayuntamiento de Madrid vende al fondo Blackstone 1860 departamentos por 125 millones de euros; c) La Comunidad de Madrid vende al fondo Goldman Sachs 3.000 departamentos por 201 millones de euros. Te habrás dado cuenta de que el primer vendedor es privado y los dos siguientes,  públicos. ¿Tenés hambre estimado amigo Fondo Buitre?

A los abuelos no nos llama la atención que una empresa privada venda un edificio. Lo sorprendente es que dos organismos públicos madrileños vendan bienes inmuebles destinados a viviendas de protección oficial. No parece correcto el malvender a una empresa privada un edificio hecho en suelo público y con financiación pública. Si consideramos que el derecho a la vivienda está recogido en la Constitución española de 1978, estamos delante de la venta de un bien que no le pertenece en exclusiva al Ayuntamiento o la Comunidad de Madrid. Se cambia la titularidad por enajenación de unos bienes inmuebles que en parte ya eran de los ciudadanos beneficiarios de las viviendas. Los perjudicados quedan casi en la indefensión pero en democracia siempre hay recursos a mano. Un medio muy eficaz es el escribirle una cartita a los Reyes Magos.

No sabemos si chapás la onda. El tema es jodido. Resulta que vos pagás religiosamente tus impuestos y así colaborás para construir un complejo habitacional que después le regalan a un fondo de inversión extranjero. No se entiende. Haciendo una simple división sale que los departamentos les cuestan a los inversores extranjeros a razón de 10.000, 14.880 y 14.925 euros. ¿Dónde está la verdad de la milanesa? Seguimos con las cuentas y ahora multiplicamos por cinco. El resultado es de 50.000, 74.400 y 74.625 euros. Creemos que estos razonables precios hubiesen facilitado el acceso a una vivienda propia a miles de familias residentes en Madrid. No vemos el negocio de vender por la décima parte de su valor a unos inversores extranjeros que vienen buscando la papita rica. Es una pena. Sufrimos mucho esperando a que nuestra patria agarre el buen camino para salir cuanto antes de la crisis.

Me despido con una fraternal salutación de los abuelos. Te vuelvo a insistir, por favor, que no te olvidés del Centro Gallego de Buenos Aires. Estamos convencidos de que nuestra querida entidad de Belgrano y Pasco pronto se recuperará del fuerte bajón que la dejó medio noqueada. Los gaitas somos duros y la palabra “derrota” no está en nuestro vocabulario. Recibí el abrazo cariñoso del abuelo de la verde montaña fonsagradina.

Pascasio Fernández Gómez

 

 

 

 

 

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